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“En España también ha llegado la hora de decir BASTA”

CIMA // En la reciente entrega de los Globos de Oro, las profesionales del cine norteamericano manifestaron su denuncia contra el acoso sexual de una manera solidaria y comprometida. Desde CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, llevamos más de diez años intentando que la presencia de mujeres profesionales en nuestra industria sea equitativa y trabajando por derribar nocivos estereotipos sexistas en los contenidos, por lo que queremos felicitar a las profesionales estadounidenses y solidarizarnos con su denuncia y con la lucha que se inaugura para impedir que esas situaciones se sigan dando.

Lo que sucedió durante la entrega de los Globos de Oro no es producto de un momento o de una sola denuncia, por muy escandalosa que sea. Durante los últimos años, actrices muy relevantes y mujeres de otras profesiones de la industria norteamericana han protagonizado un proceso de toma de conciencia de la desigualdad en el mundo del cine, han denunciado, han tomado la iniciativa para conseguir más proyectos de mujeres, han hablado entre ellas y han verbalizado lo que seguramente muchos sabían pero callaban: que en la industria cinematográfica el acoso sexual era y es una práctica extendida.

El acoso sexual es una manifestación del abuso de poder y allá donde el poder está en manos mayoritariamente masculinas ese acoso se dirige contra las mujeres y es una de las expresiones de la violencia contra ellas. Lamentablemente el cine y el audiovisual español no constituyen una excepción a esta realidad y, al igual que nuestras compañeras en Estados Unidos, creemos que ha llegado la hora de decir BASTA. 

Durante semanas los medios de comunicación se han dirigido a las mujeres profesionales españolas con la misma pregunta: ¿Qué piensas de esto, has sufrido alguna  vez acoso sexual en tu profesión? Entendemos sus razones profesionales para insistir en esta pregunta, pero nos preguntamos a la vez qué componente sensacionalista existe en este cuestionamiento y también por qué no dirigen a los hombres de la profesión otra pregunta que sí hacen sus colegas norteamericanos: ¿Has conocido en tu carrera casos de acoso sexual, los has permitido y ocultado? 

Algunas mujeres valientes de nuestra profesión han contado a los medios casos concretos vividos por ellas, siempre y lógicamente sin señalar al culpable, ya que este acoso es difícil de probar y no se puede pedir a nuestras actrices y profesionales que se arriesguen a una denuncia por difamación.

El desproporcionado interés, a veces morboso, que suscita este tema no es sino reflejo de la misma ideología que considera a las mujeres como objetos.

Llamamos pues a mujeres y hombres del audiovisual español a no permitir que las situaciones de acoso se perpetúen y a los medios de comunicación a colocar este debate en el importante lugar que merece lejos de la frivolidad.

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“La tolerancia cero es insuficiente para acabar con el acoso sexual en las cumbres del clima”

La de Bonn ha sido la primera Cumbre del Clima en la que la ONU ha declarado una política de “tolerancia cero” ante el acoso sexual. La medida fue anunciada el 6 de noviembre por la líder del Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, Patricia Espinosa, inmediatamente después de que la abogada Farhana Yamin denunciara en la web británica Climate Home News que había sido acosada durante cumbres previas. Poco después, la ex-negociadora Meera Ghani unió su voz a la de Yamin.

Para Megan Darby, editora de Climate Home News, la política de tolerancia cero no es suficiente. Darby, que ha estado investigando el acoso sexual en las cumbres climáticas de las Naciones Unidas, cree que la cultura machista dominante, la desigualdad y la propia estructura de estas citas facilitan el acoso. La Marea ha hablado con ella sobre su investigación.

El acoso sexual existe en todos los ámbitos, ¿por qué estudiar precisamente las cumbres del clima de la ONU?

Supongo que la respuesta corta es que es parte de mi trabajo. Primero se me acercó Farhana Yamin. La campaña del #MeToo en redes sociales de hace un mes la hizo pensar en sus propias experiencias. Me pareció una gran idea escribir sobre ello. No hay ninguna razón en particular para pensar que las conferencias climáticas sean peores que otros escenarios o sectores. La gente que se dedica a esto no son especialmente sexistas o depredadores. Sin embargo, hay algunos factores de riesgo específicos que podrían incrementar la vulnerabilidad, sobre todo, de mujeres jóvenes.

En estas cumbres hay una atmósfera muy intensa. Hay miles de personas, todas en habitaciones de hotel. Todos están muy concentrados en su objetivo, cualquiera que este sea. Una campaña, un tratado, un contrato… Hay muchas reuniones a puerta cerrada, muchas de ellas con fuertes acuerdos de confidencialidad. Si una mujer fuese acosada por un miembro de su propia delegación, ¿a quién lo denunciaría? En ese ambiente se arriesgaría a que la vieran como una persona problemática o desleal. Muchas personas dejan de lado su propia seguridad como un compromiso percibido con la causa. Eso permite que cierta gente siga practicando un abuso de poder.

Por otra parte, si la víctima se viese acosada por un miembro de otra delegación y lo denunciara sería, básicamente, un incidente diplomático. Hay mujeres que no quieren verse señaladas por ello. No hay una autoridad central que pueda controlar este asunto. Las Naciones Unidas, que organizan todo el evento, no están por la labor de involucrarse en nada que pueda conllevar consecuencias políticas o distraer del objetivo principal de las negociaciones. Por eso estamos satisfechos de que, inmediatamente después de la publicación de nuestros artículos, Patricia Espinosa anunciara una política de tolerancia cero contra el acoso sexual. Por primera vez apareció el tema en el programa diario.

Sin embargo, la tolerancia cero no es suficiente. Tienes que fomentar el ambiente adecuado en que la gente se sienta segura y con confianza para denunciar. Y no creo que esto sea una realidad todavía.

¿Cómo debilita el acoso sexual en las cumbres de la ONU a la lucha contra el cambio climático?

Creo que esto es cierto para todos los sectores, y es que la razón por la que el acoso sexual queda impune es que los que lo perpetran tienen un poder que sus víctimas no tienen. Si continuamente restas importancia a las historias de las víctimas, las silencias e ignoras sus denuncias, lo que fomentas es una atmósfera hostil para que las mujeres, sobre todo las más jóvenes, puedan participar de forma plena en las negociaciones y contribuyan con todo su potencial.

Es una cuestión de dinámicas de poder. Las mujeres jóvenes están siempre en desventaja, sobre todo cuando vienen de países menos poderosos. Así que acabas haciendo que las personas que son más vulnerables al cambio climático lo tengan mucho más difícil para ser representadas. Estas personas son mujeres, jóvenes y pobres.

¿Por qué afecta el cambio climático más a las mujeres?

Esto es algo que se ha hablado mucho en esta última cumbre. El cambio climático va a exacerbar las desigualdades que ya existen en todas las sociedades. Uno de los ejemplos claros se da en los países en vías de desarrollo, en los que la sequía va a hacer que las mujeres tengan que ir más lejos para encontrar agua, debido a los roles tradicionales de género, así que impacta más en su vida que en la de los hombres.

Hay casi siempre una tendencia, en cualquier tipo de trabajo de cooperación o desarrollo, a trabajar con estructuras de poder preexistentes. Es lo más fácil. Por ejemplo, llegas a un pueblo y dices “usted es el jefe, el que puede conseguir que las cosas se hagan, así que trabajaremos con usted”. Creo que esos esfuerzos a menudo obvian las necesidades de las mujeres, y la importancia de que las mujeres se empoderen en los procesos de toma de decisiones, rompiendo estos roles tradicionales de género. Es algo que suele aparecer en los márgenes de las negociaciones. No suele ser un elemento central.

¿Y cómo podemos situar este elemento en la agenda si seguimos teniendo esta cultura de acoso sexual?

Por supuesto. Si hay una cultura de hostilidad hacia las mujeres es mucho más difícil trabajar con estos temas. Después de leer muchas de estas historias este último mes, veo algunas carencias. Podríamos empezar por paliarlas. Por ejemplo, han recomendado a las víctimas de acoso sexual que lo denuncien a los servicios de seguridad de la cumbre. Sin embargo, algunas de las víctimas me cuentan que han sido acosadas por estos mismos guardias de seguridad en los accesos a la cumbre, que son como los controles de seguridad de un aeropuerto. Probablemente estas mujeres no se sentirán muy cómodas denunciando ante esos agentes si les ocurre algo.

Otra cosa que podrían hacer es incluir el acoso sexual como parte de la educación y el entrenamiento de los guardias de seguridad, y dejar claro que habrá consecuencias si no se cumplen esos estándares. Hay algunos casos en los que se han tomado medidas disciplinarias, pero no creo que muchos sepan siquiera que ese proceso existe.

Esas son cosas fáciles de hacer. Es mucho más difícil cuando el acoso se da en el seno de la propia delegación, porque se requiere un cambio de cultura. Además hay gente que viene de países en los que el rol de la mujer es muy distinto. Sin embargo, en otros ámbitos, las Naciones Unidas no tienen problema que establecer unas reglas comunes de comportamiento. También debería ser posible hacerlo para proteger a las mujeres en estas circunstancias.

¿Qué es lo más inesperado que ha encontrado en su investigación?

Lo más importante ha sido comprobar cómo las condiciones para que las mujeres puedan expresarse son tan duras. Ha sido muy frustrante escribir sobre este tema, porque como periodista me gusta responsabilizar a los infractores y poder publicar estas historias, con su evidencia y su contraste. Y sin embargo, a pesar de que he aprendido mucho y he escuchado muchas historias, hay aún grandes barreras para que las víctimas puedan hablar públicamente. Ahora sufrirían las consecuencias.

Sin embargo, lo más sorprendente no ha sido eso. Climate Home News es una publicación sobre política y sobre políticas, y nuestros principales lectores son legisladores, activistas, diplomáticos, etc. Normalmente nuestros artículos son compartidos y amplificados en redes sociales por instituciones y grupos organizados. Y sin embargo, ha habido muy poco de eso con estos artículos. No obstante, han sido los más leídos, lo que prueba que hay un interés reprimido sobre este tema. Las historias han dado en el clavo con mucha gente, y eso me ha convencido de que este es un tema urgente del que hay que hablar, pero aún no estamos en el punto en que la gente esté cómoda rompiendo el silencio.

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Ya tenemos armas, y no son los medios

Manifestación contra las violencias machistas el 7 de noviembre de 2016 en Madrid.

El escándalo del millonario productor Harvey Weinstein y el posiblemente más famoso fotógrafo de moda Terry Richardson, entre otros, han sido los más sonados, pero no serán los últimos. Recuerdo que en 2014 se lanzó la campaña #NoMoreTerry, promovida por modelos que habían sufrido abusos sexuales por parte de Richardson. Y recuerdo que no pasó nada.

Recuerdo cuando se conoció un escándalo que ligaba al productor de vídeos pornográficos Ignacio Allende, Torbe, con dos futbolistas y asuntos de prostitución y abusos sexuales. Todo acabó en agua de borrajas, pero hay algo que no me quito de la cabeza. Pregunté a dos periodistas deportivos de distintos medios, en distintos momentos, por el asunto. “Pero bueno, pareces nueva, estas cosas las sabe todo el mundo”. Las cosas que, según ellos, sabía “todo el mundo” era que entre algunos futbolistas de élite se “consumía” chicas menores, algunas muy menores. “Son sus fans”, me argumentaron, “ellas quieren”.

Es evidente, después de oír las declaraciones de decenas de actrices, actores, directores, etc. que en Hollywood, de nuevo, “todo el mundo lo sabía”.

Yo soy periodista. Las periodistas, según a qué mundillo pertenecen, saben lo que ocurre. Es decir, las que siguen al PP saben lo que se cuece en despachos y restaurantes, las que cubren el mundo de la moda no contarán lo que ocurre entre bambalinas, los periodistas deportivos… Yo soy periodista y esto fue lo primero que les pregunté a aquellos dos colegas que sabían tanto de futbolistas: “Y si lo sabíais, ¿por qué no lo dijisteis?”. Me miraron como si fuera idiota.

Ahora parece que todos los medios de comunicación han decidido al fin tratar el durísimo tema de los abusos a las mujeres, abusos habituales en muchas profesiones y centros de trabajo. Pero no han sido los medios de comunicación quienes los han destapado. Pese a que lo sabían. No han sido los medios de comunicación –“todo el mundo lo sabía”– quienes nos han informado de la existencia de numerosos criminales en serie cuyos delitos eran tan populares que hasta se atrevían a perpetrarlos en público. El dolor, el abuso sexual, la violación y el uso brutal del cuerpo de las mujeres es y ha sido un asunto mucho menos serio que la peatonalización de una calle o las declaraciones de un presidente sobre los Toros de Guisando, el fichaje de tal o cual muchacho para una Liga deportiva o la forma en la que una reina escuálida repite indumentaria, seguramente tras conversar con su amigo imputado.

No han sido los medios de comunicación, irresponsables, corrompiendo su esencial función de informar del crimen, sino las redes sociales. En ellas, por fin, se ha oído la voz de unas cuantas mujeres, y luego unos cientos de ellas, y luego ya miles. Además de actores, directores, amigas y amigos, compañeras, los medios de comunicación han silenciado durante años estos crímenes.

Caben dos posibilidades, a cuál más preocupante: una es que ni siquiera los consideren crímenes; la segunda, que su construcción machista y patriarcal, sus cúspides trufadas de hombres, hayan callado por sentirse o saberse involucrados.

Incluso después de hacerse público, ha habido tipos que han osado declarar que entonces, en “aquellos tiempos” estos crímenes no estaban tan mal vistos. Hombre, hombre, hombre, será que no estaba tan mal visto por ellos, caray, porque a las que nos tocaban el culo o las tetas en discotecas, bares o transportes públicos, a las que sus jefes proponían cenas y viajes o represalias, a quienes han aguantado masturbaciones de sus superiores, etc., nos parecía igual de repugnante antes que ahora. La única diferencia es que entonces no teníamos armas para denunciarlo. Entonces, cuando en 2014 se lanzó la campaña #NoMoreTerry, las revistas de moda no se negaron a publicar las fotos de Richardson, por poner un ejemplo.

Ahora las cosas han cambiado, y mientras muchos medios de comunicación agonizan en merecido descrédito y guardan en conserva sus repugnantes silencios antiguos, las redes se han convertido en un arma. Un arma que poco a poco los va dejando en pelotas.

Y cuando afirmo esto, siempre aparece alguien alertándome de que las redes son un nido de “falsos rumores”. Les voy a decir, ya para terminar, cuál es el verdadero y asesino “falso rumor”, difundido además internacionalmente. Se llamó “Iraq tiene armas de destrucción masiva”. Ha costado la vida a millones de seres humanos, y no procedía precisamente de las redes, sino de los gobiernos –el nuestro, entre otros– y de los medios de comunicación.

Pero las redes son ya un arma. Y por eso les asustan.

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La violencia sexual que por racismo y clasismo seguimos sin querer ver

Mujer pakistaní protesta contra la violencia machista. Foto: NUML.

Si se sienten abrumadas/os por la cantidad de casos de acoso y violencia sexual que están saliendo a la luz en las últimas semanas, tengan claro que todos juntos no llegan a sumar siquiera la punta de iceberg.

Piensen en todos los niños, niñas y adolescentes que fueron acosados o agredidos por familiares, amigos del entorno o profesores y que, ya adultos, no lo van a confesar porque consideran que no les compensa abrir esa espita, entre otras muchas razones, por evitarles el sufrimiento a su madre y/o padre –en el caso de que no hubiese sido él mismo– por no haber sabido ver lo que les estaba ocurriendo y, consecuentemente, protegerles.

Piensen en todas las mujeres que son violadas habitualmente por sus maridos y a las que ni siquiera tenemos en el mapa mental de las víctimas de la violencia sexual porque los victimarios son sus parejas. Y porque la cuestión del consentimiento pleno sigue siendo un tema desconocido para la inmensa mayoría de la población.

Piensen en todas las adolescentes que son acosadas por sus compañeros para que den de una vez el paso de mantener relaciones sexuales y dejen así de ser ‘niñas’, cuando no ‘mojigatas’, ‘anticuadas’. Y que terminan teniendo sexo con el que tienen más a mano y les da menos asco o, directamente, menos miedo para quitarse el trámite de en medio.

Piensen en todas esas mujeres migrantes, en situación administrativa irregular, que son explotadas en labores de cuidados y mantenimiento del hogar encerradas junto a sus contratantes, sin apenas conocer el idioma del país de acogida y sin poder denunciar cuando son acosadas y violadas por el miedo a la deportación. Piensen en las que recolectan las frutas y verduras que comeremos en nuestras mesas, también sin papeles, que duermen en barracones y a las que algunos empresarios no dudan en exigirles sexo a cambio del puesto de trabajo, mientras unos metros más allá, en otro barracón, están explotando sexualmente a otras mujeres migrantes y pobres, muchas de ellas víctimas de trata.

Piensen en todas esas camareras que, noche tras noche y día tras día, tienen que soportar el acoso sexual de algunos de sus clientes –materializado en comentarios, insinuaciones o, directamente, propuestas sexuales–. Hombres que entienden que en su sueldo va incluido tener que devolverles una sonrisa cuando se atreven a verbalizar todo el clasismo, sexismo y racismo que llevan dentro. Qué decir de los dueños de esos locales que las contratan dando por sentado que les están pagando por complacer así a su público y que no dudarían en despedirlas si su comportamiento no se ajustara no ya a una actitud de sumisión ante esa relación de poder, sino de aparente connivencia con la misma.

Piensen en todas esas mujeres taxistas que pasan horas encerradas en unos pocos metros con hombres que creen que pueden insinuarse más o menos ambiguamente, mientras ellas tienen que lidiar dialécticamente con la situación temiendo un desenlace violento.

Pero, sobre todo, piensen en ustedes mismas. En cuantas noches han acelerado el paso, cambiado de acera, fingido que hablaban por teléfono o cambiado su itinerario cuando volvían a casa ante los comentarios de un hombre o un grupo de ellos. Eso también es acoso, aunque estemos tan habituadas a él por haber crecido en la cultura del ‘piropo’ –llamémosla de una vez ‘cultura de la agresión verbal’- que hayamos terminado por no vincularlo con las denuncias que en estas semanas nos están llegando, desde Hollywood hasta el juicio contra los violadores de los sanfermines.

Y piensen en ustedes mismos. En cuántas veces se han sentido incómodos por saber que la casualidad de que su recorrido a casa coincidiese con el de esa mujer, les hizo sentir que estaban –sin querer– generándole temor. Cuántas veces se sintieron tentados de desacelerar su paso, cambiar ustedes también de acera, para mandarles el mensaje silencioso de que usted no es un acosador, un depredador, un violador. Piense en cuántas veces se han preguntado cómo será vivir así, sintiéndose en riesgo por el mero hecho de ser mujer.

Las denuncias por parte de actrices, modelos, periodistas y profesionales de distintos ámbitos públicos sobre los casos que han sufrido de acoso y violencia sexual han conseguido visibilizar una realidad que muchos se negaban a reconocer hasta ahora. El siguiente paso es recordar que no es una excepción reducida a las mujeres blancas de clase media-alta, sino que cuanto mayor es la situación de vulnerabilidad y precariedad, más normalizados y extendidos están el acoso y la violencia sexual: que son las más pobres, las más jóvenes y las más racializadas, las más impunemente agredidas física y sexualmente. Y que lo sabíamos, pero que ha hecho falta que los sectores más privilegiados dieran la voz de alarma para que prestáramos atención. Por eso, el clasismo y el racismo siempre han sido los mejores aliados del machismo.

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Una sentencia de la Audiencia de Murcia, nominada a peor decisión judicial del año

Manifestación Murcia ante un acosador I La Marea

La Audiencia Provincial de Murcia está nominada a peor decisión judicial del año 2017 al absolver por abuso y acoso sexual a un jefe de departamento de unos grandes almacenes que llamaba a las dependientas “chochitos”. Un jurado internacional compuesto por el fotoperiodista Javier Bauluz, la jueza costarricense Elisabeth Orrios y la activista de Afganistán Sonita Alizadeh será el encargado de otorgar los Premios Género y Justicia al Descubierto, que cada año entrega la asociación Women’s Link Worldwide. Los tres pronunciamientos o decisiones más sexistas reciben el Garrote de bronce, plata y oro; y los tres pronunciamientos o decisiones que más promuevan la equidad de género, reciben el Mallete de bronce, plata y oro.

Además, entre este martes y el próximo 21 de abril, cualquier persona puede nominar a a través de la web, eligiendo aquellas decisiones judiciales que discriminan o protegen los derechos de las mujeres y las niñas. Para Tania Sordo, coordinadora de la iniciativa, estos galardones “permiten a la ciudadanía de cualquier país vigilar la labor de los jueces y las juezas. Es un ejercicio de control social muy necesario ya que no dejan de ser personas que, influidas por creencias o estereotipos discriminatorios, pueden llegar a tomar decisiones contrarias a la igualdad de género. Es una manera de mostrarles que la sociedad está pendiente de sus actuaciones”.

Además de la sentencia absolutaria de la Audiencia de Murcia, otro de los candidatos al Premio Garrote es el Tribunal Supremo de la India, quien concedió el divorcio a un hombre por el “trato cruel” que recibió de su esposa, entre otras cosas, porque ella no quería seguir viviendo en la casa de la familia del marido.

Por contra, los dos candidatos al Premio Mallete son la Corte Constitucional de Colombia, al determinar que las víctimas de trata de seres humanos no tienen que denunciar para tener asistencia de forma inmediata, y un tribunal especial del Chad, por la condena a cadena perpetua al exdictador Hissène Habré por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra y tortura, incluidas la esclavitud sexual, la violencia sexual y la violación.

 

 

 

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