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La fotogenia de Kim Jong-un

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Cada ejercicio balístico de Corea del Norte —y últimamente ha habido tres muy singulares: la detonación de una bomba de hidrógeno de 100 kilotones y dos misiles de crucero que han sobrevolado territorio japonés— invita a una reubicación del reino eremita en el tablero internacional. El resultado nunca varía: Kim Jong-un suele comunicarse lanzando misiles (van 16 este año al cierre de este artículo) y no pierde una oportunidad de cultivar su papel de enfant terrible de la actualidad internacional. Hace unas semanas Kim III, cómodo en su rol de supervillano, se fotografía de espaldas sentado en un escritorio con unos prismáticos a mano, en medio de una pista inmaculada (todo en la Corea que él pisa es inmaculado), dispuesto a disfrutar del espectáculo del lanzamiento de un proyectil Hwasong-12 de rango intermedio y alcance de 3.700 km. “Que me vean así”, cavila, y ordena la difusión de ese retrato de espaldas a través de la sempiterna agencia de noticias nacional, la Korean Central News Agency (KCNA).

Su particular fotogenia está estudiada y le viene de su padre. De Kim Jong Il ha heredado la querencia por la denominada política Songun (“las armas, primero”) y, visto lo visto, su afición por los blockbusters (en la foto solo le falta acariciar un gato de angora para ser el perfecto archienemigo de James Bond). Es fácil imaginar el pánico del fotógrafo al que ha tocado inmortalizar al Querido Camarada si se tiene en cuenta que, en condiciones normales, fotografiarle por la espalda y sin mostrar el cuerpo entero conllevaría pena de cárcel vitalicia.

Pero, ¿qué hay detrás –o delante– de esa imagen tan preparada? Por un lado, esto es obvio, es una demostración de fiereza dirigida al gran enemigo histórico, Estados Unidos, y a su presidente de turno, posiblemente la persona menos conveniente para gestionar las relaciones con Corea desde Harry Truman, hombre que contribuyó de forma clave a la división del país en 1945 meses después de soltar las bombas de Hiroshima y Nagasaki. La fotografía también trata de subrayar la imprevisibilidad de su protagonista. El secreto norcoreano siempre es el mejor guardado: que no quede otra opción que la conjetura. Tanto sabe lo que va a pasar el mejor estudioso de Corea del Norte como el más serio estudioso de las Loterías y Apuestas del Estado: nada. Esto es así.

Pero cómo no preguntárnoslo. ¿Podría el hombre de la foto provocar una guerra –dando una orden a través de ese intercomunicador raro que vemos a su izquierda–, y qué alcance tendría esta? Pese a las bravatas cotidianas, cuesta pensar que tal cosa llegue a suceder. Estados Unidos puede descargar un ataque letal sobre Corea del Norte –Donald Trump acaba de amenazar con hacerlo apenas seis meses después de soltar en Afganistán la bomba GBU-43 sobre “túneles y personal” del Daesh– pero es previsible que a Pyongyang le diera tiempo de atacar Seúl (que está solo a 195 km) o Japón (unos 1.000 km). La amenaza nuclear es virtualmente nula en la península coreana dada la proximidad física de surcoreanos y norcoreanos (50 millones y 25 millones, respectivamente); a ambos los bañaría la misma lluvia ácida con un golpe de viento. Debe saberse que las relaciones con Corea del Sur son buenas dentro de la hostilidad; hace años que el régimen Juche no considera al vecino un adversario sino un pobre hermano equivocado y con quien algún día habrá que reunificarse (bajo bandera comunista, claro está). Lo mismo ocurre con Japón, algo olvidado como enemigo. Cuentan ciertos diplomáticos que Tokio está protegido, en realidad, por protocolos secretos con la mismísima Pyongyang. A nadie interesa matar y morir sin más. Aunque alguien puede decir que de eso se tratan las guerras. La guerra civil de Corea (1950-1953), sin ir más lejos, dejó tres millones de bajas y un inútil empate técnico que dura hasta hoy.

Una de las estrategias más recurrentes de Kim Jong-il fue desarrollar armamento pesado para llamar la atención y lograr bienes que el país, rico en minerales e industria pesada pero con poca superficie cultivable, necesitaba, a cambio de deponer (siempre de forma temporal) su actitud. Hay motivos para pensar que su joven sucesor opere bajo esa misma lógica y que esta sea su tradicional manera de requerir petróleo. Pocos saben que los dos principales donantes de energía y comida humanitarias a Corea del Norte son Estados Unidos y Corea del Sur. El plan solía funcionarle al hijo de Kim Il-sung y padre de Kim Jong-un.

Volvemos al primogénito: Kim Jong-un posa frente a un mapa y al ideal de belleza norcoreano: un misil. En el mapa seguramente aparecen los otros dos países que siempre observan con recelo el problema coreano: Rusia (poco preocupada en las últimas décadas por lo que haga su antiguo amigo comunista) y China (aliado tradicional que últimamente está más próximo a Corea del Sur y que trata de no meterse en demasiados líos con el Norte ante la amenaza de que un derrumbe de su régimen suponga la entrada de millones de refugiados en su país). Lo que ocurra en adelante –incluido, y perdón por la ingenuidad, una posible lentísima glasnost que vaya abriendo el camino a una reunificación a medio plazo– solo lo sabe el hombre de espaldas.

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La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) gana el Premio Nobel de la Paz 2017

Un camión militar transporta misiles nucleares | La Marea

La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) ha recibido este viernes el Premio Nobel de la Paz 2017. El galardón de este año “insta a los Estados nucleares a que inicien las negociaciones para la eliminación gradual en el mundo de 15.000 armas nucleares“, ha explicado el Comité noruego. Y ha añadido: “ICAN ha sido el agente principal de la sociedad civil en los esfuerzos para lograr una prohibición de las armas nucleares bajo el derecho internacional”.

El Comité ha subrayado, como “importante argumento” para la prohibición de las armas, el “inaceptable sufrimiento humano” que provocan y ha destacado que otros tipos de armamento menos destructivo como las minas antipersonas, bombas de racimo y las armas químicas y biológicas ya han sido prohibidas por distintos tratados.

ICAN es una coalición global formada por 331 socios en 80 países que trabaja para movilizar a las personas de todo el mundo “para inspirar, persuadir y presionar a sus gobiernos para que inicien negociaciones para que se firme un tratado que prohi?ba las armas nucleares”, según se autodefine.

Personalidades destacadas como el líder antirracista Desmond Tutu, el Dali Lama, Yoko Ono y Martin Sheen han brindado su apoyo a la campaña.

ICAN sucede en el palmarés al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien fue distinguido por sus “decididos esfuerzos” por llevar la paz a su país tras 52 años de conflicto armado, una decisión que se anunció días después de vencer el “no” en el referéndum colombiano a los acuerdos con la guerrilla de las FARC.

El Nobel de la Paz está dotado con 9 millones de coronas suecas (943.784 euros, 1,1 millones de dólares).

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PP, PSOE y Ciudadanos rechazan vetar la venta de armas a Arabia Saudí

En el centro, el rey Felipe VI junto a Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, rey de Arabia Saudí. FOTO: CASA REAL.

España seguirá vendiendo armamento a Arabia Saudí a pesar de las violaciones de derechos humanos y de la Convención de Ginebra en Yemen gracias a los votos en contra del Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos durante la sesión de la Comisión de Defensa del Congreso celebrada este martes. Unidos Podemos, PDCat y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) votaron a favor del veto a la exportación de armas a Arabia Saudí y también a Iraq, mientras que el PNV se abstuvo.

Actualmente España es el tercer mayor proveedor de material militar al régimen saudí, por detrás de Estados Unidos y Reino Unido, con unas exportaciones de armas que superaron los 1.360 millones de euros entre 2013 y 2016, es decir, 26 veces más que en el trienio anterior (2009-2012).

En 2016 las organizaciones Oxfam Intermón, FundiPau, Aministía Internacional y Greenpace pidieron por carta al Gobierno que vetara la venta de armas españolas a Arabia Saudí después de comprobar que estaban siendo utilizadas para atacar objetivos civiles en Yemen y violar varias ‘leyes de la guerra’ recogidas en la Convención de Ginebra, contribuyendo así a la grave crisis humanitaria que vive ese país. Además, alertan de las violaciones a los derechos humanos de la petromonarquía saudí contra sus propios ciudadanos. Arabia Saudí es, junto a Qatar, uno de los países más relevantes en la difusión del wahabismo, la corriente del islam fundamentalista que nutre el ideario de los combatientes de DAESH.

Entre los principales contratos armamentísticos de España con Arabia Saudí está la fabricación de cinco corbetas en los astilleros de Navantia en Cádiz, con el beneplácito del consistorio gaditano de Podemos. Oxfam Intermón advirtió de que el ejército saudí planea emplear estos buques militares para asediar y bloquear la entrada de víveres al puerto de Saná, capital de Yemen, una acción prohibida por los tratados internacionales por su devastador efecto sobre la población civil.

En la votación de este martes la Comisión de Defensa aprobó dos propuestas para prohibir la venta de armas a países que violen los derechos humanos (una medida ya contemplada en tratados firmados por España) y para mejorar el seguimiento parlamentario de la venta de armas a otros países una vez realizada la entrega del material bélico. No obstante, la negativa del PP, PSOE (preside la Comisión) y Ciudadanos para poner fin a la exportación de armas a la monarquía saudí llega apenas 10 días después de que Civio revelara que en septiembre de 2016, los gobiernos de España y Arabia Saudí firmaron un acuerdo sobre protección mutua de información clasificada en el ámbito de la defensa, un secretismo que varias organizaciones denunciaron por última vez en mayo de este año. Este pacto entró en vigor en agosto y tendrá una duración de cinco años.

España fue uno de los primeros países en ratificar en 2014, con Pedro Morenés al frente del Ministerio de Defensa, el nuevo Tratado Internacional de Comercio de Armas, que prohíbe vender material bélico a gobiernos que cometen atrocidades y violan de manera sistemática los derechos humanos y la legislación internacional. Actualmente España es el sexto mayor exportador de armamento a nivel mundial y es uno de los principales proveedores militares de Egipto, Turquía, Bahréin, Israel, Brasil y Colombia, con gobiernos acusados de emplear armamento de guerra contra la población civil. A pesar de los votos en contra de PP y Ciudadanos, la Comisión de Defensa aprobó este martes pedir al gobierno más detalles sobre las armas exportadas a estos países.

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La interminable guerra en Afganistán se acaba de alargar

Afganistán

En Estados Unidos tenemos dos presidentes: el verdadero Donald Trump y el Trump del teleprompter. El verdadero Trump dice –y tuitea– lo que se le pasa por la mente. El del teleprompter lee desde una pantalla discursos que le preparan. Su voz suena forzada al leerlos, de forma tal que algunas personas comparan estos discursos con el video de un rehén. Las dos versiones de Trump han estado en plena exhibición últimamente, tanto en las declaraciones en las que afirmó la equivalencia moral entre los neonazis y los activistas antifascistas que se congregaron para oponerse a ellos, como en sus ataques a los medios de comunicación y las amenazas con cerrar el gobierno si no se construye su muro fronterizo.

Sin embargo, fue el anuncio que hizo en su discurso del lunes pasado, en el que el presidente Trump prometió que la guerra en Afganistán –la más larga en la historia estadounidense– iba a continuar, lo que podría ser lo más atemorizante de todo, asegurando más sufrimiento y muertes tanto para los soldados estadounidenses como para los civiles afganos.

Matthew Hoh, veterano de guerra, excomandante de la Armada que luchó en Irak, dijo sobre el anuncio en una entrevista para Democracy Now!: “Fue una vil y desagradable demagogia basada en el miedo. Por supuesto, me entristece mucho que no hubiera nada en ese discurso más allá de la perspectiva de más muertes”.

Tras combatir en Irak, Hoh trabajó en el Departamento de Estado estadounidense en Afganistán, cargo al que renunció en 2009. En su carta de renuncia de cuatro páginas, Hoh escribió: “No veo el valor ni el sentido de las continuas bajas de tropas estadounidenses ni de los gastos de recursos en apoyo al gobierno afgano en lo que, en realidad, es una guerra civil que lleva 35 años en curso… No creo que ninguna fuerza militar haya estado a cargo de una misión tan compleja, opaca y hercúlea como la que ha recibido el Ejército estadounidense en Afganistán”.

Donald Trump sostuvo durante mucho tiempo que Estados Unidos debería retirarse de Afganistán. En octubre de 2011, tuiteó: “Es hora de irse de Afganistán. Estamos construyendo carreteras y escuelas para gente que nos odia. No contempla nuestros intereses nacionales”. En enero de 2013, en una rara coincidencia de opinión con el entonces presidente Barack Obama, tuiteó: “Estoy de acuerdo con el presidente Obama en torno a Afganistán. Debemos hacer una rápida retirada. Para qué seguir desperdiciando nuestro dinero… ¡a reconstruir Estados Unidos!”. Más adelante, en las elecciones presidenciales de 2016, obtuvo la mayoría de los delegados del Colegio Electoral y, a pesar de perder el voto popular nacional por tres millones de votos, se convirtió en presidente del país.

El lunes, en un discurso en la base militar Fort Myer, justo al lado del Cementerio Nacional de Arlington, el Trump del teleprompter dijo: “Poco después de asumir la presidencia, instruí al secretario de Defensa Mattis y a mi equipo de seguridad nacional para que emprendieran una revisión exhaustiva de todas las opciones estratégicas en Afganistán y el sur de Asia”. El círculo íntimo de Trump en la Casa Blanca se ha reducido a sus familiares y sus generales: el general John Kelly, jefe de Gabinete; el general James Perro Loco Mattis, secretario de Defensa y el teniente general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional. Después de una reunión en Camp David con estos generales y otros asesores militares, Trump anunció en su discurso de Fort Myer su compromiso de enviar miles de tropas más y de destinar decenas de miles de millones de dólares de los impuestos de los ciudadanos para la guerra en Afganistán.

Kathy Kelly, tal como Matthew Hoh, tiene una amplia experiencia en Afganistán. Como activista por la paz del grupo Voces por la No-violencia Creativa fue nominada en dos ocasiones para el Premio Nobel de la Paz. Ella está de acuerdo con Hoh respecto a que el gobierno de Afganistán, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos, se ha venido abajo y no está ofreciendo ninguna seguridad contra los diversos caudillos de la guerra afganos.

En una entrevista para Democracy Now!, Kelly explicó: “Estados Unidos es uno más de los varios caudillos militares del país en este momento. Sin duda es el que está más armado y el que tiene mayor acceso a fondos, pero Estados Unidos no ha favorecido ningún tipo de gobierno que haya sido conveniente para el pueblo de Afganistán”.

El periódico The New York Times informó recientemente que el presidente Trump está siendo informalmente asesorado sobre Afganistán por el multimillonario inversionista Stephen Feinberg, propietario de la empresa contratista militar DynCorp, y que Trump podría estar procurando el control por parte de Estados Unidos de la riqueza mineral aún sin explotar de Afganistán, que se estima que tiene un valor de un billón de dólares. Kathy Kelly responde al respecto: “Afganistán es un país que necesita poder alimentar a su pueblo, no enviarlo a mazmorras y minas para trabajar como siervos. Para restaurar la infraestructura agrícola se debería volver a sembrar los huertos, limpiar los sistemas de riego, reponer los rebaños. Se necesitaría desvincular a la gente del comercio del opio. Esas son cosas que se podrían hacer”.

El presidente Trump debería reunirse un fin de semana en Camp David con activistas por la