Taller de mano de obra rota

No huele a hospital. El olor a pintura sorprende al cruzar las puertas flanqueadas por varias sillas de ruedas del Hospital Asepeyo en Coslada (Madrid). El centro está en obras y los muebles y utensilios médicos se apilan en la sala de espera de rehabilitación. El ruido de un avión retumba con fuerza al acceder a la entrada, y de inmediato piensas en todos los pacientes ingresados y su descanso. Una fisioterapeuta se cruza con un paciente y le anima al ver el buen aspecto que tiene. El hombre, de más de 50 años y con el cuerpo maltrecho, responde con una leve sonrisa, encogiendo los hombros. Acepta de buen grado el cumplido pero no se lo cree demasiado. Son muchas las veces que te cruzas con esa plétora de gestos de desesperanza.

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