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Zé Fuga: “Somos gente extranjera en Lavapiés o en el Raval”

Zé Fuga es un rapero del barcelonés barrio de Poble Sec, pero también es un rapero Parcero ya que nació en Colombia. Aparte de rapear, Jose Calderón, su nombre de pila, es licenciado en Filología inglesa y combina las clases particulares de inglés con varios trabajos, entre ellos repartidor de comida en bicicleta, al que califica trabajo de “nueva economía: explotación del buen rollismo”. Cuando sacó el nivel C de catalán, tras terminar la carrera, intentó acceder al sistema de profesorado público pero la crisis le cogió de lleno. Muchas de sus letras hablan de las condiciones a las que él mismo tuvo que enfrentarse en sus diferentes trabajos: camarero, repartidor, mensajero, etc. “Estas situaciones y la de mucha gente las intento plasmar en mis canciones pero sin querer caer en un código panfletario porque es muy facilón”, resalta Zé Fuga, quien prefiere trabajar las
rimas de forma diferente.

Calderón llegó a Barcelona en el año 2000 y no fue hasta 2010 cuando empezó a hacerse conocer como Zé Fuga. Primero escribiendo prosa y después rap. En 2011 lanzó su primer trabajo, La Espora. Entre sus referentes, destaca a Violadores del verso, Rapsusklei, Juanica, El tote King, SFDK, La etnia, Gotas derap (Colombia) y Control machete (México).

Barcanova es una de las canciones que habla de Barcelona, de la identidad, de la inmigración: “Ya sabes en qué se parecen Barcelona y Arizona: la policía pide papeles por el color de las personas”, dicen sus versos. Él mismo ha notado el cambio de una Barcelona que se ha acabado convirtiendo en una marca: “Cuando llegué pude ver algo de esa Barcelona canalla y se fue convirtiendo en una ciudad chic”, afirma, pese a toda la tradición libertaria que ha tenido. “En la Barcelona cosmopolita hay racismo y clasismo”, critica el rapero, y recuerda, cuando trabajaba en hostelería, a personas de aquí y de fuera, y “las pésimas condiciones laborales” pese al boom económico.

Zé Fuga asegura que “hay un racismo intrínseco en este país y también me refiero a Cataluña”. Por ejemplo, sobre el Procés sostiene: “Pese a haber pasado media vida aquí, solo somos unos espectadores. Yo defiendo el derecho de autodeterminación pero aquí no podemos defender ni una cosa ni otra”. También el mundo del trabajo hace parte de sus letras. “Se está saliendo de la crisis en términos numéricos pero no de lo fundamental. Porque hay más trabajo pero con condiciones más precarias. Y es mucho decir porque antes también había precariedad”, reflexiona Calderón, quien destaca un conflicto complejo cuando muchos de sus excompañeros “están agradecidos con la empresa” aunque sea en malas condiciones: “Dicen que llevaban seis o siete años sin trabajo y esto ha sido la luz”.

Cuando no tienes nada, las pocas migajas parecen un pan entero: “Es difícil porque tienen razón en ese sentido. Si llevas años sin trabajo y se te acaba el paro, las ayudas, etc., cuando encuentras un trabajo, por más explotado que estés, lo ves como una luz y así nos tienen agarrados por el cuello”, enfatiza el artista de Poble Sec.

A su Colombia natal la ve “con un telescopio”, porque muchas veces no puede ir por limitaciones económicas pero valora “la luz que ha sido el proceso de paz”. Hace diez años, Zé Fuga pensaba que la paz no era posible pero reconoce el gran avance que este proceso representa aunque, no olvida, que hay “condiciones de violencia estructural y aún no cambian”. El artista recuerda los asesinatos de líderes sociales, defensores de DDHH, que aún se suceden en ese país: “La violencia está tan enraizada en la sociedad después de tantas décadas y hasta siglos de violencia”, señala.

Uno de los temas que tocan sus canciones es el de las novelas y los culebrones. Éstos son toda una industria y una institución en Colombia y Latinoamérica. Jose Calderón rescata ciertas novelas interesantes como Los Victorinos, con los códigos de culebrones pero con un contenido muy político. También comenta la ya famosa serie Narcos, de la cual rescata la buena producción pero critica la falta de cierto rigor histórico y de cómo a los colombianos les choca escuchar a Pablo Escobar hablando con acento brasileño, aunque no
desprecia el trabajo del actor Wagner Maniçoba.

Jorge A. Trujillo es socio cooperativista de La Marea.

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Los bolardos no curan el odio ni luchan contra el terrorismo

Un musulmán pasea por una calle de París. FOTO: TERESA SUÁREZ.

ANDRÉ ABELEDO // Estoy convencido de que la solución al terrorismo no pasa por poner bolardos. Ni tampoco la darán los que lo utilizan como arma arrojadiza para atacar al oponente político. Yo me quedo con el ser humano. Y con la capacidad y la altura moral de unos padres que acaban de perder a su hijo de tres años y se funden en un abrazo con el imán de Rubí, con un musulmán.

Me quedo con las lágrimas de esas tres personas y con su abrazo fraterno y solidario. Son ellos los que nos dan una lección, los que nos marcan el camino en la lucha contra el terrorismo islámico, solidaridad, integración y convivencia contra el odio y la sinrazón de los integristas y los intolerantes. Tampoco podemos permitir que estos actos terroristas propaguen el odio y la xenofobia, ya que es precisamente lo que desean los terroristas.

Quieren traer la guerra a Europa. Necesitan exportar el conflicto fuera de las fronteras del Estado Islámico, pues están perdiendo la guerra sobre el terreno en Siria e Iraq. Lo que tendría que replantearse Europa es cuál debe ser nuestra relación con los países que financian y apoyan el terrorismo. No puede ser que por un lado lo estemos combatiendo y por otro lado seamos amigos y socios de estos países.

*André Abeledo Fernández es concejal de Esquerda unida de Narón, militante comunista y sindicalista organizado en la CIG.

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Manifestación multitudinaria contra el terrorismo en Barcelona bajo el lema No tinc por

BARCELONA/MADRID // ‘No tinc por’ fue el principal eslógan coreado por medio millón de personas esta tarde en Barcelona, según cifras de la Guàrdia Urbana. De ese modo, mostraron su repulsa contra el terrorismo y homenajearon a las víctimas de los atentados terroristas perpetrados el pasado 17 de agosto en las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona). El acto, organizado por el Ajuntament de Barcelona y la Generalitat, concluyó con un parlamento a cargo de la activista Míriam Hatibi y la actriz Rosa María Sardá.

El discurso, pronunciado en catalán y castellano, recordó a quienes son asesinados por el mismo tipo de terrorismo en múltiples lugares del mundo. Tras recitar versos de Federico García Lorca y de Josep Maria de Sagarra, el acto concluyó con la interpretación de El cant dels ocells, de Pau Casals.

La multitudinaria marcha de la capital catalana estuvo encabezada por miembros del personal de emergencias que atendió a las víctimas en Barcelona y Cambrils, que recibieron múltiples aplausos. Tras ellos, una nutrida delegación de líderes políticos y representantes institucionales del consistorio barcelonés, el Gobierno catalán y del español. Cada vez que las pantallas instaladas a lo largo del recorrido enfocaban al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y al rey Felipe VI, se sucedían los pitidos en señal de protesta.

Dos horas antes de que empezase el recorrido, centenares de personas se congregaron en las inmediaciones de la calle Aragó de Barcelona, convocados por 170 entidades. De ese modo, querían rendir su propio homenaje a las víctimas sin presencia de autoridades. Portaban pancartas que acusaban a Rajoy y al monarca de contribuir a la venta de armas que fomentan nuevas guerras y violaciones de derechos humanos.

Precisamente, la denuncia del comercio de armas ha sido una de las más destacadas a lo largo de toda la manifestación. En una gran pancarta se señalaba, además, al conocido como trío de los Azores -Bush, Blair y Aznar- por invadir Iraq. También las proclamas en contra de la islamofobia.

Profusión de estelades

Durante todo el recorrido se han podido ver numerosas banderas, entre las que predominaban las estelades, sobre todo en la cabecera, como puede apreciarse en las imágenes que aparecen en los principales medios de comunicación. Las banderas independentistas compartieron espacio con abundantes banderas españolas y con senyeres con crespones negros, en una estampa que resultaba insólita. A pesar de la convivencia y respeto a todos los símbolos presentes, se respiraba un ambiente unt tanto enrarecido, tal como han señalado algunos cronistas.

Muy distinta fue la marcha espontánea que siguió al acto oficial. Miles de personas recorrieron las Ramblas de Barcelona, sin banderas, y en un silencio que solo se veía interrumpido por aplausos al ritmo del ya conocido No tinc por. En los rostros, expresiones graves y emocionadas al detenerse frente a los espacios emblemáticos del paseo más barcelonés, estos días llenos de velas y flores en recuerdo de las víctimas. “Esta es la verdadera manifestación”, comentaba un hombre a su acompañante cerca del mosaico de Miró que hoy quedaba oculto bajo las señales del duelo provocado por la furgoneta que dejó de matar justo ahí.

Concentración en la Puerta del Sol

 “Todos somos Barcelona”. En diferentes puntos de España también se celebraron concentraciones de solidaridad con Barcelona y Cambrils. En Madrid, varios centenares de personas se congregaron en la céntrica Puerta del Sol, donde se escucharon consignas en catalán y numerosos mensajes de apoyo.

La concentración de la capital contó con la presencia de familias de la comunidad musulmana que posaron en primera fila con carteles en contra del terrorismo (“No en mi nombre”) y en apoyo a las víctimas. También hubo marchas y actos de apoyo en Alicante, Valencia, Castellón, Valladolid y otras ciudades.

Madrid grita (en catalán) contra el terrorismo, en solidaridad con las víctimas de los atentados en Cambrils y Barcelona. #NoTincPor pic.twitter.com/Uv1JDnW0xW

— La Marea (@lamarea_com) 26 de agosto de 2017

Horas antes de la multitudinaria marcha de Barcelona, varios alcaldes, líderes políticos y religiosos y otras figuras destacadas de la sociedad enviaron mensajes de apoyo y solidaridad al pueblo catalán desde diversos puntos del planeta a través de Twitter y otros medios.

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Barcelona se prepara para una manifestación multitudinaria bajo el lema ‘No tinc por’

Homenajes en Barcelona tras los atentados del 17 de agosto. Foto: Ajuntament de Barcelona.

MADRID // Ni odio, ni terrorismo, ni miedo. Este sábado una amplia lista de ciudades acogerá manifestaciones contra el terrorismo y en apoyo a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils bajo el lema No tinc por. La más multitudinaria tendrá lugar en la capital catalana, donde la Generalitat y el Ayuntamiento han convocado una marcha que comenzará a las 18 horas y transcurrirá desde los Jardinets de Gràcia hasta la Plaça de Catalunya.

La manifestación la encabezarán miembros de los Mossos d’Esquadra y de los servicios de emergencias que estuvieron en primera línea durante los atentados. Los representantes oficiales estarán en segunda y tercera fila. Entre ellos, una nutrida delegación de los Gobiernos catalán y español, líderes de las principales formaciones políticas, organizaciones sociales y colectivos musulmanes. Finalmente, el rey Felipe VI confirmó su asistencia, tras las críticas realizadas por la CUP, que denuncia las relaciones que la monarquía mantiene con países como Arabia Saudí.

Ferrocarrils de la Generalitat, Transports Metropolitans de Barcelona y Renfe informaron de que reforzarán las líneas para facilitar la llegada y desalojo a quienes participen en este acto de repulsa contra el terrorismo.

Cambrils (Tarragona) y Ripoll (Girona), las otras dos ciudades catalanas afectadas por los atentados de la semana pasada, también saldrán a la calle en apoyo a las víctimas y para mostrar su rechazo a la violencia y el odio. El Ayuntamiento de Ripoll ha convocado una concentración para este sábado a las 18 horas, coincidiendo con la marcha de Barcelona. La marcha de Cambrils arrancará este viernes en el Passeig de Les Palmeres y avanzará por el Passeig Marítim hasta concluir en el Club Nàutic.

Tras los atentados, múltiples ayuntamientos han rendido minutos de silencio para expresar su rechazo al terrorismo y homenajear a las víctimas. Uno de los episodios más emotivos tuvo lugar este jueves en Rubí (Barcelona). Allí Javier Martínez, padre de Xavi, un niño de tres años asesinado en el atentado que tuvo lugar en la Rambla, se fundió en un abrazo con un imán de esa localidad. “Que la gente no tenga miedo. Necesito hacerlo”, dijo Javier antes de protagonizar una de las imágenes más emblemáticas tras los atentados.

Fuera de Cataluña, este sábado otras ciudades también celebrarán actos de solidaridad y repulsa de la violencia. En Madrid hay convocada una concentración en la Puerta del Sol a las 18 horas. Castellón acogerá una concentración a la misma hora (Plaça Maria Agustina), al igual que Alicante (Plaça Muntanyeta), Valencia (Plaça de l’Ajuntament), Vigo (Museo MARCO, rúa do Príncipe) y Valladolid (a las 14.30 horas frente a la Mezquita de la Paz).

Algunas de las concentraciones previstas para mañana han sido impulsadas por personas particulares. La Marea ha confirmado todas la que aquí se citan, excepto la de Madrid, ya que la subdelegación del Gobierno de Madrid sigue sin responder a La Marea, tal como se han comprometido a hacer por escrito.

¿Tienes constancia de otras marchas, concentraciones y actos en contra del terrorismo previstas para este sábado? Si es así, por favor deja un comentario para que otras personas puedan estar al tanto.

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El terrorismo y las ficciones, un análisis político tras los atentados en Cataluña

Fusil AK-47. Foto: Flanell Kameras.

Desde los atentados de Barcelona y Cambrils al último ataque sucedido en Londres apenas han pasado tres meses, una distancia que, posiblemente, parezca mucho mayor si atendemos a esa subjetividad que nos hace seguir adelante por la lógica inercia de nuestras vidas pero también por una ficción que se tambalea, la de seguridad. La lista de ciudades europeas que han sido escenario de terrorismo yihadista relacionado con el Estado Islámico no para de crecer: Estocolmo, Manchester, Berlín, Niza, Bruselas, París… Una lista cuya consecuencia no son sólo las víctimas directas, sino la alteración, gradual pero sostenida, de múltiples aspectos de nuestra sociedad, algunos latentes, otros evidentes.

La ficción de seguridad es el pensamiento generalizado en las poblaciones occidentales de que se puede disfrutar de una vida sin amenazas directas en un entorno protegido rodeado de un mar de conflictos violentos. Podríamos hacer inútiles lecturas morales al respecto, pero nos interesan más las políticas. Sólo en lo que llevamos de año más de 2.100 personas han muerto en atentados perpetrados por yihadistas en Afganistán, Iraq y Siria, países unidos por el nexo común de haber sido escenario, o estar siéndolo, de guerras en las que Estados Unidos, la Unión Europea y las dictaduras del Golfo han tenido un papel clave. El hecho de que estas víctimas sean a un nivel mediático y emocional de una menor importancia tiene que ver con esa ficción de seguridad, que viene a decir que existen zonas del planeta estables, exentas de conflicto, mientras que otras son susceptibles de desangrarse permanentemente, eso sí, no explicando nunca las causas de tal asimetría o aduciendo razones intangibles de carácter racista: nosotros somos la civilización, ellos la barbarie.

Desde que Estados Unidos lanzó la Operación Ciclón en 1979 contra el gobierno socialista de Afganistán apoyado por la URSS, la cual consistió en armar y fomentar el fundamentalismo islámico para desatar una mal llamada guerra civil, el modus operandi de llevar este escenario a países árabes que fueran renuentes a entrar en la órbita de los intereses occidentales ha sido desastrosa. Fundamentalmente por la destrucción y mortandad sobre el terreno, pero también, desde una óptica europea, por acabar con gobiernos que, aún dictatoriales, ponían freno al integrismo. El ISIS no ha surgido de la nada, sino de un proceso de descomposición en Iraq, Siria y Libia que ha permitido al fanatismo islamista echar raíces tanto en esos países como en Europa, por el retorno de combatientes así como por la creación de un sofisticado sistema de propaganda y captación que cuenta en internet y en los canales de mensajería con un inesperado aliado. El panorama es desolador y complejo pero la lectura es sencilla: desestabilizar zonas cercanas azuzando el integrismo religioso ha sido una idea nefasta para Europa. El último objetivo de la ficción de seguridad, que ya se tambalea, es exonerar a los gobiernos occidentales situándoles antes sus ciudadanos como la última defensa frente a la barbarie, y no precisamente como los incitadores de la misma, con la inestimable colaboración de sus aliados, las dictaduras wahabitas del Golfo.

Sólo una lectura parcial, torpe o interesada puede situar esta exposición de hechos y certezas en la justificación del terrorismo del ISIS. La población occidental es posible que haya vivido de espaldas al mundo y a la geopolítica suicida de sus gobernantes (siempre espoleados por los intereses de las élites económicas) pero eso no la hace responsable de estos hechos ni mucho menos merecedora de recibir esta violencia. Tampoco justifica a los terroristas, que se presentan como liberadores contra los ejércitos cruzados cuando la realidad es que su batalla ha sido y es contra los ejércitos sirio e iraquí (entre otros), es decir, contra musulmanes considerados impíos desde su integrismo. No hace tanto, los grandes medios nos vendieron a estos fanáticos como rebeldes que luchaban por la democracia cuando ya andaban decapitando, las hemerotecas están ahí y una vez más hieden. El fundamentalismo islámico como arma geopolítica fue una idea que alguien trazó desde las asépticas estancias de un think tank y que una vez desatado se ha vuelto incontrolable, llevando la muerte a medio mundo. El problema ya no es acabar con el ISIS como califato entre Siria e Iraq, eso sucederá tarde o temprano, sino que el ISIS como idea ya circula imparable en el imaginario de algunos musulmanes.

Por desgracia este análisis de la situación es aún minoritario entre la población europea, que si bien no tiene clara la imagen de conjunto tampoco ha sucumbido a una respuesta exaltada. De momento. El auge de la extrema derecha está íntimamente relacionado con los atentados yihadistas, con los que, curiosamente, comparten ese imaginario de cruzados, muyahidines, guerra santa, choque de civilizaciones e incluso métodos terroristas, como se pudo ver en Utøya y Charlottesville. La segunda ficción que este contexto se está llevando por delante es la de la Europa liberal y demócrata, no sólo por el renacimiento de los ultras, sino por cómo éstos condicionan ya la agenda política. Cuando tienes a los partidos de la derecha liberal, e incluso socialdemócrata, utilizando un lenguaje similar al de la extrema derecha y asumiendo parte de su ideario en asuntos como la crisis de los refugiados, da igual quién sea ganador de las elecciones: los resultados son los mismos y lo que es peor, lo que antes era ilegítimo ahora es razonable. Lo que nos lleva a preguntarnos si este fenómeno de desplazamiento hacia lo ultra de la política europea es tan sólo una cuestión coyuntural y táctica o se ha destapado una caja que llevaba sellada desde 1945, pero que aún seguía latente en el corazón de esos demócratas-de-toda-la-vida.

En clave nacional los días inmediatamente posteriores al atentado han sido una sucesión de vendettas. Ni las reglas más básicas del decoro y el respeto a los muertos han evitado que la derecha, y no hablo sólo del PP, sino del espectro social que pasa por todos los grandes medios, continúa en la Iglesia y acaba en los individuos más insignificantes, haya instrumentalizado el terrorismo para pasar factura a sus considerados enemigos. Ataques a lo catalán llevando el tema del idioma en los comunicados de las autoridades a niveles de ridículo supremo o vinculando a uno de los terroristas con el independentismo. Un intento grotesco de atacar al ayuntamiento de Colau con una polémica creada en torno a los bolardos que a nadie parecía importar en Niza, Berlín o Londres. La maniobra, miserable, de atribuir comprensión, responsabilidad o incluso colaboración de la izquierda con los yihadistas, utilizando ese espantajo llamado buenismo, que no es más que la equivalencia del mito de lo políticamente incorrecto en asuntos de terrorismo. Capítulo aparte merece la prensa, donde parece que el atentado ha sido la coartada para dejar ya vía libre a los elementos más reaccionarios que han jugueteado sin complejos con la retórica de la historiografía más rancia, han señalado con furor macartista y han vuelto a esa impotencia bélica que vale para llenar páginas pero que se ha demostrado inútil para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Lo peor, de hecho, no han sido las figuras visibles, sino una legión de individuos anónimos que han seguido la pista y han ido un paso más allá en la hostilidad de sus comentarios. Aviso: estamos cerca de que un iluminado cometa alguna barbaridad, los responsables tienen todos nombres y columna.

Por desgracia parte del independentismo catalán tampoco ha estado a la altura. Aunque de una forma menos notoria y no oficial, las redes les han servido para lanzar dos ideas. La primera es que el atentado había demostrado que la reacción de las instituciones catalanas y su sociedad ya era un anticipo de la República Catalana. Que Cataluña vaya a ser o no independiente puede depender de muchos factores, pero no parece el más correcto ni elegante utilizar esta situación para lograrlo. Por otro lado se ha deslizado que el atentado había sido una conspiración españolista para dar al traste con el referéndum. Sobre este suceso prefiero no comentar nada más, por respeto a los lectores y a mí mismo.

Aunque siempre es edificante ver cómo la gran mayoría de la gente se ha volcado en acciones de solidaridad y gestos de cariño, aunque Barcelona respondió con contundencia a las provocaciones de la ultraderecha, aunque, a pesar de incidentes aislados, la islamofobia no ha sido la tónica dominante, estos atentados han tensado a la sociedad de una forma evidente. Da la sensación de que, tras el periodo 2011-2015, donde algunos vieron tambalearse su orden más de lo que nos pensamos, ahora hay muchas ganas de pasar factura, de cobrarse en este termidor venganza contra los que se atrevieron a levantar la cabeza y mirar a las alturas. Lo peor, insisto, es que se intuyen miles de colaboradores anónimos, inasequibles a la razón, pero dispuestos a levantarse firmes al primer toque de corneta mediática.

Y por último la izquierda, que ha dado la sensación, una vez más, de incapacidad, desorientación y lo que es peor, miedo, de quedarse estática a ver si escampaba, de tener como única respuesta la inercia de lo institucional y de la mal llamada unidad. No se trata de negar la unidad, sino de explicar que esta se construye en torno a algo y ese algo no pueden ser las políticas exteriores suicidas ni las alianzas con dictaduras que comparten preceptos ideológicos y lazos con los terroristas. Mención aparte merece la valentía de la CUP, que ha conseguido, a pesar de su lapidación pública, que la manifestación ciudadana vaya a ser encabezada por ciudadanos anónimos y no por la realeza. Por su parte el PCE, dirigentes de IU y algunos de Podemos, han señalado las relaciones de las casas reales españolas y saudíes y la insalvable contradicción que esto supone en el momento actual.

Falta un llamamiento claro para desmontar la ficción de la invasión islámica de Europa, preconizada por la ultraderecha y no negada por los liberales, que viene a plantear que los atentados son sólo la punta de lanza con la que se pretende imponer en nuestro suelo la sharía. Esta ficción, absurda en términos militares y estratégicos, vale para situar al migrante musulmán como cabeza de playa, como chivo expiatorio sobre el que volcar nuestro comprensible miedo. La islamofobia existe y la podemos ver en sucesos como el de Port Sagunt, el viernes de los atentados, cuando un hombre la emprendió a patadas con un niño marroquí al grito de moro de mierda. La islamofobia es la atribución de culpabilidad a una persona por su religión y eso, en Europa, sabemos ya a dónde puede conducir. Sin embargo, nombrar el problema no lo va a hacer desaparecer. Las apelaciones a la solidaridad raramente funcionan cuando el pánico entra en escena. Lo esencial es entender que el terrorismo yihadista no afecta lo más mínimo a la estructura de poder entre clases ni tampoco al equilibrio de poder imperialista, por el contrario, lo hace más fuerte. Cuanto más miedo, más orden, más orden de un tipo determinado, justo el que nos ha traído hasta aquí.

El terrorismo yihadista lo sufren ciudadanos comunes, la clase trabajadora que coge el cercanías, sin entender de ninguna otra especificidad. El enfrentamiento entre trabajadores nacionales y foráneos, el enfrentamiento entre ciudadanos de diferentes confesiones religiosas, es justo lo que buscan los terroristas y es justo lo que no va a proporcionar ninguna seguridad a la gente común.

La cuestión última es si la izquierda, bajo el peso del relativismo cultural, no ha confundido en estas últimas décadas la incorporación a su proyecto de experiencias y visiones más allá del continente donde nació con un cheque en blanco que ha otorgado a la especificidad cultural, incluida la religiosa, un carácter emancipador en sí mismo. La izquierda debe ser garante de derechos humanos, especialmente el primero de ellos, el derecho a la vida, que es el que los terroristas arrebatan. Pero también preguntarse si ha renunciado al laicismo, es decir, al proyecto que garantizaba la libertad de culto o de ateísmo, que luchaba contra la confusión entre esfera religiosa y civil, y que ponía a los preceptos religiosos siempre supeditados a las leyes, para en caso de conflicto, que no hubiera dudas de cuál aplicar. La inclusión de la comunidad musulmana, la lucha contra la islamofobia no pueden derivar en una actitud donde se acabe transigiendo con posturas involucionistas, ya presentes y en auge en el catolicismo, y donde por miedo a ser tachados de racistas no se critique con dureza a un imán de la misma forma en que se hace con un obispo. Tratar con esa doble vara paternalista a la comunidad musulmana, sea de nacionalidad española o no, le hace un flaco favor ya que parece que se les considera incapaces de asumir con normalidad la idea laica. De hecho, el insistir tanto en la identidad religiosa, con un ánimo bienintencionado de visibilización, provoca que al final parezca que los musulmanes no son personas a las que les afecta la subida de la luz o la precariedad laboral como a cualquier otro trabajador. No hay una idea más inclusiva y transversal que la de clase.

Este artículo seguramente no guste a nadie. Este artículo seguramente sea un texto destinado al fracaso. Pero debía ser escrito, al menos, como constancia de que frente al fanatismo aún seguimos disponiendo de un puñado de ideas que en el pasado nos fueron realmente útiles, que cruzaron el mundo, que levantaron a la gente en San Petersburgo, El Cairo o La Habana, que nos aportaron esperanza aún en los momentos más oscuros.

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Concentración en Plaza de Cataluña en repulsa por el atentado en Barcelona

MADRID// Todas las fuerzas políticas participarán a las doce de la mañana en un acto de condena y protesta silenciosa por los atentados sufridos en Las Ramblas y Cambrils en las que han muerto al menos 13 personas y más de 80 heridos. 

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya, presidirán un minuto de silencio en Plaza de Catalunya al que se ha unido todas las fuerzas políticas y al que también acudirán el rey Felipe VI y el presidente del gobierno Mariano Rajoy. La convocatoria convocada por la alcaldesa está abierta a todos los ciudadanos de Barcelona: “Será una primera muestra de rechazo, con todas las administraciones y la ciudadanía, en el lugar de los hechos, en la Plaza Cataluña, para demostrar que no tenemos miedo y estamos unidos contra la barbarie y en defensa de la democracia”, declaró Colau al convocar el acto

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Poco transporte público, inseguridad y acoso: el día a día de las trabajadoras nocturnas

BARCELONA// Mujeres que eligen trabajar de noche por la mayor compensación económica que eso significa —entre 300 y 500 euros extra—. Mujeres que duermen poco o que sacrifican el sueño para poder compaginar el trabajo remunerado con el trabajo de cuidados y doméstico. Mujeres que terminan sus turnos entre las 4 y las 6 de la mañana, después de haber realizado tareas de esfuerzo durante toda la noche, como la limpieza de hospitales o aeropuertos, y que así disponen de la mañana para hacer gestiones administrativas. Mujeres que, al volver a sus casas, tienen que hacer frente a la escasez de transporte público, a la inseguridad y al acoso sexual.

Esta es la realidad de muchas mujeres que trabajan de noche y es lo que se desprende del informe Nocturnas. Mujeres que trabajan de noche en el Área Metropolitana de Barcelona coordinado por el Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas cuyo trabajo se focaliza en la equidad de género en el uso de los espacios públicos y el equipamiento. En el trabajo también han colaborado entidades como la Fundació Àmbit Prevenció, Ca la Dona, la Secretaría de la Dona de CCOO o Irídia.

A falta de datos oficiales recientes, el Ayuntamiento de Barcelona elaboró un estudio en el año 2002 sobre el mercado laboral nocturno en esta ciudad por el que corroboraba que un tercio de las personas que trabajan de noche eran mujeres, aunque no establecía una relación del trabajo nocturno con las políticas públicas de planificación urbana y movilidad. “Dentro del urbanismo feminista, la noche se ha estudiado sobre todo por temas de percepción de la seguridad y cómo esta afecta a la movilidad, pero nunca mirando específicamente al trabajo nocturno, que es algo bastante invisibilizado dentro del urbanismo. Se habla de zonas de ocio, de cuestiones relacionadas con el consumo, de restaurantes, teatros o actividades lúdicas, pero pocas veces se habla de la otra parte, la que está trabajando y ofreciendo los servicios“, explica Sara Ortiz, coordinadora de este proyecto que cuenta las vivencias de 24 mujeres que trabajan en diferentes zonas y puestos.

Cuando volver a casa a la salida del trabajo se convierte en una odisea

Para Ortiz, “trabajar de noche se vive de forma diferente si eres un hombre o una mujer”. La escasa frecuencia de transporte público en horario nocturno o los múltiples transbordos son algunas de las dificultades de movilidad que desgrana el informe. Además, las mujeres, por ser mujeres, se enfrentan a otras especificidades. “El transporte público por la noche, sobre todo el metro y el tren, en ciertos días de la semana está monopolizado por quienes vuelven a casa de fiesta y las mujeres se enfrentan a todo lo que eso conlleva en muchas ocasiones: el acoso sexual. Por eso, para las mujeres que vuelven a casa después de trabajar este es un ambiente hostil”, señala Ortiz. Además, los trayectos a pie o el tiempo de espera entre las conexiones suponen a menudo momentos de inseguridad.

“A mí, tres noches seguidas un hombre me siguió hasta el trabajo desde la parada. Me asusté un montón. A la tercera noche, que iba cagada de miedo, me bajé en mi parada, empecé a andar más deprisa y se me puso al lado y le dije que qué quería. Me dijo que era una mujer muy linda”. Situaciones de acoso como esta que narra uno de los testimonios incluidos en el informe hacen que las mujeres que trabajan de noche se vean obligadas a recurrir a estrategias como cambiar de ruta para no dejar rastro de sus recorridos cotidianos y que así nadie pueda controlar sus movimientos.

Conocer bien el barrio y el entorno u otras tácticas a nivel personal, como llevar un spray de pimienta o una laca pequeña, son, según el estudio, factores que hacen sentir más seguras a las mujeres que trabajan de noche. Sin embargo, “la percepción de seguridad asociada con la autonomía y la libertad de poder moverse, disfrutar y participar de la ciudad a cualquier hora del día y de la noche se concibe aún como algo difícil de conseguir“, añade el informe.

En este sentido, desde el Col·lectiu Punt 6 insisten en que “las mujeres seguimos siendo socializadas para tener miedo en el espacio público y en la noche” y recuerdan que “mensajes como el no camines sola de noche es uno de tantos que recibimos a través de nuestra familia, los medios de comunicación o la educación”. Por eso, y “a pesar de que gran parte de la violencia contra las mujeres tiene lugar en espacios privados y viene de personas conocidas”, la inseguridad es una de las principales sensaciones que relatan las mujeres que trabajan de noche.

Para las que además trabajan en la calle, como las empleadas de la limpieza viaria de Barcelona o las trabajadoras sexuales, la violencia está vinculada “a cómo se concibe el cuerpo de una mujer en el espacio público de noche y al tipo de trabajo, menos valorado socialmente”.

Fruto de todo ello, las mujeres que han participado en el estudio relatan efectos en su vida cotidiana diurna, en sus relaciones sociales y su salud. Sobre lo primero, las mujeres denuncian que los horarios de equipamiento y servicios para hacer trámites administrativos tengan turnos mayoritariamente de mañana o que trabajar de noche reduce su esfera de cuidado propio y de ocio.

“Muchas de las mujeres sentimos una falta de comprensión social por parte de nuestro entorno más próximo de lo que implica trabajar de noche. Por un lado, sentimos que la gente piensa que durmiendo 4 o 5 horas ya hemos descansado, o bien, asocian el hecho de dormir durante el día no al descanso sino al no hacer nada”, detallan en el informe. Junto a esta falta de sueño, los dolores de cabeza, de espalda o la ansiedad y la depresión son consecuencias de las jornadas laborales nocturnas para las mujeres.

Construir ciudades con perspectiva de género

“La visibilidad en las ciudades, temas de iluminación, la altura de la vegetación, el diseño de espacios, los muros, las zonas ciegas, cómo están diseñados los trayectos, qué elementos nos encontramos cuando caminamos, si hay túneles o puentes” son algunos de los aspectos que hay que tener en cuenta en la configuración del espacio público que describe Sara Ortiz.

Con el objetivo de mejorar la movilidad, desde el colectivo de urbanismo feminista instan a los organismos públicos a revisar la frecuencia del transporte público durante la noche, a promover el transporte colectivo a los centros de trabajo, a elaborar auditorías de seguridad urbana con perspectiva de género, a mejorar la iluminación y la movilidad a pie en zonas de trabajo como la Ciudad Sanitaria del Hospital de Bellvitge o a establecer convenios laborales con visión de género, entre otras medidas.

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