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4-D: 40 años sin saber quién disparó

Les dijeron que había teni­do un accidente de tráfico. “Vino un celador a avisar. Estábamos en casa mi padre, mi madre y yo. Mi padre fue al hospi­tal y no querían que viera el cadáver. Pero nadie puede impedir a un padre ver el cadáver de su hijo”. Manuel José García Caparrós murió por un balazo. En el certificado de defunción se lee “hemorragia interna por herida de arma de fuego”. No fue un accidente.

Loli –Dolores– lleva 40 años intentando saber quién disparó a su hermano y recordando la imagen de su padre –en pijama– en el rellano de su piso al recibir la noticia. “No po­dían silenciar el asesinato porque ha­bía muchísima gente en la calle ese día”, dice.

Es domingo, 4 de diciembre de 1977. Se celebra una manifestación que pide la autonomía andaluza. Hay muchísima gente. Cerca de 200.000 personas salen a la calle en Málaga, a pesar de la lluvia. También García Caparrós, un joven de 18 años que tra­baja en la fábrica de cervezas Victoria y está afiliado a CCOO. La bandera blanca y verde ondea en los balcones, en los árboles, en el monumen­to al Marqués de Larios. Nunca se había dado una manifestación tan numerosa en la ciudad, ni siquiera en las concentracio­nes de adhesión al dictador.

Ese día está considerado el primer paso en la lucha por la autonomía para Andalucía; un año después los partidos se unen para lograr el mayor autogobierno en el menor tiempo posible, se firma el pacto de Antequera; y el 28 de febrero de 1981 se celebra el referéndum que acabará ratificando –con una reforma posterior al resul­tado– la autonomía.

El recorrido parte del Hospital Noble, al lado de la Plaza de Toros, y recorre tres kilómetros, hasta el Puente de las Américas. En el libro Morir por Andalucía, una crónica con­tada por periodistas del diario Sol de España, se destaca el am­biente de la convocatoria: hay niños y ancianos, la fiesta es irrefrenable.

El origen de los incidentes

En el Ayuntamiento suena el cantautor Pepe Suero en los altavoces (“Andalucía la que divierte, tiene siglos de resignación / y vende penas a los señores que compran risas por su dolor”). El propio alcalde, el socialista Luis Merino, se había sumado a la convocatoria. “Eso hizo que todo el mundo lo viera como un día festivo donde no iba a pasar nada porque estaban todas las instituciones de acuerdo en que se celebrara la manifestación”, afirma Rafael Sa­las, uno de los autores del libro. Hubo una excepción: la Diputa­ción de Málaga.

Su presidente, Francisco Ca­beza –conocido como Pancho–, decidió que solo ondeara la bandera española en el balcón. Cabeza fue uno de los procu­radores que un año antes había votado contra la Ley para la Re­forma Política, una pie­za clave para la Transición. “Si pasaba algo iba a ser allí, en la Diputación. Y pasó”, comenta Salas.

La lluvia amaina. García Caparrós acude con dos amigos a la manifestación. Cuando la cabeza de esta llega al final, hasta el Puente de las Américas, en las calles aledañas de la Diputa­ción, los grupos fascistas (Fuerza Nueva y grupos Federación Anticomunista Español) gritan “Viva Andalucía española” para provocar.

No hay respuesta por parte de los manifestantes. Incluso el Partido Comunista –que lleva­ba ocho meses legalizado– está organizado para no responder a esos insultos. 800 militantes a lo largo de la Avenida Generalí­simo (ahora Alameda Principal) se encargan de poner orden, recuerda el periodista Juan de Dios Mellado, coautor del libro.

Sin embargo, un joven trepa por la pared del edificio de la Diputación –mordiendo una bandera blanquiverde– para colocarla en el balcón junto a la rojigualda (a menudo se ha identificado erróneamente a este joven con García Caparrós). “Era una araña humana”, describe Mellado. Se abren las puertas del balcón, permanece diez minutos colga­do y lo arrestan. “Entonces un grupo de manifestantes coge naranjas y piedras que había en la plaza y las tira a la fachada”, añade el periodista.

Ahí empieza todo. “Parecía un desembarco. La policía lo entendió como un gran ataque. Empezaron a disgregar a los manifestantes. Los grises baja­ban en marcha de los jeeps, po­rra en mano, apaleando a todo el que se encontraban”, narra Salas, que cubría la manifes­tación frente al edificio, en la Plaza Queipo de Llano (ahora Plaza de la Marina).

Las cargas de la policía están alentadas por los gritos de la ul­traderecha. Piden que ataquen duramente a los manifestan­tes. “Miles de malagueños hu­yen de los botes de humo y las balas de goma. Al propio alcal­de, Luis Merino, le alcanzó una pelota de goma en la pierna”, asegura Salas. El ayuntamiento se convierte en un refugio. Poco antes, el am­biente seguía siendo festivo.

La manifestación se parte en dos. El Puente de Tetuán se­para a la avanzadilla del resto. Hacia el oeste, en el Puente de las Américas, suena el him­no de Andalucía y el diputado socialista Rafael Ballesteros pronuncia un discurso. Desco­nocen los gritos, el impacto de las pelotas de goma y los botes de humo en la parte de atrás de la concentración. Poco después, la tensión es tal que Francisco de la Torre –en­tonces diputado de UCD y ac­tual alcalde de Málaga– se dirige a la policía rogándole que no disparen.

¿Por qué hizo la policía uso de las armas de fuego? El periodis­ta Mellado, que se encontraba aquel día junto a De la Torre, cree que esos agentes no esta­ban preparados: “Eran oficinistas de cuartel, creyeron verse rodeados por los manifestan­tes. Unos regresaban desde el Puente de las Américas y otros avanzaban desde la Diputación. Tuvieron miedo y dispararon”. Además, algunos agentes se ha­bían quedado sin material anti­disturbios.

Las conversaciones entre los policías lo certifican. Entonces escanear el transmisor era fá­cil. Con una emisora de radioaficionado bastaba, dice Rafael Salas. “Había gritos entre los propios agentes. Si los manifes­tantes estaban asustados, ellos también”, añade. En la transcripción de la cinta grabada se escucha: “Pegad muy fuerte, muy fuer­te, muy fuerte, al que veáis. No dejad que la gente se mueva”.

Los testigos de entonces señalaron que fue uno de ellos quien disparó a García Capa­rrós. “Era grueso. Un policía grueso, de cierta edad”. “Los disparos los realizó un policía muy gordo” (Diario 16). El pe­riodista Mellado también lo vio: “Fue un policía grueso, como dices. De unos 50 años. Fuerte. Lo vi claramente con la pistola en la mano unos 15 metros. Lo describí. En alguna fotografía se ve (de lejos) mirando a la cámara”. Había otra teoría que apuntaba a que el asesino fue un joven de ultraderecha que supuestamente había disparado desde un edificio. Esta hipótesis perdió fuerza por la unanimidad en los testimonios.

La investigación

Aun así, el caso fue sobreseído y los testigos fueron silenciados. La falta de interés en bus­car responsables tenía que ver con la connivencia aún de las fuerzas franquistas. Y también con evitar que las “débiles costuras” de la Transición saltaran por los aires. “He intentado durante muchísimos años ver mi acta de la comisión de investigación en el Congreso. Y no me dejan verla”, asegura Mellado.

La investigación fue una to­madura de pelo, repite tres veces. En 2005, Rosa Burgos, secretaria judicial en Málaga, accedió al sumario (161/1977) y las actas de la comisión de investigación que se llevó a cabo en el Congreso. Hace diez años certificó que la bala era del calibre 9 mm y la pistola, de la marca Star. Era la que entonces usaba la Policía Armada.

“No se acla­ró quién disparó porque no se quiso”, dice Rosa Burgos. Lo explicaba en el libro La muerte de García Caparrós (2007). Un ejemplo: la chaqueta con el agujero de bala fue en­tregada a su familia en lugar de utilizarse como prueba. Su padre, al llegar a casa, la escondió detrás de la nevera. “Hubo un pacto de silencio”, cuenta. El coraje y la perseverancia de esta secretaria judicial que en sus ratos libres investigaba el caso le condujo a las iniciales de un responsable: el cabo primero de la policía M.P.R. Según Burgos, el día que el policía es citado alega padecer una enfermedad. Después el abogado de la acusación particular, de García Caparrós, pide la prueba de balística del policía M.P.R. En un informe de balística se habla de las similitudes entre la bala testigo y la pistola que pertenecía a M.P.R. “Creo que es cuando se da el cambiazo a la bala y se pide un último informe de balística donde se dice una cosa bestial: se duda de si la bala había estado en un cuerpo humano, una pared o una madera. Es que ya es… se desploma uno al leer ese despropósito de investigación“, concluye Burgos.

Estos días se han filtrado las actas de la investigación del Congreso que permanecen bajo secreto y el sumario del caso. Lo ha hecho la revista malagueña El Observador con motivo de la publicación del nuevo libro de Rosa Burgos, Las muertes de García Caparrós. Un mes antes, la Mesa del Congreso autorizó a la diputada malagueña por IU Eva García Sempere a consultar esas actas de manera limitada, es decir, con los nombres de los implicados tachados y sin la posibilidad de hacer copias. “Sigue habiendo interés en que nada rompa el relato idílico de la transición y todo aquello que resulte incómodo prefieren dejarlo tapado con un manto de silencio”, denuncia la diputada, que señala que el informe del Ministerio de Gobernación realizado el 14 de diciembre de 1977 ya asume que el autor del disparo fue un policía. 

El periodista Vicente Almena­ra, experto en temas judiciales, explica que incluso con el cam­bio en dicha ley, el caso de Ca­parrós “tiene poca trayectoria judicial, pero es bueno aclarar quiénes fueron los responsa­bles de un hecho tan oscuro”. Rosa Burgos considera que es posible que se reabra “si aparecen nuevos testigos”. “Hubo muchísima gente en la manifestación y algún testigo importante seguramente hay que haya permanecido callado todo este tiempo”, señala. “Lo que ocurre es que sería ya muy difícil porque tendrían que identificar al autor y el autor a lo mejor ha muerto…”. La propia fami­lia Caparrós, consciente de esto, dice que quiere “ponerle cara, nombre y apellidos a quien manchó el nombre de todos los andaluces. No pedimos nada más”.

Caparrós cayó en la esquina de la calle Comandante Benítez, que a las pocas horas se llenaría de flores y coronas. La bala entró por su axila izquier­da. No tar­da más de diez minutos en morir. A las tres menos veinte ingresa en el hospital. Su her­mana Loli tenía 13 años cuando murió: “A las cinco llega a casa el celador diciendo que había tenido un accidente”.

A Loli le tocó avisar a su otra hermana, Paqui, que trabajaba en una confitería en el centro de Málaga. Entonces Paqui tiene 16 años. Hace turno de maña­na y de tarde. Vuelve a su casa al mediodía, solo para comer, y de vuelta al trabajo. “En el au­tobús que solía coger estaban diciendo que habían matado a un muchacho. Llegué a casa, almorcé y sobre las cuatro volví otra vez a trabajar como si no pasara nada”. Poco después, su hermana llega con la noticia. Ese muchacho del que habla­ban en el autobús era su herma­no. “Cuando salí por la mañana de trabajar ya lo habían mata­do”, cuenta Paqui.

Eran cuatro hermanos. Ma­nuel José era el único varón. Purificación –la mayor– estaba recién casada (él fue el padrino de su boda). Volvió de viaje ese mismo día a Málaga. Las hermanas dicen que a partir del asesinato lo perdieron todo: “Te encierras en la casa y sabes que esa puerta no la vas a volver abrir para él. La pena se queda dentro”.

Las protestas por su muerte siguieron a la convocatoria por la autonomía. El mismo domingo por la tarde hubo una mani­festación en contra de la policía y del presidente de la Diputa­ción. “Málaga parecía Beirut tras la guerra” los dos días si­guientes, reflexiona el periodista Ra­fael Salas. Sobre todo la extre­ma izquierda (“acostumbrada a la clandestinidad y a la lucha contra el franquismo”) participó en las protestas. El martes hubo una huelga general.

La imagen de las barricadas en el centro de Málaga contrasta con la de la multitud que espera en el cementerio. Cuando llega el ataúd se abre un pasillo con un silencio absoluto. Al entrar, todos levantan el puño. Se había pasado del verde y blanco al luto. “No se me olvida ese ruido, el de todos esos puños levantándose a la vez. Era el ruido de la historia», comenta el periodista Salas.

Fue el suceso más dramático en el origen de la Autonomía. El 5 de diciembre la bandera anda­luza ya sí ondea en el balcón de la Diputación. Lo hace a media asta. Los propios trabajadores han comprado una y la han colgado en el balcón. Piden la dimisión del presidente, Francisco Cabe­za, que deja el cargo a las pocas horas.

Las hermanas García Caparrós llevan cuarenta años hablando de él. Lo llaman Manuel. Loli lo describe: “Era alto. Medía 1,90”. Hace una pausa. “Era tímido”. Se le quiebra la voz. “Era muy trabajador”. Se le en­rojecen las mejillas. “Ahora se le considera un mártir, pero lo mataron”.


Un policía grueso 

Caparrós es una de las 2.663 víctimas de la Transición. En el documental El día que murió Caparrós, el primer pre­sidente de la Junta de Andalu­cía, Rafael Escuredo, dijo que “el asesino tenía nombre y ape­llidos y se había publicado en al­gún libro”. En las investigaciones recogidas en La muerte de Caparrós en la transición política (2007) Rosa Burgos se dirige a unas iniciales: M.P.R. También se ha señalado reiteradamente que el autor había sido –con casi total segu­ridad– un cabo de la policía, «grueso». El periodista Juan de Dios Mella­do cuenta que intentó hablar con él y no lo consiguió. Considera que es su mayor frustración profesional: “Hace tres años me dijo otro po­licía: ‘Olvídate, ese hombre ha muerto’”.

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Manuel Gerena: “Ya es hora de que la gente piense que Andalucía es mayor”

Sale humo de un Cola Cao caliente en la sevillana plaza del Altozano, en el barrio de Triana. “Hoy, en muchas cosas, estamos mucho peor que cuando vivían Franco y sus esbirros. Ahora sigue habiendo más dictadores sueltos que actúan en nombre de esta llamada democracia y ese es el gran error. Hay menos libertad que nunca, sinceramente”, lanza sin anestesia el cantaor flamenco Manuel Gerena. Tiene 71 años, estuvo en la cárcel y fue multado ni sabe cuántas veces por su música: “De 200.000 pesetas, muchas. No pagaba ni una. Siempre le decía a Fraga en la prensa que no iba a pagar ni una multa porque no quería que aprovecharan mi dinero para comprar pistolitas a su policía represora. Estamos anticuados, obedecemos órdenes totalmente contrarias a la libertad de expresión, a la necesidad de justicia, de libertad, de dignidad de los seres humanos”. Recita una letra de memoria:  “Vergüenza debe de darte / si eres patrón de estas tierras / vergüenza debe de darte / que esté tan alta la hierba y el pueblo muerto de hambre”.

Del bolsillo de la camisa sobresale un boli rojo y otro negro. “Escribo todos los días. Mis canciones están más vigentes que nunca y no me vendo jamás”. Toma un poco de agua y surge otra: “Donde reina el fanatismo / nunca es libre el pensamiento / mutilada es la palabra / que quiere gritar al viento”. Suena su teléfono. “Igual es del taller”, dice. Después de la entrevista tiene que ir a recoger el coche hasta su pueblo, La Puebla de Cazalla, en la sierra sur de Sevilla. “Que por la tarde tengo que ir a un homenaje en la Universidad a Paco Algora”. Medalla de Andalucía en 2013, Gerena acaba de ser homenajeado en el documental La voz en lucha, dirigido por Miguel Ángel Carmona y Jorge Molina, sobre su trayectoria y su flamenco protesta. “He sido muy tenaz, muy persistente, como mi poeta del pueblo, Miguel Hernández. Y ahí siempre se me ve la vena. Aunque era muy amigo de Rafael Alberti, Blas de Otero, Celaya… mi poeta, el que más me llegó, fue Miguel Hernández. A él voy a dedicar este año, en el que se cumplen 75 años de su muerte. Voy a reeditar también el disco que le hice”, afirma.

A él, como decía el poeta de Orihuela, también le tocó prematuramente ser hombre: “Eso es no estar en la escuela cuando tenías que estar en la escuela. Mi escuela ha sido la vida”. Y lanza otra letra: “Soy un poco de cada pueblo, / mi madre me parió en La Puebla, / soy un poco de cada pueblo / y cuando gritar no pueda / yo con mi cante no muero / porque en la gente se queda”.

¿Quiénes son esos dictadores de los que habla, Manuel?

Los conoce todo el mundo. Salvo excepciones, son los gobernantes actuales. Son unos dictadores. Piensan que porque han sido votados pueden hacer lo que quieran. En los programas ponen unas promesas que luego no cumplen. Son unos engañaores, no solo dictadores, insisto, porque van diciendo una cosa y hacen lo contrario y, desgraciadamente, el pueblo está sufriendo más que nunca porque se siente más engañado que nunca.

¿Usted ha tenido miedo a lo largo de su vida?

El miedo es una cosa natural que tienen todos los seres humanos encima. Forma parte de la prudencia que un ser humano tiene que tener para no caer por un barranco, para no caer en manos de los que sabes que te van a fusilar… Pero la valentía del ser humano cuando pide justicia está por encima de todos los miedos. La necesidad de ser valiente hace que el miedo desaparezca, la necesidad de luchar contra la injusticia, por la dignidad y la libertad. Yo no soy más valiente que nadie, pero a mí me ha tocado conocer casi todas las comisarías de España, he pasado las 72 horas obligatorias antes de llevarte ante el juez y he sido un tipo muy incómodo para el franquismo y para mucha gente que vino después porque yo sigo diciendo mi verdad y no me va a callar nadie. Llegamos a donde llegamos por la lucha del pueblo. La Constitución del 78 fue un paso más para seguir adelante, pero estamos anticuados, obedeciendo órdenes totalmente contrarias a la libertad de expresión, a la necesidad de justicia, de libertad, de dignidad de los seres humanos. Hay mas pobreza que nunca, hay menos libertad que nunca, sinceramente.

Eso es duro. Que una víctima del franquismo diga eso es duro. ¿De verdad cree que hay menos libertad?

Lo digo yo porque soy testigo de lo que está pasando. Sí, hay mucha menos libertad que nunca. Porque, insisto, en nombre de esta llamada democracia se están cometiendo todas estas barbaridades. A los cantautores de la libertad se nos fusiló culturalmente hablando cuando llegó esta llamada democracia porque parece que ya no les conveníamos. Hemos seguido denunciando lo mismo, todas las atrocidades que los gobernantes, insisto, salvo excepciones, están haciendo. Y es verdad que ahora no estamos prohibidos, pero estamos boicoteados, vetados. La programación de cultura de este país sigue siendo la misma del franquismo. Aquí no se hace cultura de izquierda, gobierne quien gobierne. Aquí la gente entra a gobernar, se sienta en el sillón y no se vuelve a leer el programa que presentó, salvo excepciones, insisto.

¿Cree que la sociedad está más dormida o más anestesiada que antes?

Entonces hablábamos muy pocos en la calle, no éramos tantos y no éramos los mejores. Pero teníamos la conciencia muy limpia, sabíamos lo que queríamos. Había mucha gente dormida, o con miedo. ¿Qué pasaba? Pues mira, este es mi caso. Desde que tenía diez años trabajaba en el campo, en grandes cuadrillas de niños y mujeres. Con 13 años ya estaba trabajando de electricista en Sevilla capital. Estuve en el colegio hasta los nueve años. Por tanto, lo que sé, suponiendo que sepa algo, es una cultura práctica de la vida, la que te da hablar con millones de personas. A mí me ha tocado leer en épocas que no sabía ni leer. Yo no sabía leer ni escribir, ni creo que sepa.

Hombre, después de recitar esas letras…

(Risas) En el sentido intelectual, yo soy una persona autodidacta como tantos niños y niñas de esa época. Otros desgraciadamente no saben leer ni escribir. Yo empecé a leer muchos tebeos. Luego, ya con conciencia social, leía mucha prensa. Lo sigo haciendo. Oigo mucho la radio. Y en Internet, por ejemplo, en vez de dejar comentarios, suelo regalar poemas. Ahora tengo pendiente de recopilar un libro nuevo de mil páginas, que va a llevar también un disco nuevo. Se va a llamar Manuel Gerena, un rebelde con causa. Yo soy un rebelde con causa de toda la vida. Toda mi vida he preguntado muchísimo, nunca he tenido complejo en preguntar nada.

¿Cómo está Andalucía?

Andalucía tiene la necesidad de estar cada vez más con ese sentimiento de libertad. No solo en nombre de la libertad. Andalucía debería estar con ese sentimiento de saber que es un pueblo importante. Un pueblo, como se suele decir, noble, que ha sufrido muchísimo y que sigue sufriendo muchísimo, que sigue estando discriminado en el sentido igualitario. Andalucía es media España y, si la unes con Extremadura, que son pueblos muy similares por las fatigas que han pasado, imagínate… Andalucía ahora está en el momento clave de reclamar mucha más libertad e igualdad. Creo que ya es hora de que la gente piense que Andalucía es mayor. Tiene que ponerse de pie ya porque lleva demasiado tiempo arrodillada.

¿Es más necesario que nunca otro 4-D?

Yo canté en la gira histórica, institucional, que estaba organizada por el gobierno de Rafael Escuredo, por la lucha del 151. Porque no olvidemos que el propio Gobierno, con la UCD, dejaba tirada a Andalucía. Pero entonces no era una cosa de políticos. Rafael Escuredo no iba hablando de su partido (PSOE) sino de que Andalucía tenía que conseguir la autonomía por la vía rápida. Momentos como ese tendrían que volver. Yo llevo toda la vida de 15-M. ¿Cuántos 15-M habré hecho yo? Está muy bien y me encanta. He participado en las marchas de la dignidad, etc. Y siempre que puedo me engancho a todos los reclamos de todo tipo de libertad, de justicia, no soy el típico cantautor que se queda en su casa componiendo. Estoy en la calle. Y sé por qué y cómo son las cosas porque soy uno más en la calle. No soy mejor por eso, pero esa es mi vida. Los cantaores y los poetas tenemos que estar en la calle todos los días, no solo para expresar lo que sientes sino porque la calle te enseña mucho. Ahí es donde deberían estar los políticos.

Gerena continúa con otra letra: “Si tenemos un gobierno / y un parlamento tenemos, / si tenemos un gobierno, / por qué está mordiendo el hambre / las entrañas de mi pueblo”. Tras reflexionar sobre la necesidad de convocar un referéndum sobre monarquía o república, se detiene: “La persona de a pie tiene más responsabilidad que el rey de España porque tiene la necesidad de reclamar justicia, dignidad y libertad y la necesidad de buscarse el pan, que no se lo trae nadie. El poco que tiene se lo roban. Los grandes caciques se siguen llevando el grano del trigo que la gente de a pie ha sembrado dos meses antes. Los graneros están llenos de trigo y, sin embargo, lo estómagos siguen vacíos. El hambre está acentuada con la misma agresividad que en los llamados años de posguerra”, sostiene. Y ocurre en la política, según compara, como en el fútbol, donde todos siguen obcecadamente a un líder: “Es una pena que haya una masa borreguil pendiente del fútbol, que yo no tengo nada en contra del fútbol, de chico era portero del equipo de mi pueblo. Pero es que amigos míos se pelean en los bares entre ellos defendiendo uno al Messi y el otro al Ronaldo, con la pasta que tienen y que ni siquiera declaran aquí. Por el rollo del fútbol, la gente está apoyando sentimentalmente a granujas. Y pasa lo mismo en la política con los líderes, salvo excepciones. La gente tiene que decirle al líder lo que tiene que hacer, porque un líder es un ser humano y no puede estar haciendo lo que le salga de los cojones sin coincidir con lo que la base necesita. Eso es así. Y no me molesta aquellos que me dicen, creyendo que me hieren, que soy un panfletario. Yo soy un panfleto vivo en la calle”. 

¿Por qué no es delito la apología del franquismo en este país?

Aquí no se persigue a los terroristas de Franco y hay criminales sueltos por la calle. Y todo en nombre de esa bandera llamada de España, una bandera llena de sangre, de sangre inocente. ¿Para qué sirven las banderas? Las banderas hay que llevarlas en el corazón, no tienen que ser un trapo. Y mucho menos matar a nadie en nombre de ninguna bandera. Lo más importante siempre es defender la causa que lleva al ser humano a vivir en la igualdad.

¿Eres optimista?

Siempre he sido optimista, si no, no seguiría escribiendo, me hubiera acomodado pensando ‘pues ahora que escriban otros’. La juventud tiene ahora la obligación de seguir peleando por su libertad. Y los menos jóvenes, pues también. Yo no me he sentido nunca viejo. Voy a seguir siendo joven hasta que me muera. Es más, soy más joven que nunca.

¿Recuerda algún episodio de especial dureza?

Me ha tocado vivir tantas cosas… Me encargaron una biografía en Planeta y todavía no he escrito ningún renglón. Empecé a escribir mi niñez y hay momentos tan duros que tienes que recordar… Me ha tocado vivir tantas prohibiciones que eso me da más fuerzas para seguir luchando.

Usted le ha cantado a los inmigrantes andaluces por medio mundo. ¿Cómo ve ahora el tema de los refugiados?

Ahí todos somos culpables porque estamos viendo pasivamente las noticias como si nada. El sentimiento humano no está llegando a donde debe llegar. No se pueden negociar leyes para reubicarlos. Son seres humanos que vienen huyendo de la muerte, de sus países, donde los de siempre, que compran y venden las armas, están haciendo las guerras buscando petróleo… Estamos bajo el yugo de los tiranos y caciques que no solo roban al pobre sino que además se dedican a fabricar, a comprar y vender armas mientras ellos disfrutan en los grandes palacios y en los grandes aviones. Y mientras no nos unamos contra ese Estado criminal seremos cómplices. A ti te puede tocar dentro de media hora. Ya basta. Y hay que poner medios para evitar estos horrores y barbaridades y no caer en la trampa de Trump. Estamos locos, la gente está hasta los cojones de todo y cuando no vas a votar, sale una bestia de estas.

¿La crisis es un invento?

El poder financiero es el amo del mundo. Hemos llegado a una situación en la que no se puede hacer nada sin que lo diga el poder financiero. Que baja o que sube la bosa… ¿Yo tengo bolsa? Esto no se puede decir irresponsablemente, pero vamos, la bolsa sube y baja porque los granujas del mundo permiten que pase eso. ¿Qué crisis? Será el mal-estado que usted, señor capitalista, ha provocado cada vez que le conviene. Ahora toca crisis, así que claudiquen y en vez de ganar 2.000, van a ganar 500. Ese el es gran engaño. Para entender lo que pasa no hay que estudiar, sino comprender cómo son las cosas. Y el pueblo, por ignorancia o por acojonamiento, lo sigue permitiendo.

¿Se imaginaba llegar a esta situación?

Yo no me lo imaginaba, pero vivo todos los días pendientes de la libertad. Porque ha costado tanto y tanta sangre y tantas injusticias, tantos hombres y mujeres que se han quedado en el camino… Es una pena que la gente no valore lo que es la libertad y, mucho menos, la juventud. No nos la ha regalado nadie. Antes había un frente común contra el dictador. Y ahora la gente está más disuelta, la llamada izquierda está cada vez más disuelta y, a pesar de que hay más gente que vota izquierda, sigue gobernando la derecha. Para mí la derecha tiene un sentimiento político en el sentido económico. Se unen siempre que se ven un poco perdidos. Y la izquierda tiene un sentimiento más humano. Lo que pasa es que hay demasiados desacuerdos entre unos y otros. Necesitamos un frente común, caminar codo con codo contra el mal que está ahí enfrente. Hay mucha gente vendida, comprada y sobornada, y gente que son borregos. Nacen borregos y se mueren borregos. El pueblo tiene que espabilar y saber quién es el enemigo. Porque no se puede estar defendiendo al verdugo por miedo a perder el trabajo.

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