Carta abierta para reivindicar a Rodolfo Walsh – Por Ana Grandoso*




Rodolfo Walsh en su libro “¿Quién mató a Rosendo?”, Noticia Preliminar dice: “Este libro fue inicialmente una serie de notas publicadas en el semanario “CGT” a mediados de 1968. Desempeñó cierto papel, que no exagero, en la batalla entablada por la CGT rebelde contra el vandorismo. Su tema superficial es la muerte del simpático matón y capitalista de juego que se llamó Rosendo García, su tema profundo es el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955, sus destinatarios naturales son los trabajadores de mi país.

La publicitada carrera de los dirigentes gremiales cuyo arquetipo es Vandor tiene su contrafigura en la lucha desgarradora que durante más de una década han librado en la sombra centenares de militantes obreros. A ellos, a su memoria, a su promesa, debe este libro más de la mitad de su existencia.”

Y sigue un poco más adelante: “Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya. Yo no creo que un episodio tan complejo como la masacre de Avellaneda ocurra por casualidad. ¿Pudo no suceder? Pero al suceder actuaron todos o casi todos los factores que configuran el vandorismo: la organización gangsteril; el macartismo (“Son trotskistas”); el oportunismo literal que permite eliminar del propio bando al caudillo en ascenso; la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen; el silencio del grupo sólo quebrado por conflictos de intereses; el aprovechamiento del episodio para aplastar a la fracción sindical adversa; y sobre todo la identidad del grupo atacado, compuesto por auténticos militantes de base”.

En la Tercera Parte, El vandorismo, concluye: “Es bueno, sin embargo, que los trabajadores aprendan a reconocer las ideas que conducen a esos hechos, y que sepan también que las ideas no son inocentes, que el desprecio por la ideología de la clase obrera es una promesa segura de traiciones, y que las traiciones no se consuman porque sí, sino en pago de algo. Bien lo dijo Amado Olmos, refiriéndose no sólo a Vandor, sino al grupo de jerarcas enriquecidos, de burócratas complacientes que lo han acompañado en sus aventuras: ‘Estos dirigentes han adoptado las formas de vida, los automóviles, las inversiones, las casas, los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde luego con una actitud de este tipo no pueden encabezar a la clase obrera’.

Rodolfo Walsh escribió cuentos policiales en su juventud pero la realidad con que se encontró al investigar para escribir “Operación masacre” y “¿Quién mato a Rosendo?” lo transformaron en otro escritor y en otro hombre. No ya en el escritor en ascenso que soñaba escribir en La Nación, sino en el escritor testimonial en que se iba transformando como el héroe de una buena obra de no ficción.

Sus intenciones son claras cuando dice que “sus destinatarios naturales son los trabajadores de mi país.”

Rodolfo Walsh no era un sociólogo, no era un investigador de historia, él era, es, un escritor comprometido, sí, aunque suene pasado de época. Era un escritor que además investigaba, que además era periodista, que además era militante, que además escribía maravillosamente.

En “Operación masacre”, prólogo de una de sus ediciones, dice: “Escribí este libro para que actuara; en este momento no reconozco ni acepto jerarquía más alta que la del coraje civil. No puedo, ni quiero, ni debo, renunciar a un sentimiento básico, la indignación ante el atropello, la cobardía, el asesinato.”

Nuevamente pone por delante cuáles son sus valores.

En el artículo “El Facundo de Walsh”, Horacio Verbitsky analiza los puntos de inflexión en la vida y la escritura periodística y literaria relacionando el cuento “Esa mujer” y la reescritura de “Operación masacre” como el primer punto de inflexión. También se refiere a la rigurosidad con la lengua que practicaba Rodolfo Walsh. Reconoce otro punto de inflexión cuando Rodolfo Walsh conoce a Ongaro y luego dirige el Semanario de la CGT.

Allí publicó, por entregas “¿Quién mató a Rosendo?” una investigación policial política. Y sigue Verbitsky: “A Ricardo Piglia le planteó en marzo de 1970 que el cuento, la ficción y la novela eran el arte literario de una clase y de una época, pero que un nuevo tipo de sociedad, con nuevas formas de producción, exigiría ‘un nuevo tipo de arte más documental, mucho más atenido a lo que es mostrable’.

Un hombre que dedica sus investigaciones y sus libros a militantes obreros traicionados por su dirigencia y para escribirlos conoce a muchos de ellos, no puede estar de acuerdo sin contradecirse, en que los más destacados luchadores deben dejar su lugar de trabajo, pasar a la clandestinidad y tomar las armas contra el gobierno militar, la oligarquía, los industriales como proponía su organización. Es por eso que se dirigió a la dirección de Montoneros, a la que pertenecía, en 1974, haciendo un planteo crítico, por escrito, que ya es parte de nuestra historia y que se lo puede encontrar en la web.

Este planteo no hace más que profundizar su coherencia.

Un escritor conocido en los medios hace ya tiempo, polémico, casi provocador, con varios libros de gran tirada en importantes editoriales, autor junto a Eduardo Anguita de “La voluntad”, se trata de Martín Caparrós, escribió recientemente un artículo en The New York Times, 28 de mayo de 2017 : “La culpa es de nuestra generación” y en una parte dice:

“Siempre es fácil echar las culpas a otros; siempre es difícil encontrar las propias. Pero si algo puede servir para algo es buscarlas: tratar de pensar cómo y por qué la Argentina actual es nuestra culpa. Saber qué hicimos para llegar a esto es el primer movimiento ineludible para tratar de llegar a otra cosa. Yo no lo sé, pero sospecho algunas pistas.

Está, para empezar, la excusa heroica: aquellas muertes. Nos asesinaron a varios miles y nos hemos consolado pensando que el problema es que “mataron a los mejores”. Que quedamos los peores pero la culpa no es nuestra, sino de aquellos asesinos. Ni los mejores ni los peores: murieron los que tuvieron más insistencia, menos suerte, más coherencia, menos imaginación, más valor, menos cuidado; los que estaban en el lugar preciso en el momento justo, los que no estaban en el lugar preciso en el momento justo. Nos mataron a muchos y fue una tragedia. Pero el problema central no fue la falta de los que mataron; fue, más que nada, el efecto que produjeron esas muertes en los vivos. Fueron pedagógicas: nos demostraron que “ser realistas y buscar lo imposible” podía ser tan costoso que después preferimos no arriesgar y aceptar lo posible. Que siempre era un desastre.”

Rodolfo Walsh parece que sí fue uno de los mejores. Personas que reúnen tantos atributos ideales son, para aquello que tienen escrúpulos, casi inabordables por la fascinación y respeto que inspiran.

Hoy los Vandor siguen heredándose en dinastías casi 60 años después y sucede en nuestros días aún cuando es imprescindible mencionar por lo menos dos grandes fechas de luchas antiburocráticas, entre otras reivindicaciones, como fueron durante el “Cordobazo” en 1969, las que protagonizaron los sindicatos de Sitrac-Sitram y el independiente AgustínTosco y ya en el año 1975, la gran lucha de Villa Constitución en Rosario.

Rodolfo Walsh escribió cuentos, no ficción, artículos periodísticos, una autobiografía literaria “Ese hombre y otros papeles”, “Esa mujer” y la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” del 25 de marzo de 1977.

Cada año, cada 24 de marzo, aniversario del golpe militar-cívico-eclesiástico asistimos a la reproducción de esta carta como un mantra que reúne todo cuando sabemos que esa carta fue su último, y desesperado acto pero que estaba, está precedido por otros actos escritos que merecen que sean difundidos tanto como la carta, tan conocida.

Lo mismo sucede con el Día del Periodista fecha en que otros periodistas lo han transformado en ícono. Años antes el símbolo era la fundación de La Gaceta y Mariano Moreno. Esto no es criticable en si mismo pero sí lo es que no se profundice en el contenido político de sus escritos de no ficción cuyo sostén son las investigaciones rigurosas que Rodolfo Walsh hacía.

Y preguntarse: ¿Se puede estudiar su estilo periodístico y soslayar su intencionalidad? Otros homenajes le dedican placas, banners, monolitos, bautizan bibliotecas, en fin lo nombran, lo muestran. Habrá excepciones en universidades, sindicatos y escuelas en la intimidad del aula y en bibliotecas con bibliotecarios que planifican actividades para difundir su obra, pensamiento y acción. Cabe preguntarse si Rodolfo Walsh está en la currícula de las universidades y escuelas secundarias en Ciencias Sociales.

Un párrafo aparte para la provincia de Río Negro que ostenta el orgullo de que Rodolfo Jorge Walsh nació en Lamarque (el dice en sus libros que en Choele Choel) donde se planifica colocar un monolito y surge la pregunta: ¿Es importante señalar el lugar de nacimiento de este gran escritor que vivió unos pocos años de su infancia en el mencionado lugar?

Como si pudiera obtenerse con eso que caiga del cielo algún polvo de estrellas para ser aprovechado con fines promocionales por no decir electoralistas.

O lo verdaderamente importante sería implementar un plan editorial (o compra de libros ya editados) para que se lo conozca por sus valores, su honestidad, su coherencia como ejemplo para los jóvenes, sus denuncias, su compromiso, sus libros, sus libros como una manera de no ceder a esa tentación de banalizar que vacía de contenido, para contribuir a la difusión de una identidad de la historia real y no la historia inventada por los de siempre, los vencedores, como sucede con los nombres de las calles de todas las ciudades y pueblos de nuestro país. Todavía no han puesto en el lugar que merecen a gran parte de los hombres de la Revolución de Mayo, las actuaciones ejemplares de algunos de ellos, como San Martín y Belgrano que están, codo a codo, calle a calle con Rivadavia o Bartolomé Mitre, por citar dos ejemplos.

Sería justo y loable incluir en los programas de universidades y colegios secundarios el estudio de la obra completa de Rodolfo Walsh: cuentos, no ficción, artículos periodísticos, artículos teórico-políticos de crítica a la dirección de Montoneros, diario, carta abierta a la Junta Militar.

Es decir, ponerlo en el lugar del gran escritor comprometido con su tiempo que fue, que es.

Por todo lo antes dicho abogo para que a Rodolfo Walsh no lo transformen en ícono vacío, en foto estampada en una camiseta y que pongan todo en difundir su obra literaria entre los jóvenes.

.Sitrac, Sindicato de Trabajadores de Concord.

.Sitram, Sindicato de Trabajadores de Materfer.


Bibliografía
Rodolfo Walsh, ¿Quién mató a Rosendo?, Ediciones De la Flor, octava edición, 2000.

Operación Masacre, Ediciones De la Flor, 2003.

Ese hombre y otros papeles personales, Ediciones De la Flor, 2ª. Ed., 2010.

Cuentos completos, Ediciones De la Flor, 2013.

Marcelo Figueras, El negro corazón del crimen, Alfaguara, 2017.

Lelio Valdéz, Atrás de la Neblina. Ensayo sobre autonomía obrera, las Coordinadoras y el Sindicalismo oficial en la Argentina de los ’70. Reflexiones de una historia a contrapelo.

Porto Alegre-Rosario. 2015 (88 págs) - Artículos periodísticos

Horacio Verbitsky, El Facundo de Walsh. Publicado en la revista El Periodista de Buenos

Aires, nº2, 1984.

Radar nº 1070 del 19/3/17

Martín Caparrós, La culpa es de nuestra generación. The New York Times 28 de mayo de 2017.

*Escritora Carmen de Patagones. Autora de “La naturaleza de las horas”, “Cinco poetas”, junto a María Inés Cantera, María Belén Benito, Horacio Fabián Almazábal y Miguel Angel Osorio, y “Vamos al baile y verás”, una novela.

Fuente: AGENCIA PERIODÍSTICA PATAGÓNICA