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Trump y su huracán de odio

Como si el huracán Harvey no hubiera causado suficiente temor en Texas, el presidente Donald Trump acaba de desencadenar una tormenta de miedo en las comunidades inmigrantes de todo el país. El martes, el fiscal general Jeff Sessions anunció que Trump va a cancelar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), que otorga a casi 800.000 jóvenes inmigrantes permiso para vivir y trabajar en Estados Unidos.

El presidente Barack Obama implementó este programa en 2012 tras casi una década de protestas por parte de jóvenes indocumentados que instaban al Congreso a aprobar la ley conocida como DREAM Act, que otorgaría un estatus legal permanente a muchos jóvenes inmigrantes que llegaron a Estados Unidos en la infancia. El presidente Obama calificó el ataque de Trump contra el programa DACA de “autodestructivo” y “cruel”.

El alcalde de Boston, Marty Walsh, declaró a la Casa Blanca: “Puedo decirle lo siguiente a la Casa Blanca de forma honesta: no los queremos aquí en Boston. No queremos nada que sea parte de ustedes en Boston. Nos las estamos arreglando perfectamente sin ustedes. Considero lamentable el mensaje que están enviando el presidente y el fiscal general de Estados Unidos a tantos jóvenes virtuosos”.

Houston alberga a unos 85.000 beneficiarios del DACA, también conocidos como “soñadores”, o “DREAMers” en inglés. A nivel nacional, el 95% de los DREAMers trabaja o estudia. La orden de Trump implica que los beneficiarios del DACA –a quienes Trump afirma “amar”– podrían ser deportados a partir de marzo. Esto ha provocado una gran conmoción en toda la comunidad latina. Dado que los latinos comprenden casi la mitad de la población de Houston, ¿quién va a poner el trabajo, las habilidades y el dinero para reconstruir la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos tras la devastación que dejó el huracán?

El beneficiario del DACA César Espinosa se transformó en un héroe tras el huracán Harvey. Es el director ejecutivo de FIEL, una organización sin fines de lucro con sede en Houston que durante la tormenta fue puerta a puerta alentando a los habitantes latinos, que temían tanto a la tormenta como a la policía de inmigración, a salir de sus hogares inundados y buscar ayuda. Espinosa dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Acabamos de sufrir uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos, y [Trump] decide llevar a cabo la medida en este momento. ¿Por qué?”.

Espinosa, que llegó a Estados Unidos junto con sus padres hace 25 años, cuando tenía tan solo seis años de edad, dio la respuesta a su pregunta: “Cada vez que el presidente Trump vive un fracaso, vuelve al tema de la inmigración para desviar la atención y obtener más apoyo a su favor. Así que le pedimos que se deje de juegos, específicamente con la comunidad DREAMer, pero también con la comunidad de inmigrantes en general. Porque no somos un juguete. Somos seres humanos, tenemos derechos humanos y merecemos estar aquí junto con nuestras familias”.

El fin de semana pasado viajamos a Houston para ver de cerca el impacto del huracán Harvey. Rápidamente nos quedó claro que estábamos presenciando las consecuencias de dos catástrofes gemelas: el cambio climático y el racismo. En la acera de enfrente de la refinería de Exxon Mobil en Baytown, la segunda refinería de petróleo más grande de Estados Unidos, hablamos con Carlos Caban, pastor del Templo Emanuel: “Esta es una comunidad de personas con ingresos realmente bajos. Esta casa estaba con agua hasta aquí, hasta las luces traseras de su vehículo”. El pastor Caban señaló a los sobrevivientes de la inundación que se encontraban en su iglesia realizando tareas de recepción y distribución de agua y vestimenta, y nos mostró fotos de la filtración de productos químicos de la refinería a los ríos de agua que inundaron las calles y las casas de la población.

Le preguntamos también sobre las chimeneas de la planta, que siguieron quemando químicos incluso durante la tormenta, y que es lo más preocupante de esas llamas. El pastor Caban nos respondió: “El benceno que, como sabemos, es un carcinógeno. Y el benceno es un aditivo para la gasolina y el diésel. Y es un subproducto de lo que hacen en la refinería. Es una de las peores cosas que se pueda imaginar”. Gracias a las exenciones concedidas por la Agencia de Protección Ambiental, en las chimeneas de las refinerías se siguen quemando los productos químicos de la planta, que permanece temporalmente cerrada. En todo el estado de Texas, uno de los más desregulados, las comunidades pobres viven bajo la sombra tóxica de la industria petroquímica.

El pastor Caban indicó que muchos habitantes latinos permanecieron en sus casas a pesar de las inundaciones y el moho: “Tienen miedo de salir a buscar ayuda. Algunos piensan que [los agentes de] inmigración los van a capturar”. Estos temores están justificados: estaba previsto que Texas prohibiera oficialmente las “ciudades refugio” a partir del 1 de septiembre, con amenazas de sanciones penales y multas a los jefes de policía y autoridades municipales en caso de que no quisieran cooperar con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. En medio del caos generado por el huracán Harvey, dos días antes de que entrara en vigor la nueva ley, un juez federal la bloqueó provisoriamente.

El pastor Caban declaró a Democracy Now! que su comunidad no había recibido la visita de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias ni de la Cruz Roja. ¿Se sentía olvidado? Su respuesta fue que sí.

Volvimos a Houston para entrevistar al Dr. Robert Bullard, que acababa de volver a su casa tras haber tenido que evacuarla. Bullard, distinguido profesor de Universidad del Sur de Texas, una universidad históricamente negra, es conocido por ser fundador del movimiento por la justicia ambiental. El académico explicó: “Cuando observamos el color de la vulnerabilidad y observamos qué comunidades son las que presentan un mayor riesgo de sufrir desastres e inundaciones como estos, históricamente han sido comunidades de bajos ingresos y comunidades de color. Comunidades que viven en zonas de baja altitud, con mayor probabilidad de inundarse, y es muy difícil obtener seguro; no solo seguro por inundaciones, sino cualquier seguro común, por ser zonas calificadas como de riesgo. Por lo tanto, lo que Harvey ha hecho es exponer esas desigualdades que ya existían antes de la tormenta”.

Al señalar que ni el presidente Trump ni el gobernador de Texas, Greg Abbott, creen en la ciencia del clima, Bullard observó con ironía: “Nos encontramos en un estado de negación llamado Texas”. Frente a la oposición nacional a la rescisión del programa DACA, Trump dijo que podría ‘reconsiderar el tema’ en seis meses. Muchos temen que intente obligar al Congreso a vincular el pago de su muro fronterizo con el futuro de los 800.000 DREAMers.

La única forma de hacer que Trump dé marcha atrás es enfrentarlo a una gran presión popular. Dolores Huerta, activista por los derechos civiles de larga trayectoria, dijo en Democracy Now!: “El muro que tenemos que construir es el muro de la resistencia”.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Trump y su huracán de odio

Como si el huracán Harvey no hubiera causado suficiente temor en Texas, el presidente Donald Trump acaba de desencadenar una tormenta de miedo en las comunidades inmigrantes de todo el país. El martes, el fiscal general Jeff Sessions anunció que Trump va a cancelar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), que otorga a casi 800.000 jóvenes inmigrantes permiso para vivir y trabajar en Estados Unidos.

El presidente Barack Obama implementó este programa en 2012 tras casi una década de protestas por parte de jóvenes indocumentados que instaban al Congreso a aprobar la ley conocida como DREAM Act, que otorgaría un estatus legal permanente a muchos jóvenes inmigrantes que llegaron a Estados Unidos en la infancia. El presidente Obama calificó el ataque de Trump contra el programa DACA de “autodestructivo” y “cruel”.

El alcalde de Boston, Marty Walsh, declaró a la Casa Blanca: “Puedo decirle lo siguiente a la Casa Blanca de forma honesta: no los queremos aquí en Boston. No queremos nada que sea parte de ustedes en Boston. Nos las estamos arreglando perfectamente sin ustedes. Considero lamentable el mensaje que están enviando el presidente y el fiscal general de Estados Unidos a tantos jóvenes virtuosos”.

Houston alberga a unos 85.000 beneficiarios del DACA, también conocidos como “soñadores”, o “DREAMers” en inglés. A nivel nacional, el 95% de los DREAMers trabaja o estudia. La orden de Trump implica que los beneficiarios del DACA –a quienes Trump afirma “amar”– podrían ser deportados a partir de marzo. Esto ha provocado una gran conmoción en toda la comunidad latina. Dado que los latinos comprenden casi la mitad de la población de Houston, ¿quién va a poner el trabajo, las habilidades y el dinero para reconstruir la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos tras la devastación que dejó el huracán?

El beneficiario del DACA César Espinosa se transformó en un héroe tras el huracán Harvey. Es el director ejecutivo de FIEL, una organización sin fines de lucro con sede en Houston que durante la tormenta fue puerta a puerta alentando a los habitantes latinos, que temían tanto a la tormenta como a la policía de inmigración, a salir de sus hogares inundados y buscar ayuda. Espinosa dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Acabamos de sufrir uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos, y [Trump] decide llevar a cabo la medida en este momento. ¿Por qué?”.

Espinosa, que llegó a Estados Unidos junto con sus padres hace 25 años, cuando tenía tan solo seis años de edad, dio la respuesta a su pregunta: “Cada vez que el presidente Trump vive un fracaso, vuelve al tema de la inmigración para desviar la atención y obtener más apoyo a su favor. Así que le pedimos que se deje de juegos, específicamente con la comunidad DREAMer, pero también con la comunidad de inmigrantes en general. Porque no somos un juguete. Somos seres humanos, tenemos derechos humanos y merecemos estar aquí junto con nuestras familias”.

El fin de semana pasado viajamos a Houston para ver de cerca el impacto del huracán Harvey. Rápidamente nos quedó claro que estábamos presenciando las consecuencias de dos catástrofes gemelas: el cambio climático y el racismo. En la acera de enfrente de la refinería de Exxon Mobil en Baytown, la segunda refinería de petróleo más grande de Estados Unidos, hablamos con Carlos Caban, pastor del Templo Emanuel: “Esta es una comunidad de personas con ingresos realmente bajos. Esta casa estaba con agua hasta aquí, hasta las luces traseras de su vehículo”. El pastor Caban señaló a los sobrevivientes de la inundación que se encontraban en su iglesia realizando tareas de recepción y distribución de agua y vestimenta, y nos mostró fotos de la filtración de productos químicos de la refinería a los ríos de agua que inundaron las calles y las casas de la población.

Le preguntamos también sobre las chimeneas de la planta, que siguieron quemando químicos incluso durante la tormenta, y que es lo más preocupante de esas llamas. El pastor Caban nos respondió: “El benceno que, como sabemos, es un carcinógeno. Y el benceno es un aditivo para la gasolina y el diésel. Y es un subproducto de lo que hacen en la refinería. Es una de las peores cosas que se pueda imaginar”. Gracias a las exenciones concedidas por la Agencia de Protección Ambiental, en las chimeneas de las refinerías se siguen quemando los productos químicos de la planta, que permanece temporalmente cerrada. En todo el estado de Texas, uno de los más desregulados, las comunidades pobres viven bajo la sombra tóxica de la industria petroquímica.

El pastor Caban indicó que muchos habitantes latinos permanecieron en sus casas a pesar de las inundaciones y el moho: “Tienen miedo de salir a buscar ayuda. Algunos piensan que [los agentes de] inmigración los van a capturar”. Estos temores están justificados: estaba previsto que Texas prohibiera oficialmente las “ciudades refugio” a partir del 1 de septiembre, con amenazas de sanciones penales y multas a los jefes de policía y autoridades municipales en caso de que no quisieran cooperar con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. En medio del caos generado por el huracán Harvey, dos días antes de que entrara en vigor la nueva ley, un juez federal la bloqueó provisoriamente.

El pastor Caban declaró a Democracy Now! que su comunidad no había recibido la visita de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias ni de la Cruz Roja. ¿Se sentía olvidado? Su respuesta fue que sí.

Volvimos a Houston para entrevistar al Dr. Robert Bullard, que acababa de volver a su casa tras haber tenido que evacuarla. Bullard, distinguido profesor de Universidad del Sur de Texas, una universidad históricamente negra, es conocido por ser fundador del movimiento por la justicia ambiental. El académico explicó: “Cuando observamos el color de la vulnerabilidad y observamos qué comunidades son las que presentan un mayor riesgo de sufrir desastres e inundaciones como estos, históricamente han sido comunidades de bajos ingresos y comunidades de color. Comunidades que viven en zonas de baja altitud, con mayor probabilidad de inundarse, y es muy difícil obtener seguro; no solo seguro por inundaciones, sino cualquier seguro común, por ser zonas calificadas como de riesgo. Por lo tanto, lo que Harvey ha hecho es exponer esas desigualdades que ya existían antes de la tormenta”.

Al señalar que ni el presidente Trump ni el gobernador de Texas, Greg Abbott, creen en la ciencia del clima, Bullard observó con ironía: “Nos encontramos en un estado de negación llamado Texas”. Frente a la oposición nacional a la rescisión del programa DACA, Trump dijo que podría ‘reconsiderar el tema’ en seis meses. Muchos temen que intente obligar al Congreso a vincular el pago de su muro fronterizo con el futuro de los 800.000 DREAMers.

La única forma de hacer que Trump dé marcha atrás es enfrentarlo a una gran presión popular. Dolores Huerta, activista por los derechos civiles de larga trayectoria, dijo en Democracy Now!: “El muro que tenemos que construir es el muro de la resistencia”.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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La interminable guerra en Afganistán se acaba de alargar

Afganistán

En Estados Unidos tenemos dos presidentes: el verdadero Donald Trump y el Trump del teleprompter. El verdadero Trump dice –y tuitea– lo que se le pasa por la mente. El del teleprompter lee desde una pantalla discursos que le preparan. Su voz suena forzada al leerlos, de forma tal que algunas personas comparan estos discursos con el video de un rehén. Las dos versiones de Trump han estado en plena exhibición últimamente, tanto en las declaraciones en las que afirmó la equivalencia moral entre los neonazis y los activistas antifascistas que se congregaron para oponerse a ellos, como en sus ataques a los medios de comunicación y las amenazas con cerrar el gobierno si no se construye su muro fronterizo.

Sin embargo, fue el anuncio que hizo en su discurso del lunes pasado, en el que el presidente Trump prometió que la guerra en Afganistán –la más larga en la historia estadounidense– iba a continuar, lo que podría ser lo más atemorizante de todo, asegurando más sufrimiento y muertes tanto para los soldados estadounidenses como para los civiles afganos.

Matthew Hoh, veterano de guerra, excomandante de la Armada que luchó en Irak, dijo sobre el anuncio en una entrevista para Democracy Now!: “Fue una vil y desagradable demagogia basada en el miedo. Por supuesto, me entristece mucho que no hubiera nada en ese discurso más allá de la perspectiva de más muertes”.

Tras combatir en Irak, Hoh trabajó en el Departamento de Estado estadounidense en Afganistán, cargo al que renunció en 2009. En su carta de renuncia de cuatro páginas, Hoh escribió: “No veo el valor ni el sentido de las continuas bajas de tropas estadounidenses ni de los gastos de recursos en apoyo al gobierno afgano en lo que, en realidad, es una guerra civil que lleva 35 años en curso… No creo que ninguna fuerza militar haya estado a cargo de una misión tan compleja, opaca y hercúlea como la que ha recibido el Ejército estadounidense en Afganistán”.

Donald Trump sostuvo durante mucho tiempo que Estados Unidos debería retirarse de Afganistán. En octubre de 2011, tuiteó: “Es hora de irse de Afganistán. Estamos construyendo carreteras y escuelas para gente que nos odia. No contempla nuestros intereses nacionales”. En enero de 2013, en una rara coincidencia de opinión con el entonces presidente Barack Obama, tuiteó: “Estoy de acuerdo con el presidente Obama en torno a Afganistán. Debemos hacer una rápida retirada. Para qué seguir desperdiciando nuestro dinero… ¡a reconstruir Estados Unidos!”. Más adelante, en las elecciones presidenciales de 2016, obtuvo la mayoría de los delegados del Colegio Electoral y, a pesar de perder el voto popular nacional por tres millones de votos, se convirtió en presidente del país.

El lunes, en un discurso en la base militar Fort Myer, justo al lado del Cementerio Nacional de Arlington, el Trump del teleprompter dijo: “Poco después de asumir la presidencia, instruí al secretario de Defensa Mattis y a mi equipo de seguridad nacional para que emprendieran una revisión exhaustiva de todas las opciones estratégicas en Afganistán y el sur de Asia”. El círculo íntimo de Trump en la Casa Blanca se ha reducido a sus familiares y sus generales: el general John Kelly, jefe de Gabinete; el general James Perro Loco Mattis, secretario de Defensa y el teniente general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional. Después de una reunión en Camp David con estos generales y otros asesores militares, Trump anunció en su discurso de Fort Myer su compromiso de enviar miles de tropas más y de destinar decenas de miles de millones de dólares de los impuestos de los ciudadanos para la guerra en Afganistán.

Kathy Kelly, tal como Matthew Hoh, tiene una amplia experiencia en Afganistán. Como activista por la paz del grupo Voces por la No-violencia Creativa fue nominada en dos ocasiones para el Premio Nobel de la Paz. Ella está de acuerdo con Hoh respecto a que el gobierno de Afganistán, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos, se ha venido abajo y no está ofreciendo ninguna seguridad contra los diversos caudillos de la guerra afganos.

En una entrevista para Democracy Now!, Kelly explicó: “Estados Unidos es uno más de los varios caudillos militares del país en este momento. Sin duda es el que está más armado y el que tiene mayor acceso a fondos, pero Estados Unidos no ha favorecido ningún tipo de gobierno que haya sido conveniente para el pueblo de Afganistán”.

El periódico The New York Times informó recientemente que el presidente Trump está siendo informalmente asesorado sobre Afganistán por el multimillonario inversionista Stephen Feinberg, propietario de la empresa contratista militar DynCorp, y que Trump podría estar procurando el control por parte de Estados Unidos de la riqueza mineral aún sin explotar de Afganistán, que se estima que tiene un valor de un billón de dólares. Kathy Kelly responde al respecto: “Afganistán es un país que necesita poder alimentar a su pueblo, no enviarlo a mazmorras y minas para trabajar como siervos. Para restaurar la infraestructura agrícola se debería volver a sembrar los huertos, limpiar los sistemas de riego, reponer los rebaños. Se necesitaría desvincular a la gente del comercio del opio. Esas son cosas que se podrían hacer”.

El presidente Trump debería reunirse un fin de semana en Camp David con activistas por la paz, así como con civiles afganos, que conocen su país y su sufrimiento mejor que nadie. No obstante, si tenemos en cuenta lo que hemos aprendido sobre Donald Trump en los primeros siete meses de su presidencia –ya sea sobre el verdadero Trump o el hombre del teleprompter– podemos asumir que ese tipo de reunión no está en el guion.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Medicare para todos: la solución a nuestros males

La promesa del Presidente Trump de derogar Obamacare o la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, está por volverse realidad, al tiempo que el Senado hace pública su propia versión —redactada en secreto— de la nueva Ley de Cuidado de Salud de Estados Unidos de la Cámara de Representantes, el proyecto de ley que el propio Trump defendió y que recientemente criticó. La mayoría republicana del Senado pretende que el proyecto de ley se apruebe antes del feriado del 4 de julio. Como resultado de Obamacare decenas de millones de estadounidenses ahora tienen algún tipo de atención de salud, aunque el plan adolece de sus propios problemas. Debido a que la atención de la salud representa una sexta parte de la economía estadounidense, el debate político entre un muy mal proyecto de ley republicano y el menos malo Obamacare podría dejar un espacio libre para lograr una solución razonable, como ocurre en casi todos los países desarrollados: un sistema de salud de pagador único.

Este sistema ya está en práctica en Estados Unidos y ha tenido muy buena recepción. Se llama «Medicare», el programa financiado con los impuestos de los contribuyentes que garantiza atención de la salud a las personas mayores y las personas con discapacidad. Las encuestas públicas realizadas después de la Segunda Guerra Mundial demostraban que existía un amplio apoyo para esta propuesta. Medicare se convirtió en ley en 1965. En el tristemente célebre discurso de lanzamiento de candidatura que Trump realizó en junio de 2015, además de atacar a los mexicanos al calificarlos de «violadores», también prometió: «Salvemos a Medicare, Medicaid y a la seguridad social sin recortes. Debemos hacerlo».

Si el actual proyecto de ley sigue su curso y es aprobado, Donald Trump deberá decidir si romperá su promesa. Si bien el proyecto de ley debe aprobarse primero en el Senado y luego pasar por un proceso en el que se deben reconciliar los proyectos de ley de la Cámara de Representantes y el Senado, como mínimo, recortará los fondos de Medicaid.

El motivo por el cual muchos opositores de Trumpcare lo denominan «cuidado de la riqueza y no de la salud» es que elimina el impuesto de Obamacare a los estadounidenses más ricos. Mientras ellos obtienen una exención impositiva, decenas de millones de estadounidenses se quedarán sin seguro de salud. Otros seguirán sin poder acceder a él, o se verán obligados a comprar planes vacíos que ofrecen cobertura mínima, o planes con abultados deducibles y copagos. A las personas que padecen las denominadas «afecciones preexistentes» les resultará prácticamente imposible obtener un seguro de salud en la mayoría de los estados. Un estudio reciente de Kaiser Family Foundation calcula que más de 52 millones de personas «no mayores» padecen afecciones preexistentes. Kaiser aclara «no mayores», dado que las personas mayores, que reciben cobertura a través de Medicare, no pueden ser excluidas por padecer afecciones preexistentes.

Actualmente, de una población total de 320 millones de habitantes en Estados Unidos, tan solo 57 millones de adultos mayores y personas con discapacidad son beneficiarias de Medicare. No hay un motivo racional por el cual Medicare no pueda ampliarse para cubrir a todos los estadounidenses, independientemente de su edad, desde que nacen hasta que mueren. Los defensores del sistema de atención de salud de pagador único denominan a esto «Medicare para todos».

Medicare para todos mantendría el sistema actual de hospitales privados y sin fines de lucro, consultorios médicos y otros aspectos conocidos del sistema de salud de Estados Unidos. La principal diferencia es que las aseguradoras de salud, tal cual las conocemos, dejarían de existir. Las aseguradoras no proporcionan atención de salud. Actúan como administradoras, procesan facturas y obtienen ganancias desorbitantes a costa del dolor de las personas y pagan a sus directores salarios muy elevados. Se ahorraría muchísimo dinero y el sistema probablemente sería mucho más aceptado que Medicare.

Hay señales esperanzadoras a favor del sistema de pagador único. El congresista John Conyers, el miembro más antiguo del Congreso (que ha ocupado su banca desde 1965, el año en que comenzó Medicare), ha propuesto el proyecto de ley H.R. 676 o Ley por un Medicare más amplio y mejorado para todos. Actualmente cuenta con el sorprendente apoyo de 112 copatrocinadores (todos demócratas). Dado que es improbable que las mayorías republicanas de ambas cámaras apoyen este proyecto de ley, algunos activistas están llevando la lucha a los estados. La Ley California Saludable, SB 562, otorgaría cobertura de salud a todos los habitantes del estado de California, y ya ha sido aprobada en el Senado estatal. La Asamblea, controlada por los demócratas, la está estudiando en este momento. En el estado de Nueva York, un proyecto de ley ha sido aprobado por la Asamblea y será discutido en el Senado estatal de Nueva York, donde los republicanos controlan la cámara por un escaño.

Detrás de toda la legislación existe un movimiento de base creciente y diverso. Hay grupos nacionales que han estado trabajando durante años, entre ellos Healthcare-NOW!, Médicos por un Programa de Salud Nacional y sindicatos como el sindicato de enfermeros National Nurses United. Las coaliciones estatales educan, organizan y presionan a los legisladores y a políticos destacados como Bernie Sanders para que junten a sus seguidores e impulsen esta iniciativa.

El sistema Medicare de Canadá, que brinda cobertura a todos los habitantes del país, comenzó en la provincia rural de Saskatchewan y luego se extendió a todo el país. Mientras los canales de televisión por cable solo hablan de la batalla entre Obamcare y Trumpcare, el movimiento a favor de un sistema de salud de pagador único, que no sale en las noticias, está creciendo. Al igual que ocurre con todos los grandes cambios en la historia, cuando el pueblo lidera, los líderes lo siguen.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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La Casa Blanca en venta: dinero y corrupción en la era Trump

“Emolumento” es una palabra que solía usarse muy poco, e incluso era prácticamente desconocida, hasta que Donald Trump asumió la presidencia. Ahora circula en las noticias políticas de forma cotidiana, y es el núcleo de varias demandas judiciales que acusan al presidente Trump de corrupción. El problema de las retribuciones extras que percibe un funcionario público es algo que se menciona en pocas ocasiones en la Constitución de Estados Unidos: una de ellas es en la cláusula de emolumentos extranjeros. Hay una cláusula paralela de emolumentos domésticos, que según los demandantes Trump también estaría infringiendo. Trump dijo al periódico The New York Times en noviembre del año pasado, después de ganar en el Colegio Electoral pero perder en el voto popular: “La ley está completamente de mi lado, es decir, el presidente no puede tener conflicto de intereses”. Esta ola de demandas judiciales va en contra de su declaración, a medida que se acumulan pruebas de su enriquecimiento personal gracias a la presidencia.

La octava cláusula del Artículo I, Sección 9 de la Constitución estadounidense establece: “Ningún título de nobleza será otorgado por Estados Unidos: y ninguna persona que tenga un cargo retribuido o de confianza aceptará, sin el consentimiento del Congreso, ningún presente, emolumento, cargo o título, de cualquier clase, de cualquier rey, príncipe o Estado extranjero”. Nadie acusa a Trump de aceptar un título de nobleza, aunque ¿quién se sorprendería si lo hiciera? Pero una abundancia de emolumentos parece haberle caído a Trump desde que asumió el cargo, algunos recibidos de manos de gobiernos extranjeros con importantes negocios con Estados Unidos. Hasta el momento, tres prominentes demandas procuran remediar esta situación. Una de ellas fue presentada pocos días después de que Trump asumiera el cargo por el observatorio sin fines de lucro CREW (Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington). Otro fue presentado el lunes por los fiscales generales de Washington DC y Maryland. Y a pesar del tumulto en Washington causado por el terrible tiroteo en una práctica de béisbol de congresistas republicanos en la que cinco personas resultaron heridas –entre ellas Steve Scalise, jefe de bancada de la Mayoría republicana de la Cámara de Representantes– una tercera demanda fue presentada el miércoles por aproximadamente 200 miembros demócratas del Congreso.

Nunca antes en la historia de Estados Unidos se había generado una serie tan importante de conflictos de interés con negocios reales y potenciales del presidente. Donald Trump tiene inversiones en bienes raíces y otros negocios en todo el mundo. La revista The Atlantic ha estado compilando una lista de sus potenciales conflictos de interés y ha enumerado no menos de 44 casos graves en los cuales su beneficio personal podría depender de acciones gubernamentales o políticas de Estados Unidos sobre las cuales preside.

La demanda de CREW denuncia un canal directo de dinero proveniente de gobiernos extranjeros para la familia Trump a través del nuevo Hotel Trump International en la avenida Pennsylvania, a pocas cuadras de la Casa Blanca. CREW alega que “desde las elecciones del 8 de noviembre de 2016, diplomáticos extranjeros se han hospedado en el hotel del demandado, ansiosos de recibir el favor del demandado y temerosos de lo que pudiera pensar o hacer si recurrían a los servicios de otros hoteles de Washington. El hotel también contrató a un ‘director de reservas diplomáticas’ para facilitar los negocios con Estados extranjeros y sus diplomáticos y agentes”. La demanda continúa: “Un diplomático de Medio Oriente declaró al [periódico] The Washington Post sobre el hotel: ‘Créanme, todas las delegaciones irán allí’”.

La demanda impulsada por los fiscales generales de Washington DC y Maryland explica: “Después de la toma de posesión presidencial del acusado, este sigue ejerciendo la propiedad y control de cientos de empresas en todo el mundo, como hoteles y otras propiedades. Su imperio de negocios comprende una variedad de corporaciones, sociedades de responsabilidad limitada, sociedades en comandita y otras entidades que posee o controla, totalmente o en parte, que operan en Estados Unidos y al menos en 20 países extranjeros”. La demanda fue presentada para que, entre otras cosas, “las familias estadounidenses no tengan que estar adivinando si un presidente que envía a sus hijos e hijas a morir en tierras extranjeras actúa en base a sus intereses comerciales privados”.

La demanda del Congreso, encabezada por el senador de Connecticut Richard Blumenthal y el congresista de Washington John Conyers, reitera muchas de las presuntas violaciones constitucionales de la cláusula sobre emolumentos por parte de Trump, pero se centra en un punto clave: “sin el consentimiento del Congreso”. Esta demanda pretende que los tribunales obliguen a Trump a solicitar la aprobación del Congreso antes de recibir retribuciones dinerarias, o “emolumentos”, que provengan de negocios con Estados extranjeros. Una condición fundamental que exigen los demócratas del Congreso es la publicación de las declaraciones de impuestos de Trump.

La codirectora del Programa de Libertad y Seguridad Nacional del Centro Brennan por la Justicia, Elizabeth Goitein, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Hemos visto una y otra vez que este presidente cree estar por encima de la ley de varias formas. En una democracia nadie está por encima de la ley, ni el presidente ni nadie más”.

El mismo día en que los demócratas del Congreso presentaron su demanda, el periódico The Washington Post publicó la noticia de que el asesor especial Robert Mueller estaba investigando a Trump por una posible obstrucción de la justicia en relación con el despido del director del FBI, James Comey. Todo esto justo el día del cumpleaños número 71 de Donald Trump.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Ahora que James Comey declara bajo juramento sería una lástima no preguntarle sobre el historial de conductas ilegítimas del FBI

Caricatura de James Comey. Foto: Federal Bureau of Investigation.

Esta semana, la expertocracia ha puesto el foco de atención en la comparecencia del exdirector del FBI James Comey, quien fue despedido del cargo por Trump el mes pasado, ante el Comité de Inteligencia del Senado. En los medios se considera que no ha habido testimonio de tamaña importancia desde el escándalo Watergate. La expectativa, que no ha sido declarada explícitamente pero sí insinuada, es que Comey de comienzo a un largo y caluroso verano de revelaciones perjudiciales que conducirán a la renuncia o destitución del presidente Donald Trump. Gran parte de las principales figuras de las cadenas de noticias, muchas de las cuales fueron difamadas personalmente por Trump en algún momento desde que lanzó su campaña para la presidencia el 16 de junio de 2015, quedarán satisfechas si su trabajo contribuye a que Trump deje su cargo, voluntariamente o no. Comey se ha convertido en una especie de caballero blanco, cabalgando para salvar a la república con sus numerosos memorandos y sus refinadas habilidades retóricas.

Por asociación, el propio FBI se ha convertido en el favorito de los opositores de Trump. Pero esta fuerza policial federal, poderosa y hermética, esta agencia de espionaje interno, tiene una larga, oscura y, a menudo, violenta historia de represión de la disidencia en Estados Unidos. Sería una lástima tener a Comey testificando bajo juramento y no hacerle preguntas importantes acerca de la mala conducta profesional del FBI, tanto histórica como actual.

Los senadores podrían considerar hacerle al señor Comey, por ejemplo, algunas de estas cuatro preguntas:

Número uno. ¿Cuál es el alcance de la vigilancia de periodistas que realiza el FBI?

Las grandilocuentes arremetidas de Donald Trump contra la prensa son, al menos, realizadas abiertamente. Por lo general se dan en el contexto de sus actos políticos o a través de Twitter. Sus ataques son viles y deben ser cuestionados para que dejen de suceder. Pero el FBI, en cambio, detenta un enorme poder para vigilar y censurar periodistas mediante la emisión de las Cartas de Seguridad Nacional (NSL, por su sigla en inglés). La Fundación Frontera Electrónica calificó a las Cartas de Seguridad Nacional como “uno de los poderes más aterradores e invasivos” de la Ley Patriota estadounidense. El periodista ganador del Premio Pulitzer James Risen escribió en el periódico The New York Times: “Durante [el gobierno de] Obama, el Departamento de Justicia y el FBI han espiado a periodistas”. Risen sabe de lo que habla: fue uno de los perseguidos. Ahora le preocupa que Trump tenga los mismos poderes. Trump, presuntamente, le habría sugerido a Comey que los periodistas que filtraran información debían ser encarcelados.

Número dos. ¿Por qué el FBI calificó de posibles terroristas a los pacíficos protectores del agua de la tribu Sioux de Standing Rock, en Dakota del Norte? ¿Y por qué hubo una infiltración similar del FBI en los movimientos Occupy Wall Street y Black Lives Matter (en español: Las vidas afroestadounidenses importan y Ocupa Wall Street)?

Una de las protestas públicas más importantes en décadas ocurrió a lo largo de un tramo solitario de una carretera que atraviesa el territorio sioux de Standing Rock, que fue confiscado por el gobierno estadounidense violando tratados firmados en el pasado. En febrero, el periódico The Guardian informó que “varios oficiales de las fuerzas especiales conjuntas contra el terrorismo del FBI [JTTF, por su sigla en inglés] intentaron contactar a por lo menos tres personas vinculadas al movimiento de ‘protectores del agua’ de Standing Rock”. El informe agregó que “los tres contactos se hicieron pocas semanas después de la asunción de Trump”, mientras Comey estaba a cargo del FBI. Información filtrada posteriormente publicada por el medio The Intercept reveló que la empresa paramilitar privada TigerSwan había sido contratada para infiltrarse y perjudicar al movimiento contra el oleoducto, etiquetando a los activistas pacíficos de “insurgentes”. Comey y el FBI deben responder por esta actividad que constituye una violación de la de la Primera Enmienda y por otras intrusiones similares en los movimientos Black Lives Matter y Occupy Wall Street.

Pregunta número tres. En cuanto al programa de contrainteligencia del FBI que reprimió ilegalmente a los disidentes en las décadas de 1950, 1960 y 1970, el COINTELPRO, ¿cuántas de las personas que fueron blanco del programa y siguen encarceladas, como el activista del Movimiento Indígena Estadounidense Leonard Peltier y los numerosos ex miembros de las Panteras Negras, fueron encarceladas como consecuencia de la mala conducta profesional del FBI?

El FBI realizó una sofisticada campaña contra la disidencia en Estados Unidos bajo la dirección corrupta de J. Edgar Hoover. Activistas por la paz, dirigentes sindicales y grupos radicales como Panteras Negras, Young Lords y el Movimiento Indígena Estadounidense fueron blanco de arresto y encarcelamiento bajo pretextos falsos, infiltrados y afectados por informantes contratados y, en casos como el del líder de las Panteras Negras en Chicago, Fred Hampton, asesinato. Muchas víctimas del COINTELPRO siguen languideciendo en la cárcel. El FBI ha pasado décadas negando sus acciones criminales en los casos al tiempo que obstruye las solicitudes de documentos en virtud de la Ley de Libertad de Información y se opone activamente a los pedidos de libertad condicional o indultos. James Comey debería responder por las continuas injusticias producidas durante el pasado criminal del FBI.

Pregunta número cuatro. Por último, habría que preguntarle a Comey cómo cree que sería nuestro país actualmente si el FBI no hubiera perseguido a Martin Luther King Jr. con su incesante campaña de vigilancia, intimidación y acoso, que muy probablemente contribuyó al clima de odio que condujo a su asesinato.

Es posible que el capítulo más oscuro de la historia del FBI sea su campaña para desestimar y perjudicar la obra de Martin Luther King Jr. Hoover llamó a King “el mentiroso más tristemente celébre del país” y trató de convencer a King de suicidarse. Comey tiene más información que la mayoría de la población sobre la campaña activa del FBI contra la disidencia en Estados Unidos y debería revelar todo lo que sabe.

La audiencia de comparecencia de James Comey en el Senado y, sin duda, las numerosas futuras audiencias del Congreso y de la investigación especial del exdirector del FBI Robert Mueller, estarán centradas en Trump y sus asesores. Pero el FBI tiene una larga historia de hermetismo y opresión que nunca debe ser olvidada por quienes luchan por la justicia y la democracia.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Que la cobertura mediática sobre las víctimas de Manchester sea un modelo para la cobertura de todas las víctimas de guerra

Donald Trump y el rey Salman de Arabia Saudí. FOTO: GOBIERNO DE EEUU.

En su primera gira oficial como presidente, Donald Trump, el pretendido líder del mundo libre, visitó a una monarquía absoluta, el Reino de Arabia Saudí, un Estado petrolero conocido por la ausencia de instituciones democráticas y las flagrantes violaciones de los derechos humanos. El principal acontecimiento en materia de política exterior que Trump anunció el fin de semana en Riad fue un amplio acuerdo para la venta de armas a Arabia Saudí por 110.000 millones de dólares. Muchas personas morirán como consecuencia de este flujo de armamento. Sin embargo, el acuerdo aún no es una realidad. La afinidad de Trump con autócratas, hombres poderosos y matones afronta resistencia. Mientras el mundo procesa el horror del ataque suicida ocurrido esta semana en Manchester, Inglaterra, en el que la mayoría de las víctimas eran adolescentes que asistieron a un concierto, deberíamos prepararnos para una ola similar de muertes inocentes, esta vez en Yemen, el blanco de los incesantes bombardeos lanzados por Arabia Saudí, con el apoyo de Estados Unidos.

Partamos de la premisa de que matar niños está mal, y punto. Tanto en Manchester como en Saná, Yemen. Está mal matar niños como parte de un acto de guerra, ya sea que la matanza sea perpetrada por un soldado estadounidense, un avión Predator de Estados Unidos controlado en forma remota, un piloto saudí de un F-35 proporcionado por Estados Unidos, o, para utilizar el término actual, por un terrorista.

Cuando un atacante suicida hizo estallar una bomba en el concierto de Ariana Grande en Manchester esta semana, las víctimas mortales fueron casi en su totalidad sus fans: chicas jóvenes, pre-adolescentes, y sus padres. Los medios de noticias etiquetaron el ataque acertadamente de “salvaje”. Pero recordemos un acontecimiento ocurrido durante la primera semana de gobierno de Trump. En aquel entonces, con característica soberbia, Trump y sus funcionarios calificaron de “exitoso” a un ataque contra Yemen, a pesar de que murió un miembro de la Armada y se perdió un helicóptero. Sin embargo, inicialmente no se informó de la muerte de 30 civiles en el ataque, muchos de ellos mujeres y niños, entre los que se encontraba la niña de 8 años de edad Nawar Anwar al-Awlaki. Su nombre es conocido porque era la hija de Anwar al-Awlaki, un clérigo musulmán que fue asesinado en 2011 en un ataque con un avión no tripulado de Estados Unidos. El hermano mayor de Nawar, Abdulrahman al-Awlaki, un joven de 16 años de edad nacido en Denver, murió en otro ataque de un avión no tripulado dos semanas después de que su padre fuera asesinado. Abdulrahman no sabía que habían asesinado a su padre y estaba intentando ubicarlo cuando las fuerzas estadounidenses mataron a Abdulrahman.

El ataque fallido de enero tuvo lugar tras el desastroso ataque de Arabia Saudí contra un funeral en Saná el 8 de octubre de 2016, en el que más de 140 personas murieron, en su mayoría civiles. Tras el ataque, el Presidente Barack Obama, que había autorizado una venta de armas a Arabia Saudí por 115.000 millones de dólares, retiró las municiones de precisión de la venta, dado que muy probablemente serían utilizadas contra civiles. Donald Trump levantó la restricción a esas armas. El Rey de Arabia Saudí, un dictador, ahora posee armamento de última generación para lanzar contra la población de Yemen.

En respuesta al ataque en Manchester, Tariq Ali, comentarista político, escritor, editor de la New Left Review y un activista pacifista británico de gran trayectoria, declaró en el noticiero “Democracy Now!”: “Estos ataques terroristas no solo ocurren en Europa. Ocurren cada día en Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen y Bahrein. Todos deploramos la pérdida de vidas inocentes. Es así. Todos lo hacemos. Pero no podemos tener un doble discurso según el cual sostenemos que si alguien muere en Europa, su vida es más valiosa que las vidas de las personas que mueren en gran parte del mundo musulmán. Y a menos que Occidente comprenda que este doble discurso provoca y enoja cada día a más personas, esto seguirá sucediendo”.

Así como han cubierto las historias de las víctimas del ataque de Manchester, los medios de comunicación deberían cubrir las conmovedoras biografías y la historia de vida de cada joven fallecido en Yemen, Siria, Irak y Afganistán. Tenemos que conocer los nombres, tenemos que escuchar las historias de estas personas que también perdieron sus vidas.

El acuerdo armamentístico de Trump con Arabia Saudí es un error. Exacerbará la situación en una región que ya ha sido devastada por la guerra y afectará a Yemen de manera muy severa. Debido a la terrible destrucción del país, Yemen sufre una epidemia de cólera, hambruna y un colapso casi absoluto de su infraestructura de saneamiento, agua y de asistencia médica y hospitalaria. Se trata de una crisis humanitaria de gran magnitud.

Después de haber vendido este nuevo arsenal al rey de Arabia Saudí, el Presidente Trump se dirigió a Israel y luego se reunió con el Papa. Tras la reunión, Trump tuiteó: “Me voy del Vaticano con mayor determinación que nunca de lograr la PAZ mundial”. Algunos quizá tengan la esperanza de que Trump realmente haga lo que tuitea. Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo se están organizando para poner fin a las guerras y detener las ventas de armas que las promueven.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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