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La agenda de Theresa May

Theresa May

En el Reino Unido es tradición que en la apertura del Parlamento la reina lea en la Cámara de los Lores un discurso escrito por el Gobierno en el cual se detalla lo que pretende realizar a lo largo del año, el discurso que fija la agenda anual. Esta vez quien formará gobierno será la conservadora Theresa May con los 10 votos de los ultranacionalistas irlandeses del DUP (acuerdo conocido como Coalición del Caos), quienes gobernaban en Irlanda del Norte en coalición con los unionistas del Sinn Fein hasta que se rompió el acuerdo del Gobierno autónomo del Ulster. En teoría, si no hay un nuevo acuerdo ya, Londres debería asumir las competencias de esta autonomía, aunque tampoco sería la primera vez, ya que desde los acuerdos del Viernes Santo de 1998 la autonomía ha estado suspendida otras cuatro veces, sumando varios años de suspensión. El discurso principalmente ha girado en torno a tres temas: inmigración, terrorismo y Brexit.

En cuanto a la inmigración, se va a reducir el número de personas extranjeras que pueden recibir asistencia del Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) y se va hacer pagar a otros extranjeros parte de sus tratamientos, ya que calculan que el 2% del presupuesto del NHS se gasta en “turismo sanitario”. Los conservadores siguen teniendo como objetivo reducir la inmigración neta a menos de 100.000 personas al año, aunque el cómo se verán afectados los inmigrantes comunitarios sigue siendo una incógnita.

En el tema del terrorismo lo que Theresa May propone es un endurecimiento de las penas por estos delitos, medidas para bloquear el acceso desde Internet a “propaganda venenosa” y la posibilidad de imponer sanciones internacionales (como congelación de activos o embargos) al margen de la ONU y la UE. Tras los atentados de Manchester y Londres este tema ha pasado a ser una prioridad aún mayor.

Sobre el Brexit, Theresa May tiene previsto aprobar ocho leyes, siendo la principal la que convertirá en británicas las leyes comunitarias ahora vigentes (Repeal Bill). Se recuperarán competencias en inmigración, pesca, agricultura y aduanas; y se aprobará una ley de Comercio Internacional para poder firmar acuerdos de libre comercio con otros países.

Otras iniciativas legislativas serán: la creación de una comisión de investigación (dirigida por un juez) sobre el incendio de la Torre Grenfell donde murieron al menos 80 personas, una reforma de los planes de salud mental, la prohibición de las escandalosas comisiones que los caseros y las agencias de alquiler cargan sobre los inquilinos, la creación de una red de puntos de recarga para coches eléctricos, la introducción del “derecho al olvido” en Internet, y el compromiso de llegar a un gasto del 2,0% en Defensa, tal y como sugiere la OTAN.

También hay que tener en cuenta las leyes que la reina no ha mencionado que se vayan a cambiar. Así pues, el recorte en comidas escolares, los permisivos planes sobre el fracking, el “impuesto a la demencia” (por el que la gente tendría que pagar incluso por su casa por los cuidados recibidos en vida) y otros recortes como las ayudas a la calefacción tendrán que esperar tiempos mejores para los tories. Tampoco dijo nada sobre el prometido tope que una familia debería pagar por su factura de electricidad y gas. Cabe destacar también que, aunque sí se mencionó la inminente visita de los reyes de España al Reino Unido, no se dijo nada sobre la visita de Donald Trump, que estaba prevista para “después del verano”, lo que alimenta los rumores sobre su posible cancelación o retraso.

En total, serán 27 las nuevas leyes que el gobierno pretende aprobar y, para ello, se ha fijado un plazo de dos años, por lo que en principio no habría apertura del Parlamento el año que viene. Pero, dadas las circunstancias, quizá lo más probable es que en cuanto los conservadores encuentren un sustituto para May se convoquen otra vez elecciones. Una inestabilidad política inusual en el Reino Unido y que llega en plenas negociaciones para su salida de la Unión Europea. Corbyn, cuyo liderazgo ahora nadie discute, no hubiese imaginado mejor escenario hace un par de meses. Mientras, la Unión Europea tiene que negociar un Brexit lo más suave posible con los conservadores, sin apretarles tanto como para que puedan perder unas posibles elecciones anticipadas, ya que la alternativa de Corbyn causaría escalofríos en las cancillerías europeas ante la posibilidad de que plantee una alternativa a la austeridad sin las cadenas de las leyes comunitarias que “blindan” el neoliberalismo.

Luis Miguel García es socio cooperativista de La Marea.

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El programa de Corbyn para la remontada

Aunque no estaban previstas hasta mayo de 2020, el próximo 8 de junio se celebrarán elecciones generales en el Reino Unido tras haber aprobado el Parlamento británico (casi por unanimidad) la sorpresiva decisión del 18 de mayo de Theresa May de adelantar las elecciones debido a las negociaciones del Brexit.

Aunque May siempre dijo que respetaría la duración de la legislatura, su cambio de opinión pudo ser debido a que las encuestas daban al Partido Conservador una ventaja de más de 20 puntos, lo que en un sistema mayoritario uninominal a una vuelta (el que consigue más votos en una circunscripción es el que consigue ese escaño y los demás no consiguen nada) le garantizaría una holgada mayoría absoluta para poder negociar un Brexit duro. Sin embargo, la campaña electoral no está siendo el camino de rosas que esperaba: las encuestas muestran unánimemente una remontada espectacular del Partido Laborista y le sitúan a solo 3 puntos de los conservadores, lo que les haría perder la mayoría absoluta para la que necesitan 326 escaños ya que en total son 650.

Las consecuencias de esto serían imprevisibles, por varios motivos: se descarta una Gran Coalición, el acuerdo con los nacionalistas escoceses es imposible ya que ellos se oponen frontalmente al Brexit,  un acuerdo con los liberal-demócratas se ve lejano y además podría ser insuficiente, y el UKIP no va a conseguir ningún escaño. Quizá una alianza con los unionistas de Irlanda del Norte, pero podría también ser insuficiente, lo que llevaría a un hung parliament (Parlamento “colgado”/dividido) donde ningún partido o coalición tenga mayoría y abriría un período de inestabilidad política en el Reino Unido justo en plenas negociaciones de salida de la Unión Europea. En 2010 ningún partido obtuvo mayoría pero en pocos días se formó una coalición entre conservadores y liberal-demócratas, y en 1974 hubo que repetir elecciones ese mismo año al no poder formarse Gobierno.

El candidato laborista es Jeremy Corbyn, de 68 años y del sur de Inglaterra, un viejo conocido de la política. Sus padres se conocieron cuando hacían campaña a favor de la II República Española y su hermano es miembro del Partido Comunista. Estuvo dos años trabajando en Ayuda al Desarrollo en Jamaica, hizo campaña contra la Guerra de Vietnam, a favor del medio ambiente y ha sido también sindicalista. A los 25 años fue elegido concejal, y con 34 fue diputado por Islington North (al norte de Londres), siendo conocido por haber votado centenares de veces lo opuesto a su partido al haber mantenido siempre un discurso y un hacer coherente con sus ideas.

Habla español con fluidez, quizá debido a su matrimonio con una mejicana y anteriormente con una chilena. Se presentó a las primarias en septiembre de 2015 consiguiendo los avales necesarios dos minutos antes del plazo ya que algunos diputados querían que el debate pareciese más plural y las casas de apuestas pagaban a 1.000 a 1 su victoria. Y ganó, arrasó con un 60% y 40 puntos de ventaja sobre el siguiente de los cuatro candidatos. Una campaña de afiliación masiva hizo que las filas del Partido Laborista se incrementasen y virasen la formación hacia la izquierda.

Sin embargo, sus enemigos dentro del partido, la vieja guardia nostálgica de los tiempos de Tony Blair, forzó otras primarias tras una campaña de acoso con el argumento de que Corbyn era demasiado de izquierdas para que el partido pudiese ganar. Y lo volvió a hacer, con un 62% de apoyo en septiembre de 2016. Y así es como el líder de la Muy Leal Oposición de su Majestad se enfrenta a estas elecciones.

Para su campaña ha contado con una plataforma de apoyo fundada en 2015 y que ya cuenta con más de 22.000 miembros y 200.000 donantes (Momentum) y también con el apoyo del equipo de Bernie Sanders. El atentado de Manchester hizo que se suspendiera la campaña por unos días, pero parece que no tendrá influencia sobre los votantes. Sí que influirá a favor de Theresa May que el UKIP, creado por y para el Brexit y que llegó a ganar las elecciones europeas de 2014 con casi un 28% ahora ha colapsado tras la dimisión de su carismático líder y apenas obtendrá un 3% de votos, pasando sus votantes en masa al Partido Conservador.

Corbyn va a tener dos bazas importantes para ganar las elecciones y conseguir la gran remontada: una estrategia nefasta de los tories y una planificación de los labours que les está proporciona excelentes resultados. Los dos Manifiestos, el Conservador (“dementia tax“, impuesto a la demencia) y el Laborista, han tenido una acogida muy diversa, sobre todo por ese impuesto a la demencia. Los conservadores han propuesto que, dado que los pacientes con demencia u otras enfermedades que necesitan cuidados continuos en su domicilio provocan un gasto considerable al NHS (Servicio Nacional de Salud), deberán costearlo en su totalidad y sin límites si tienen más de 100.000 libras (incluyendo el valor de su hogar).

Theresa May y otros ministros han hecho declaraciones contradictorias que han provocado un hundimiento en las expectativas electorales de su partido, que han querido amortiguar colocando un anuncio de pago en Google cada vez que alguien busca “dementia tax”. En la actualidad, las personas necesitadas de cuidados en una residencia deben pagar el coste íntegro de sus cuidados si su riqueza (casas incluidas) es mayor de 23.250 libras, pero esto no se aplica en los cuidados a domicilio.

Además, May quiere recortar el “winter fuel allowance” (subsidio para la calefacción), reducir los menús escolares gratuitos, intervenir los precios de la luz y el gas, no permitir que el saldo de inmigración neta sea mayor a 100.000 inmigrantes anuales y, en cuanto al Brexit, defiende que es mejor que no haya un acuerdo a que haya un mal acuerdo. Estos recortes a la tercera edad es lo que le puede costar las elecciones, ya que este sector de la población ha sido tradicionalmente su granero de votos.

Por otro lado, el Partido Laborista ha presentado otras medidas de orientación muy distinta que, a tenor de las encuestas, parecen haber encontrado mejor acogida entre el electorado:

* Subida del “Income Tax” (Impuesto sobre la Renta) a los que ganen mas de 80.000 libras al año (el 5% más rico de la población) y promesa de no subirlo al 95% restante
*Nacionalización del sector eléctrico (una mayoría de la población defiende la nacionalización de varios sectores)
* Abolición de las tasas de matrículas universitarias (en la actualidad son de hasta 9.000 libras por curso, aunque en Escocia es gratis, y esto crea un gran problema de sobreendeudamiento en los estudiantes)
* Nacionalización de los ferrocarriles
* Nacionalización del abastecimiento de agua
* Nacionalización del Royal Mail (Correos), que fue privatizado en 2015
* No subir el IVA (en 2011 se subió del 17,5% al 20%)
* Incremento del gasto en Sanidad, Servicios Sociales e Infraestructuras
* Integración en el Mercado Único Europeo y la unión aduanera (Brexit “blando”)
* Defiende que los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido y los británicos residentes en la UE mantengan los derechos adquiridos
* Alcanzar el 3% de inversión en I+D en 2030
* Mayores impuestos a las empresas cuyo trabajador mejor pagado gane más de 20 veces lo que el trabajador peor pagado
* Transformación del nacionalizado Royal Bank of Scotland en varios bancos públicos locales
* Prohibición de que los bancos cierren sucursales donde claramente haya una necesidad local
* Reducción del Impuesto de Sociedades a las pequeñas empresas
* Obligación de las empresas a que paguen a sus proveedores antes de 30 días si quieren tener algún contrato con la Administración
* Doblar el peso de las cooperativas en la economía
* Subvenciones para el aislamiento térmico de los hogares
* Prohibición del fracking
* Creación de una red de guarderías capaz de satisfacer la demanda
* Ampliación de la baja de maternidad a 12 meses (actualmente el máximo pagado son 39 semanas), y de la de paternidad de las actuales 2 semanas a 4 semanas

En materia laboral:
* Abolición de los contratos de cero horas
* Aumento de los días festivos de los 8 anuales existentes a 12
* Subida del salario mínimo de las 7,50 libras/hora actuales a 10 libras/hora en 2020
* Subida del sueldo de los funcionarios públicos tras años de congelaciones
* Prohibición de las prácticas no pagadas

En cuanto a vivienda:
* Impulso a la vivienda pública
* Subida de la duración mínima del contrato de alquiler de 6 meses a 3 años, no pudiendo subir más que la inflación
* Prohibición de que las agencias de alquiler cobren comisiones por el alquiler a los inquilinos
* Recuperación de las ayudas al alquiler para los menores de 21 años

En definitiva, el Labour Party ofrece al electorado un programa opuesto a los programas de austeridad que se vienen practicando en la UE desde hace unos años y propone una redistribución de la riqueza y un aumento del gasto público. Asimismo, aboga por una política de nacionalizaciones que es lo opuesto a la ortodoxia thatcherista que ha impregnado la política británica en las últimas décadas. Por un lado, la propuesta del “dementia tax” le va a costar a los tories un buen puñado de escaños; por otro lado el Partido Laborista ha sabido presentar un programa atractivo para los jóvenes y los no tan jóvenes que sufren con mayor virulencia los efectos de la crisis.

Además, el hecho de que Theresa May se haya negado en varias ocasiones a participar en debates con Jeremy Corbyn, ya sea apareciendo en un formato en el que los dos no se enfrentaban o negándose a participar en un debate a 7 con los demás líderes, no ayuda a detener la sangría de votos de los conservadores.

Los ingleses, tan amantes de las apuestas, pagan 6 a 1 que Corbyn sea el próximo Primer Ministro. Ninguna locura si tenemos en cuenta que en la misma noche electoral la victoria de Trump o del Brexit se llegaron a mucho más. Hay que tener en cuenta además que los nacionalistas escoceses sacarán unos 50 diputados y ya han declarado que apoyarían a Corbyn.

¿Logrará Corbyn una remontada histórica? En unos días saldremos de dudas.

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“Solución final” contra los musulmanes

Un musulmán pasea por una calle de París. FOTO: TERESA SUÁREZ.

En la madrugada del 23 de mayo, pocas horas después del atentado en el Manchester Arena, Katie Hopkins, columnista del Daily Mail y principal representante mediática de los sectores que sueñan con un movimiento político en el Reino Unido cuyo eslogan sea Make Britain Great Again, tuiteó lo siguiente: “22 muertos y subiendo. […]. Necesitamos una solución final. #ManchesterArena”. Pasados unos minutos, al ver la reacción de decenas de usuarios que la acusaban de hacer referencia a un concepto forjado por el nazismo, Hopkins cambió “solución final” por “solución verdadera”. La extrema derecha británica, aquella que impulsó el voto favorable al Brexit, aprovecha cada atentado en territorio occidental para normalizar nuevas ideas y estrategias contra la comunidad islámica, actualizando una agenda internacional antimusulmana que tiene como principal vocero al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

“Hombres occidentales. Estas son vuestras mujeres. Vuestras hijas. Vuestros hijos. Levantaos. Alzaos. Exigid acción. No continuéis como si nada. Intimidados”. Así proseguía Hopkins con su llamamiento a un levantamiento en contra de los musulmanes durante la jornada posterior al sanguinario atentado. El editor del portal de noticias Spiked, Brendan O’Neill, sumó su voz a la estrategia de la extrema derecha, a pesar de autodefinirse como izquierdista, apelando a los británicos a no mantener la calma y a dejarse llevar por el odio que sentían después de la tragedia sufrida.

“Odio la ideología que sustenta esa barbarie. Quiero destruir esa ideología. No me siento triste, me siento apoplético. Otros sentirán lo mismo, pero si expresan esta emoción después del terror corren el riesgo de ser calificados como arquitectos del odio, contribuyentes a futuros actos terroristas, racistas, etc.”, apuntaba O’Neill en su editorial, que criticaba que la reacción social mayoritaria ante el atentado se basara en las proclamas mediante hashtags como #WeStandTogether y en encender velas como señal de duelo.

Las voces que demandan acción, en el seno de una sociedad que cuenta con una importante comunidad musulmana, juegan con la carta de la ambigüedad. No dejan claro cuál debe ser el objetivo específico ni de qué manera se debería actuar. Su mensaje es meticulosamente difuso aunque determina de forma inequívoca la existencia de dos bandos: los ciudadanos occidentales, por un lado, y los terroristas, por el otro.

En su narrativa, los musulmanes, aunque nacidos en territorio europeo, quedan automáticamente excluidos de la etiqueta ‘ciudadanos occidentales’ así que, de forma más o menos velada, son equiparados a los miembros de grupos terroristas de bandera islamista. Según esta visión, los occidentales deben defender sus sociedades ante la barbarie que llega a Europa desde Oriente Medio. Ante la supuesta pasividad que gobiernos y medios de comunicación inculcan a la gente, la extrema derecha, cuya base social va in crescendo, pide una “solución final”.

Cabe recordar que en el año 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, la anhelada “solución final para la cuestión judía” ideada por Adolf Hitler empezó a tomar forma. Durante meses, los judíos de distintas zonas ocupadas por los alemanes fueron identificados y recluidos en guetos con el fin de poder ejecutar un plan que cambiaría la Historia de la humanidad. El historiador británico Ian Kershaw, en su libro Descenso a los infiernos. Europa 1914-1949 (Crítica, 2016), define el holocausto nazi y sus infames cámaras de gas como un “sistema industrializado de aniquilación en masa”. “El genocidio constituyó la razón de ser misma de esta segunda gran conflagración”, añade el autor. La “solución final” fue el eufemismo que se utilizó para acabar con la vida de millones de judíos, comunidad que desde los años 30 fue señalada como el principal enemigo de los alemanes de supuesta raza aria.

Cuando Hopkins usó el concepto “solución final” era consciente del significado de estas dos palabras, aunque más tarde optara por reformular el concepto cambiando el “final” por “verdadera”. Hopkins ha dado un paso más hacia la confrontación, hacia la división interna, con el objetivo de inducir la formación de una resistencia liderada por hombres blancos que se tomen la justicia por su mano ante la amenaza terrorista.

Los actores de la extrema derecha saben que su batalla es a largo plazo y que la inestabilidad global juega a su favor. Llegar a proponer algo así como una “solución final para la cuestión musulmana” era impensable hace unos años. La utilización de estos conceptos mediante el altavoz de las redes sociales, más que la expresión de una opinión, se convierte un valioso test de prueba. Y el resultado es preocupante: si bien ha habido un amplio rechazo y Hopkins ha sido despedida de la radio londinense LBC, muchos ciudadanos apoyan ahora la idea de una “solución final” o “solución verdadera”, el Daily Mail ha decidido mantenerla como columnista y la FOX estadounidense la ha presentado como opinadora de referencia en territorio británico.

Riaz Khan, un profesor musulmán de Leicester y una de las voces más mediáticas —en las redes sociales— de la comunidad islámica del Reino Unido, ve con preocupación el escenario actual. “Se utiliza un lenguaje similar al que se utilizaba contra los judíos en la Alemania de Hitler. Los atentados nos duelen y nos indignan igual que a cualquiera. Hay que condenar estos actos y posicionarse en contra del ISIS, pero no tenemos que pedir disculpas. No son nuestros actos, son actos de maníacos. ¿Se piensan que los terroristas vienen a nuestras mezquitas y nos dicen ‘¿sabes que voy a poner una bomba’? Esta gente no forma parte de nuestras comunidades”, comentaba apenado después del atentado. Khan, nacido en Inglaterra, ha sido testimonio de como la extrema derecha ha normalizado el lenguaje del odio contra los musulmanes y los inmigrantes en general. Cuenta que el día de la votación del Brexit iba por la calle y escuchó que un hombre decía, refiriéndose a él: ‘al menos estos tendrán que irse pronto’. “¿Irme a dónde? ¡Yo nací aquí!”.

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Así fue enero, según Dios Tuitero

Tendido eléctrico I La Marea

Recuerdo mi speech más famoso, aquel del Sermón de la Montaña, donde os regalé los oídos con las célebres Bienaventuranzas. Hoy siguen de moda.

“Bienaventurados los pobres”, afirmé, y dos mil años después la Tierra sigue llena de ellos. Aquí en España, sin ir más lejos, conocíamos hace unos días el dato de que las tres personas más ricas del país acumulaban la misma riqueza que el 30% más pobre de sus compatriotas. ¡Bienaventurado ese 30%!

“Bienaventurados los que tengan hambre y sed de justicia”, me atreví a decir, y todavía hoy los familiares de las víctimas del accidente del Yak-42 continúan esperando al menos una disculpa por parte del entonces ministro de Defensa, el inefable Federico Trillo, después de que recientemente un informe del Consejo de Estado haya dictaminado la responsabilidad de dicho ministerio en la tragedia.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”. Ante las injusticias, mejor callarse, no montar alboroto, que ya seréis felices en la otra vida, que para eso está. Si en plena ola de frío sube la factura de la luz vertiginosamente, no hay que preocuparse: os vais a una iglesia y me buscáis, que yo soy la luz del mundo.

“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Así que enhorabuena al cantante de Def Con Dos, César Strawberry, por su flamante condena de prisión por unos cuantos tuits desafortunados, y también a la hasta hace poco anónima tuitera Cassandra, a la que la fiscalía pide nada menos que dos años y medio de cárcel por hacer unos chistes sobre Carrero Blanco.

“Bienaventurados los pobres de espíritu”, y aquí estáis muchos de enhorabuena, no hay nada más que consultar qué programas arrasan en los índices de audiencia en televisión o ver qué es lo que triunfa en el mundo de la música o la venta de libros. Seguís siendo un rebaño, mis corderos, y yo el buen pastor. El negocio está asegurado.

“Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”. Eso dije, sí. Para compensar, poco después se fundó la Iglesia y los cristianos pasaron de ser perseguidos a perseguir a todo el mundo. Científicos, librepensadores, mujeres acusadas de brujería o adulterio, homosexuales, ateos… fueron y siguen siendo sus víctimas. En esto mi religión no tiene la exclusiva, la condena del diferente es patrimonio común de casi todos los credos. Y no solo de los credos. A pasos agigantados el miedo y el rechazo al extranjero, al de otra cultura, se abre camino en la política de las principales potencias. Al Brexit británico, principalmente motivado por el rechazo a la inmigración, se suma la victoria de Donald Trump, constructor de muros y atizador de odios. Y todo ello jurado sobre dos Biblias (¡qué mejor manual de xenofobia!) y con el “¡Dios bendiga a América!” a cada momento.

Pero no sólo es Trump, en Francia las encuestas vaticinan la victoria electoral en la primera vuelta de Marine Le Pen, así como en la tolerante y progresista Holanda de su homólogo de ultraderecha Geert Wilders.

Pues eso, “bienaventurados” séais. Y bienaventurados los poderosos, dichosos de contar con eso que alguien llamó una vez “opio del pueblo” y que tan bien ha servido y sirve a sus intereses.

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Más de un millón de británicos piden que se prohíba la próxima visita de Trump

Donald Trump, presidente electo de EEUU. FOTO: Facebook de DT .

Más de un 1.200.000 británicos han firmado a través de Internet una petición formal al Parlamento en la que piden al Gobierno de Theresa May que no permita la próxima visita del presidente de EEUU, Donald Trump, “porque sería una vergüenza para Su Majestad la Reina”. “La bien documentada misoginia y vulgaridad de Trump lo descalifica para ser recibido por Su Majestad la Reina o el Príncipe de Gales”, añade la petición, que incide en que “no debe ser invitado al Reino Unido para una visita oficial de Estado”.

La propuesta fue lanzada hace un día por el ciudadano Graham Guest, y en pocas horas se han suscrito cientos de miles de personas, indignadas ante las medidas tomadas por el nuevo inquilino de la Casa Blanca en apenas una semana en el cargo. Ahora, el Ejecutivo tiene la obligación de “responder a todas las peticiones que tengan más de 10.000 firmas”.

La decisión de Trump de prohibir la entrada en suelo estadounidense a los ciudadanos de siete países musulmanes (Irán, Irak, Libia, Siria, Yemen, Sudán y Somalia) ha provocado una escalada de protestas en todo el mundo. En Reino Unido se han convocado numerosas manifestaciones a lo largo de este lunes para protestar por una medida que se ha topado con el rechazo frontal del laborismo y de destacados tories como Boris Johnson, responsable de Exteriores del Gobierno británico, o de la propia May. No obstante, el Ejecutivo insiste en su intención de mantener esta invitación ante el “sustancial interés nacional” que supone para el futuro de Reino Unido en la era post-Brexit.

También en EEUU el estupor es general, y la Justicia ha comenzado a mover ficha. Los fiscales generales de 16 estados han emitido una declaración conjunta en la que condenan la orden presidencial. “Como jefes de los funcionarios legales de más de 130 millones de estadounidenses y residentes extranjeros de nuestros estados, condenamos la inconstitucional y antiestadounidense orden ejecutiva del presidente Trump”, señalan los fiscales.

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Susan George: “Si Trump visita España, salid a la calle y reíd con todas las fuerzas”

A mediados de los 90, tras la caída del muro de Berlín, la doctrina económica neoliberal campaba a sus anchas y la globalización de las finanzas avanzaba a un ritmo inédito, sin que en el horizonte aparecieran alternativas de peso que pusieran en cuestión el reguero de daños colaterales que dejaba a su paso. Entonces nació ATTAC, la Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana, un movimiento altermundialista que pronto cumplirá 20 años y que puso encima de la mesa temas tan vigentes como la lucha contra los paraísos fiscales, la privatización de servicios públicos y el incremento de las desigualdades socioeconómicas.

Estos días el mundo parece asistir al comienzo de una nueva etapa, o así lo creen desde ATTAC, que celebra este fin de semana varios encuentros en Madrid para reflexionar sobre la situación actual de Europa y del resto del mundo. La rama española de este colectivo cumple 17 años ejerciendo de anfitriona.

Tras repasar algunos de los hitos de ATTAC España, como la exitosa lucha contra la privatización del Canal de Isabel II, su participación en las distintas mareas que surgieron del movimiento de indignados 15-M o la defensa de la renta básica universal, este jueves cientos de personas abarrotaron el anfiteatro del Centro Cultural Galileo -un elevado número de asistentes tuvo que quedarse fuera ante la falta de aforo- para escuchar a, entre otras personas, la activista Susan George, leyenda viva del pensamiento altermundialista y presidenta de honor de ATTAC. George, estadounidense con doble nacionalidad francesa que pronto cumplirá 83 años, transmitió su optimismo recordando que al inicio del movimiento era una locura plantear tasas a las transacciones financieras y apenas se hablaba de paraísos fiscales, dos ideas de plena vigencia en el debate actual. “Gracias a ATTAC mucha gente se interesó en la economía, que era percibida como un tema ajeno y lejano”, afirmó.

George achacó estas victorias a la labor pedagógica de ATTAC y animó a la acción no violenta, citando el ejemplo de los activistas franceses que a finales de 2016 emprendieron el secuestro simbólico de sillas en cientos de sucursales bancarias de todo el país, una medida simbólica que les brindó visibilidad mediática y la simpatía de muchos ciudadanos. También habló de Trump, el Brexit, la “colonización alemana en Grecia” y el auge de la extrema derecha, fenómenos que achacó a la falta de alternativas y esperanza.

“Si Trump viene a España a visitar la Moncloa, mi sueño es que salgáis a la calle y riáis con toda vuestra fuerza”, pidió George a los asistentes, quien además dejó espacio a la autocrítica al reconocer que este movimiento sigue siendo desconocido para gran parte de la clase obrera y confesó que su mayor preocupación es la lucha contra el cambio climático: “Tenemos una gran oportunidad de movilizar a la gente estableciendo vínculos entre estos problemas”.

Además de Susan George, participaron en este encuentro Ángel del Castillo, coordinador de ATTAC-Madrid; Lourdes Lucía, fundadora de ATTAC España, y el delegado de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de la capital, Carlos Sánchez Mato. Entre los temas que abordarán en los próximos días están la campaña para pedir la abolición de “los mal llamados paraísos fiscales” que lanzarán en abril, o la organización de la IV Universidad de Verano para Foros Sociales que se celebrará en Tolouse entre el 23 y el 27 de agosto.

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El Brexit es una operación comercial

Donald Trump ha dicho esta semana que el Brexit le parece “fabuloso”. Quien será el presidente de Estados Unidos a partir de este viernes basó su campaña electoral en el lema Let’s make America great again. La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, ha justificado la salida de su país de la Unión Europea (UE) de una manera muy parecida. “Quiero que Gran Bretaña sea lo que corresponde a su potencial, talento y ambición: una gran nación de comercio, respetada en todo el mundo y fuerte y unida en casa”, dijo en un discurso el martes. En definitiva, let’s make Britain great again. Lo de unidos en casa va dirigido a los escoceses que rechazaron con gran mayoría el Brexit y ahora se replantean su escisión del Reino Unido.

El discurso de May en el que explicó la hoja de ruta del Brexit es difícil de superar en cinismo y falta de coherencia. Gracias a la primera ministra, que sucedió a David Cameron tras la dimisión de éste, nos enteramos ahora de que la mayoría de los votantes en el referéndum del pasado junio lo que pretendía era liberar al Reino Unido del yugo europeo para que pudiera establecer relaciones comerciales con el resto del mundo en sus propios términos. Ese es, al menos, el argumento central de la narrativa de May.

“El gran premio para este país es aprovechar este momento para construir una Gran Bretaña realmente global”, dijo la premier, “una nación de comercio grande y global. Una de las defensoras más firmes del libre comercio en todo el mundo”. Y, para lograr este objetivo, paradójicamente May apuesta por un “Brexit duro”, que consiste en salir por completo del mercado único europeo, el área de libre comercio más grande que se ha creado jamás.

La primera ministra también se acordó de los trabajadores asegurando que se protegerá y ampliará sus derechos laborales. Para empezar, se traspasará “el derecho europeo a las regulaciones domésticas”. Menos mal, porque si no hubiera sido por la UE, en el Reino Unido, un país muy clasista, hoy probablemente no existirían ni la mitad de esos derechos.

Hacia el final de su discurso, May tocó el asunto clave en la victoria del Brexit: el control de las fronteras para frenar la llegada de inmigrantes de otros países de la UE. Sin embargo, la dirigente conservadora no empleó el discurso xenófobo de los defensores del Brexit durante la campaña, sino todo lo contrario. “Gran Bretaña es un país abierto y tolerante. Siempre queremos inmigración, especialmente inmigrantes de alta cualificación, siempre queremos inmigración desde Europa y siempre daremos la bienvenida a inmigrantes individuales como amigos. Pero el mensaje del pueblo antes y durante el referéndum fue claro: Gran Bretaña debe controlar el número de europeos que llegan aquí”.

¿Dar la bienvenida al inmigrante individual pero controlar el número total? ¿Excuse me? Es una frase muy hipócrita, incluso para los niveles habituales de la política inglesa. Trump, por lo menos, dice sin rodeos que no quiere inmigrantes.

Artículo publicado en El Heraldo (Colombia)

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