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De como hablar de clase social en la China capitalista se ha vuelto políticamente incorrecto

Hablar de clase social en la China capitalista actual es incómodo; de hecho, se rehuye todo debate y análisis sobre ello, incluso en las universidades, pero también en los medios de comunicación. En la China en la que la paradoja que existe entre el eufórico agitar de la bandera roja en todos los organismos oficiales y el arrasador neoliberalismo en las empresas es una contradicción difícil de digerir hasta para el más reformista, recordar conceptos como el de “lucha de clases”, de tanta importancia en la odiada (para la nueva burguesía en el poder) Gran Revolución Cultural Proletaria maoísta, es de mal gusto, políticamente incorrecto.

De esto trata el artículo  de Louisa Lim, De como hablar de clase social en  la China se ha vuelto políticamente incorrecto,  a partir de algunos estudios y análisis sobre las clases sociales en la China capitalista actual y, sobre todo, de la negación de la existencia de la lucha de clases, en el marco de esa “sociedad sin clases” agitada y fomentada por el revisionismo desde el XX Congreso del PCUS, etiqueta que, desde Jruchev y la camarilla que le aupó al poder, intenta ocultar con palabras bonitas un regreso al capitalismo que, en el caso de China, no solo ha sido un amago, sino que ha convertido al país en primera potencia capitalista del mundo y ha llevado a la gran burguesía local a los primeros puestos entre los más poderosos mafiosos capitalistas del siglo XXI.

El artículo original en inglés lo hemos traducido al castellano y lo difundimos para su lectura a continuación:


DE COMO HABLAR DE CLASE SOCIAL EN LA CHINA CAPITALISTA SE HA VUELTO POLÍTICAMENTE INCORRECTO 

“¡Nunca olviden la lucha de clases!” Fue la exhortación del presidente Mao al pueblo chino. La frase fue pintada en múltiples Dazibaos en las paredes del pueblo, grabada en tazas, incluso pintadas en los aseos de todo el país. En la China de Mao, la clase era fundamental para todos, base de la política estatal y del partido, influyendo en todos aspectos de la existencia de uno. Sin embargo, con el tiempo, la palabra “clase” ha desaparecido lentamente del discurso oficial. En la China de Xi Jinping, la clase – que evoca el trauma de la lucha de clases y los enemigos de clase de la Revolución Cultural – se ha vuelto políticamente incorrecta.
“Simplemente no esta moda hablar de clase”, dice Guo Yingjie, profesor de Ciencias Políticas  de la Universidad de Sydney, quien se ha encontrado con la resistencia – incluso de los académicos de China – a su investigación sobre el tema. “Hablar de clase no es ni políticamente seguro, ni políticamente correcto. Es una palabra sucia. Es casi algo que muchos académicos en China piensan que es irrelevante “.
Tal estrategia es subrayada por los mensajes propagados a través de los medios estatales, según Wanning Sun, profesor de Ciencias de la Información de la Universidad de Tecnología de Sydney. “Si quieres deshacerte del discurso de la lucha de clases, una forma en que el partido ha hecho esto es promover el consumo para que la gente tenga una sensación de esperanza”. Es decir, se vende “una ideología de la esperanza – el discurso neoliberal – ha arraigado. Al neoliberalismo no le gusta el discurso de clase. Mientras encuentres tu posición en el mercado, estarás bien”. De esta manera, la clase se ha sustituido por la capacidad de consumo y, en algunos casos, por el consumo conspicuo.
Una investigación de The Sun explora las representaciones mediáticas de los migrantes de zonas rurales a las ciudades que se han convertido en una nueva subclase en China. Su representación en los medios de comunicación dirigidos al mercado subraya la alienación de los trabajadores migrantes: “Pueden ser demonizados. Pueden ser erotizados. Pueden ser criminalizados, parecen ser nadie. Las palabras o términos usados ​​pueden ser francamente derogatorios. Hay toda una gama de discursos, pero en general no están en la línea de dar voz a los trabajadores “.
Una muestra de ese desequilibrio fue el famoso show televisivo Feichang Wurao, o “If You Are the One”, que dedicó dos episodios especiales  a encontrar el amor para los trabajadores migrantes, que a menudo tienen problemas en integrarse. Este intento, bien intencionado, pero equivocado, resultó contraproducente, ya que ninguna de las trabajadoras participantes estaba dispuesta a salir con un trabajador migrante; todos aspiraban a un compañero que pudiera elevarlos a lo que percibían como una existencia de clase media.
En los últimos años, la explosión de clase media de China ha sido un elemento básico de los artículos de los medios de comunicación occidentales, como los datos de la consultora McKinsey,  estimando que para 2022, tres cuartas partes de la población urbana será de clase media. Pero muchos expertos en el estudio de las clases sociales creen que la clase media china es realmente un mito, ya que los criterios por los cuales se mide son bastante arbitrarios, y el ingreso por sí mismo ignora otros estándares que son más difíciles de definir, incluyendo la educación y la suzhi, o “calidad de vida”; término neutral a veces utilizado como un indicador de las clases.
La ansiedad de clase está, por otro lado,  muy presente en China, ya que la movilidad social es sorprendentemente limitada en muchas de las vías tradicionales de progreso, como la educación, vía ahora cerrada. En una investigación de la Universidad de Sydney,  David Goodman ha concluído que alrededor del 84% de la élite de hoy son descendientes directos de la élite de antes de 1949. Esto sugiere que las seis décadas de comunismo pueden no haber tenido, finalmente, un impacto tan dramático sobre la clase dirigente, que tiene la ventaja de décadas de acumulación de capital -incluyendo capital económico, cultural y social- del que aparentemente han continuado beneficiándose bajo el sistema del partido-estado.
Guo Yingjie ha escrito que los nuevos estratos sociales “no son realmente clases a los ojos de los académicos chinos”, subrayando el profundo abismo entre la ideología oficial china y la práctica real del partido y el gobierno. Esto presenta un dilema fundamental para el Partido Comunista, que lucha por conciliar inconsistencias entre sus diversas ideologías, que incluyen fuentes marxistas, el leninismo, el maoísmo, la teoría de Deng Xiaoping y la Triple Representatividad de Jiang Zemin, introducida en 2001, a partir de la cual se permite a los capitalistas unirse al Partido Comunista abiertamente.
Para el partido, la escala y profundidad de esas inconsistencias es un asunto serio, según Guo: “Por un lado, el partido sigue hablando del marxismo. En la práctica, no lo lleva a cabo. Un ejemplo es la lucha de clases. La lucha de clases es fundamental para el marxismo, y ciertamente central en el núcleo de la teoría marxista, esto es el materialismo histórico. Si se elimina la lucha de clases, todo el edificio marxista se derrumba y desaparece  ¿Qué significa decir que creemos en el marxismo, pero no hablamos de lucha de clases? Es una broma.”
Sin embargo, cualquier intento de revisar esta parte del legado del Presidente Mao es políticamente arriesgado, ya que crearía percepciones de un cambio fundamental en el partido. Los ajustes necesarios para alinear la teoría y la práctica serían casi imposibles de conseguir. El resultado es claramente surrealista, “En el pasado, las clases se intentaron eliminar, pero nuestros gobernantes decretaron que era importante no bajar la guardia y continuar con la lucha de clases, para evitar la vuelta al poder de la burguesía. Ahora las clases han regresado, pero nuestros gobernantes exigen que se olvide, que se borre de la faz de la tierra, toda idea o recuerdo de la lucha de clases”
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De como hablar de clase social en la China capitalista se ha vuelto políticamente incorrecto

Hablar de clase social en la China capitalista actual es incómodo; de hecho, se rehuye todo debate y análisis sobre ello, incluso en las universidades, pero también en los medios de comunicación. En la China en la que la paradoja que existe entre el eufórico agitar de la bandera roja en todos los organismos oficiales y el arrasador neoliberalismo en las empresas es una contradicción difícil de digerir hasta para el más reformista, recordar conceptos como el de “lucha de clases”, de tanta importancia en la odiada (para la nueva burguesía en el poder) Gran Revolución Cultural Proletaria maoísta, es de mal gusto, políticamente incorrecto.

De esto trata el artículo  de Louisa Lim, De como hablar de clase social en  la China se ha vuelto políticamente incorrecto,  a partir de algunos estudios y análisis sobre las clases sociales en la China capitalista actual y, sobre todo, de la negación de la existencia de la lucha de clases, en el marco de esa “sociedad sin clases” agitada y fomentada por el revisionismo desde el XX Congreso del PCUS, etiqueta que, desde Jruchev y la camarilla que le aupó al poder, intenta ocultar con palabras bonitas un regreso al capitalismo que, en el caso de China, no solo ha sido un amago, sino que ha convertido al país en primera potencia capitalista del mundo y ha llevado a la gran burguesía local a los primeros puestos entre los más poderosos mafiosos capitalistas del siglo XXI.

El artículo original en inglés lo hemos traducido al castellano y lo difundimos para su lectura a continuación:


DE COMO HABLAR DE CLASE SOCIAL EN LA CHINA CAPITALISTA SE HA VUELTO POLÍTICAMENTE INCORRECTO 

“¡Nunca olviden la lucha de clases!” Fue la exhortación del presidente Mao al pueblo chino. La frase fue pintada en múltiples Dazibaos en las paredes del pueblo, grabada en tazas, incluso pintadas en los aseos de todo el país. En la China de Mao, la clase era fundamental para todos, base de la política estatal y del partido, influyendo en todos aspectos de la existencia de uno. Sin embargo, con el tiempo, la palabra “clase” ha desaparecido lentamente del discurso oficial. En la China de Xi Jinping, la clase – que evoca el trauma de la lucha de clases y los enemigos de clase de la Revolución Cultural – se ha vuelto políticamente incorrecta.
“Simplemente no esta moda hablar de clase”, dice Guo Yingjie, profesor de Ciencias Políticas  de la Universidad de Sydney, quien se ha encontrado con la resistencia – incluso de los académicos de China – a su investigación sobre el tema. “Hablar de clase no es ni políticamente seguro, ni políticamente correcto. Es una palabra sucia. Es casi algo que muchos académicos en China piensan que es irrelevante “.
Tal estrategia es subrayada por los mensajes propagados a través de los medios estatales, según Wanning Sun, profesor de Ciencias de la Información de la Universidad de Tecnología de Sydney. “Si quieres deshacerte del discurso de la lucha de clases, una forma en que el partido ha hecho esto es promover el consumo para que la gente tenga una sensación de esperanza”. Es decir, se vende “una ideología de la esperanza – el discurso neoliberal – ha arraigado. Al neoliberalismo no le gusta el discurso de clase. Mientras encuentres tu posición en el mercado, estarás bien”. De esta manera, la clase se ha sustituido por la capacidad de consumo y, en algunos casos, por el consumo conspicuo.
Una investigación de The Sun explora las representaciones mediáticas de los migrantes de zonas rurales a las ciudades que se han convertido en una nueva subclase en China. Su representación en los medios de comunicación dirigidos al mercado subraya la alienación de los trabajadores migrantes: “Pueden ser demonizados. Pueden ser erotizados. Pueden ser criminalizados, parecen ser nadie. Las palabras o términos usados ​​pueden ser francamente derogatorios. Hay toda una gama de discursos, pero en general no están en la línea de dar voz a los trabajadores “.
Una muestra de ese desequilibrio fue el famoso show televisivo Feichang Wurao, o “If You Are the One”, que dedicó dos episodios especiales  a encontrar el amor para los trabajadores migrantes, que a menudo tienen problemas en integrarse. Este intento, bien intencionado, pero equivocado, resultó contraproducente, ya que ninguna de las trabajadoras participantes estaba dispuesta a salir con un trabajador migrante; todos aspiraban a un compañero que pudiera elevarlos a lo que percibían como una existencia de clase media.
En los últimos años, la explosión de clase media de China ha sido un elemento básico de los artículos de los medios de comunicación occidentales, como los datos de la consultora McKinsey,  estimando que para 2022, tres cuartas partes de la población urbana será de clase media. Pero muchos expertos en el estudio de las clases sociales creen que la clase media china es realmente un mito, ya que los criterios por los cuales se mide son bastante arbitrarios, y el ingreso por sí mismo ignora otros estándares que son más difíciles de definir, incluyendo la educación y la suzhi, o “calidad de vida”; término neutral a veces utilizado como un indicador de las clases.
La ansiedad de clase está, por otro lado,  muy presente en China, ya que la movilidad social es sorprendentemente limitada en muchas de las vías tradicionales de progreso, como la educación, vía ahora cerrada. En una investigación de la Universidad de Sydney,  David Goodman ha concluído que alrededor del 84% de la élite de hoy son descendientes directos de la élite de antes de 1949. Esto sugiere que las seis décadas de comunismo pueden no haber tenido, finalmente, un impacto tan dramático sobre la clase dirigente, que tiene la ventaja de décadas de acumulación de capital -incluyendo capital económico, cultural y social- del que aparentemente han continuado beneficiándose bajo el sistema del partido-estado.
Guo Yingjie ha escrito que los nuevos estratos sociales “no son realmente clases a los ojos de los académicos chinos”, subrayando el profundo abismo entre la ideología oficial china y la práctica real del partido y el gobierno. Esto presenta un dilema fundamental para el Partido Comunista, que lucha por conciliar inconsistencias entre sus diversas ideologías, que incluyen fuentes marxistas, el leninismo, el maoísmo, la teoría de Deng Xiaoping y la Triple Representatividad de Jiang Zemin, introducida en 2001, a partir de la cual se permite a los capitalistas unirse al Partido Comunista abiertamente.
Para el partido, la escala y profundidad de esas inconsistencias es un asunto serio, según Guo: “Por un lado, el partido sigue hablando del marxismo. En la práctica, no lo lleva a cabo. Un ejemplo es la lucha de clases. La lucha de clases es fundamental para el marxismo, y ciertamente central en el núcleo de la teoría marxista, esto es el materialismo histórico. Si se elimina la lucha de clases, todo el edificio marxista se derrumba y desaparece  ¿Qué significa decir que creemos en el marxismo, pero no hablamos de lucha de clases? Es una broma.”
Sin embargo, cualquier intento de revisar esta parte del legado del Presidente Mao es políticamente arriesgado, ya que crearía percepciones de un cambio fundamental en el partido. Los ajustes necesarios para alinear la teoría y la práctica serían casi imposibles de conseguir. El resultado es claramente surrealista, “En el pasado, las clases se intentaron eliminar, pero nuestros gobernantes decretaron que era importante no bajar la guardia y continuar con la lucha de clases, para evitar la vuelta al poder de la burguesía. Ahora las clases han regresado, pero nuestros gobernantes exigen que se olvide, que se borre de la faz de la tierra, toda idea o recuerdo de la lucha de clases”
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Xi exige compromiso al Ejército chino en pro de la paz

El líder del Partido Comunista Chino pasó revista por primera vez al Ejército Popular de Liberación, que el próximo martes cumplirá 90 años de fundado.
“La paz es una bendición del planeta” y es “responsabilidad del Ejército mantenerla”, aseguró este sábado el presidente chino Xi Jinping durante un masivo desfile militar con motivo del 90 aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL).
Luego de haber pasado revista a las tropas por primera vez, el jefe de Estado resaltó que el gigante asiático necesita “hoy más que nunca un Ejército de primera”, que se convierta en una fuerza militar de clase mundial.
Vestido con un traje de camuflaje y subido en un vehículo militar, Xi realizó un breve discurso en el que se mostró confiado de que el EPL tiene la capacidad de proteger la soberanía y los intereses de China.
El también presidente de la Comisión Militar Central presenció el imponente desfile que duró aproximadamente una hora y en el que China desplegó toda su artillería, incluidos varios misiles.
El Ejército Popular de Liberación festeja cada año su aniversario el 1º de agosto.
Es la primera vez que China conmemora el día del EPL con un desfile militar desde la fundación de la llamada Nueva China en 1949, es decir, desde el triunfo de la Revolución que lideró Mao Tse-Tung.
Fuente: TeleSUR
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Xi exige compromiso al Ejército chino en pro de la paz

El líder del Partido Comunista Chino pasó revista por primera vez al Ejército Popular de Liberación, que el próximo martes cumplirá 90 años de fundado.
“La paz es una bendición del planeta” y es “responsabilidad del Ejército mantenerla”, aseguró este sábado el presidente chino Xi Jinping durante un masivo desfile militar con motivo del 90 aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL).
Luego de haber pasado revista a las tropas por primera vez, el jefe de Estado resaltó que el gigante asiático necesita “hoy más que nunca un Ejército de primera”, que se convierta en una fuerza militar de clase mundial.
Vestido con un traje de camuflaje y subido en un vehículo militar, Xi realizó un breve discurso en el que se mostró confiado de que el EPL tiene la capacidad de proteger la soberanía y los intereses de China.
El también presidente de la Comisión Militar Central presenció el imponente desfile que duró aproximadamente una hora y en el que China desplegó toda su artillería, incluidos varios misiles.
El Ejército Popular de Liberación festeja cada año su aniversario el 1º de agosto.
Es la primera vez que China conmemora el día del EPL con un desfile militar desde la fundación de la llamada Nueva China en 1949, es decir, desde el triunfo de la Revolución que lideró Mao Tse-Tung.
Fuente: TeleSUR
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¿Quién teme a la Constituyente venezolana?

Por Ángeles Diez*, enviado por Foro contra la Guerra.

Mariano Rajoy teme a la Constituyente venezolana. Felipe González y Jose María Aznar, Albert Rivera y Pedro Sánchez, hasta el calculador Pablo Iglesias teme a la Constituyente. La oposición golpista venezolana y Donald Trump temen a la constituyente. Los empresarios venezolanos que especulan con la comida del pueblo, las hordas de jóvenes desclasados y bien pertrechados que queman a chavistas, los intelectuales orgánicos, los que callan, los que otorgan, los paraperiodistas que no paran de disparar a las audiencias europeas. Todos sienten que se les acaba el tiempo para torcer el brazo a la revolución bolivariana.

Hay muchos y distintos tipos de miedos que atraviesan el ámbito de la política. El miedo a un proceso constituyente es parecido al miedo que históricamente ha aterrorizado a las oligarquías cuando avizoran una posibilidad revolucionaria por pequeña que esta sea. A veces, es un miedo irracional pues hay pueblos sumisos y doblados por el talón de hierro capitalista que no guardan rescoldo alguno de rebelión. Pero eso no importa ni al orondo y clásico burgués, ni al joven tiburón especulador. Si hay una remota posibilidad de que ese pueblo despierte ahí estarán, la amenaza terrorista, las leyes mordaza, el caos tercermundista y la crisis económica que todo lo explica. El miedo de las élites europeas a los procesos constituyentes tiene mucho de terapia preventiva, es un “por si acaso mejor prevenir que curar”.

El miedo del imperialismo estadounidense es otro tipo de miedo. Es el histórico miedo del esclavista a que los esclavos dejen de cultivar la tierra y se liberen, es el miedo del colono a un ataque de los indios sobrevivientes. Es el miedo a que los asesinados, los desaparecidos, los torturados y los saqueados latinoamericanos reclamen justicia. A que el retrato del imperialista salga a la luz y se vea nítidamente y sin máscara su democracia realmente existente. Donal Trump y antes Barak Obama temen que América Latina deje de ser un patio trasero donde hacer ricos negocios que oxigenen la economía estadounidense. 

El miedo español es un miedo neofranquista y tiene su origen en una Constitución sin Asamblea Constituyente. La historia de nuestra Constitución es la historia de un apaño, de una componenda entre las élites franquistas y las nuevas élites socialistas y nacionalistas, ambas conectadas por finos hilos geoestratégicos a los intereses estadounidenses.

No hubo pueblo español, ni vasco, ni catalán, ni siquiera franquista que participara en la elaboración de la Constitución española de 1978. Las elecciones del 15 de abril de 1977 no fueron para elegir a una cámara constituyente que elaborara ninguna constitución. Fue la Ley de Reforma Política (15 diciembre de 1976), aprobada por las Cortes Franquistas la que sentaba las bases para elegir a unos parlamentarios que a su vez designaran una Comisión de Asuntos Constitucionales compuesta por sólo 7 miembros repartidos entre comisionados de probado curriculum franquista como el ministro de Información y turismo Manuel Fraga Iribarne o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, letrado del Consejo de Estado y Secretario General técnico del ministerio de Justicia; y comisionados vinculados al emergente y ambicioso PSOE como el abogado Gregorio Peces-Barba o Jordi Solé Turá. Después, sólo después de que la lápida del consenso enterrara la esperanza de recuperar la democracia republicana se hizo un referéndum legitimador.

Para la reforma constitucional del 2011 tampoco hubo necesidad de preguntar al pueblo, y eso que el artículo a reformar, el 135, era nada menos que aquel que obliga a cualquier gobierno, sea del signo que sea, a priorizar el pago de la deuda antes que cualquier otro gasto del Estado, primero la bolsa y luego la vida. Quince días para maniatar al próximo gobierno y ni siquiera un referéndum de ratificación ¿Por qué había de opinar el pueblo si ya opinan sus representantes? ¿Por qué preguntar si las respuestas venían dadas desde la troika europea

¿A qué se debe que las Constituciones den tanto miedo y los procesos constituyentes mucho más?

La Constitución es la regla básica que fundamenta y ampara el sistema jurídico de un país así como el funcionamiento de las instituciones y poderes de un Estado. Se suele decir que es la ley de leyes. Las constituciones establecen los marcos jurídicos pero a su vez éstos implican una redefinición del Estado y de la fuente de la soberanía. Cuando son el resultado de procesos constituyentes suponen la incorporación de los ciudadanos a la discusión, elaboración y ratificación de la constitución, caso que se dio en Venezuela en 1999; estamos hablando de procesos en los que hay una ratificación popular del contrato social en la que los ciudadanos establecen y aprueban los instrumentos concretos para el ejercicio del poder del Estado y sus instituciones. Es algo así como si los ciudadanos participaran en la elaboración de los instrumentos que puede utilizar el Estado para gobernar y al mismo tiempo dijeran qué herramientas no pueden ser utilizadas. 

Las constituciones otorgan poder al Estado pero también limitan el ejercicio de ese poder.

Las clases populares, siendo la fuente de poder en el proceso Venezolano, se convirtieron también en 1999 en fuente de derecho pues no se limitaron solo a votar una constitución previamente elaborada por juristas o comisionados no electos, sino que participaron activamente en la elección de los encargados de elaborar el articulado de la Constitución y también en discutir y debatir sobre las propuestas que éstos realizaban.

Cada Constitución, dice el constitucionalista Roberto Gargarella, trata de responder a uno o varios problemas, o lo que es igual, trata de remediar algún mal; nos dice: “las Constituciones nacen habitualmente en momentos de crisis, con el objeto de resolver algún drama político-social fundamental”1
 

La Constitución de 1999 en Venezuela vino a resolver tres problemas básicos: la incorporación de los sectores populares a las tareas de gobierno, es decir, convertir a estos sectores en sujetos políticos protagónicos, en segundo lugar, recuperar la soberanía sobre los recursos naturales (especialmente el petróleo), y en tercer lugar, resolver el drama de la desigualdad social.

La movilización social, el cambio de correlación de fuerzas y la acumulación de poder social fueron el punto de partida de las nuevas Constituciones latinoamericanas tanto en Venezuela como en Ecuador o en Bolivia; y también la crisis del modelo de acumulación capitalista en estos paises.

Pero esa recuperación de la soberanía popular que significó la Constitución de 1999 sólo podía estabilizarse con la mejora de las condiciones de vida al tiempo que se desarrollaba una cultura política de participación real y efectiva. Ambos procesos, mejora económica y participación política, son los que han dado y dan legitimidad al gobierno bolivariano. Son las bases del poder popular que derrocó al golpe contra el gobierno bolivariano en el 2002.

Dieciocho años después de esa Constitución, ha habido 24 procesos electorales, se ha avanzado en casi todos los indicadores sociales (educación, desarrollo, vivienda, salud…), como demuestran los datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas. Pero el contexto nacional e internacional han cambiado. A pesar del avance en cultura democrática y participación –o precisamente por ello-, el gobierno de Nicolás Maduro perdió la mayoría de la Asamblea Nacional que ahora se encuentra en manos de la llamada “oposición venezolana” –un conglomerado de más de 20 partidos unidos sólo por el odio al gobierno bolivariano2, una Asamblea que además sesiona en desacato. La llamada oposición y las oligarquías empresariales han emprendido una hoja de ruta que, como en la Chile de Allende, trata de reventar la economía (inflación inducida, embargo comercial encubierto, bloqueo financiero internacional), someter por hambre a las clases populares (boicot en el suministro de bienes de primera necesidad, desabastecimiento programado), bloquear las instituciones, tomar las calles con la violencia extrema, crear un gobierno paralelo y finalmente, si no se derroca al gobierno bolivariano ni se quiebra al ejército bolivariano, habrá creado las mejores condiciones para una intervención humanitariamente armada. 

Tal vez no a través de la IV Flota estadounidense próxima a las costas venezolanas, pero como declaró hace apenas unos días Michael Richard Pompeo, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), se trabaja con los gobiernos de Colombia y México para evaluar las maniobras necesarias para lograr un cambio de gobierno en Venezuela3

Internacionalmente la región latinoamericana ha sufrido un retroceso provocado por la derrota del gobierno progresista de Cristina Kirstchner, los golpes parlamentarios en Brasil (2016) y Paraguay (2012), precedidos por los Golpes de Estado de Haití (2004) y Honduras (2009). La integración regional se ha ralentizado por los Estados más afines a Estados Unidos, como Colombia o México. La OEA (Organización de Estados Americanos) vuelve a ser esa organización internacional instrumentalizada por el imperio contra los gobiernos latinoamericanos díscolos. 

También a escala global el imperio estadounidense y sus aliados tienen sobre sus cabezas la espada de Damocles de una crisis económica que sólo resuelven aumentando la presión y la desposesión de sus poblaciones (saqueo de lo público, austeridad, recortes, precarización…). Llevar la guerra a cualquier parte del mundo donde haya algo que saquear, recuperar cuotas de influencia frente a Rusia o China y disciplinar a sus propias poblaciones, se hace urgente y necesario. Así, apoyar a las llamadas oposiciones, moderadas, armadas o de colores es la única política internacional realista para las necesidades imperiales.

Ante este nuevo contexto nacional e internacional, el Poder electoral venezolano, a propuesta del Presidente (de acuerdo con el artículo 348 de la Constitución) ha convocado elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio. No hay constitución que aguante tamaña embestida.

Cada venezolano podrá votar una vez territorialmente y una vez por el sector y subsector que le corresponda. Los comisionados electos tendrán que reformar la Constitución de 1999 para tratar de resolver esta vez los siguientes graves y nuevos problemas que se resumen en 9 temas propuestos para la reforma: 1) Constitucionalizar las Misiones (salud, vivienda, educación…) creando un sistema público que garantice por ley los avances sociales, 2) dotar de instrumentos más eficaces para defender la soberanía nacional y el rechazo al intervencionismo, 3) constitucionalizar las comunas y consejos comunales para hacer de la participación un requisito democrático, 4) crear instrumentos jurídicos y penitenciarios para luchar contra la impunidad, el terrorismo y el narcotráfico, 5) caminar hacia un sistema económico menos dependiente del petróleo, 6) luchar contra el cambio climático y el calentamiento global, 7) favorecer los procesos de paz, reafirmar la justicia y aislamiento de los violentos, 8) Desarrollar los derechos y deberes sociales, 9) una nueva espiritualidad cultural y venezolanidad, garantizar el carácter pluricultural y la identidad cultural.

El miedo a la constituyente venezolana se ha convertido en pánico en las pantallas. Los paraperiodistas dan diariamente el parte de guerra: 80, 90, 100 muertos, 20,30, 40 heridos. ¿Quiénes eran, a manos de quién, estaban en la manifestación?,-detalles irrelevantes-; huelga general, 70%, 90% de seguimiento –¿quién da esas cifras, están comprobadas? –detalle irrelevante-; nueva manifestación que es reprimida violentamente; ¿por qué es reprimida, en qué consiste la represión de la policía si solo vemos manifestantes tapados que arrojan cócteles y disparan morteros? – detalles irrelevantes. Qué extraña “dictadura” la venezolana donde los periodistas nacionales e internacionales campan a sus anchas por las calles grabando la “represión policial”. Paraperiodistas que solo beben de las fuentes de la oposición, que no desaprovechan la oportunidad de disfrazarse de reporteros de guerra, que nunca entrevistan al pueblo bolivariano, que repiten cual papagayos las consignas de la llamada “oposición”.

Todo vale en la propaganda de guerra, quien paga manda. El paraperiodista está siempre del lado correcto, el del empresario, el del gobierno si es un medio nacional, como televisión española, y si el gobierno español se ha pronunciado declarando enemigo al gobierno venezolano, pues ellos están ahí sirviendo a la patria.

Los paraperiodistas españoles tienen un serio entrenamiento: descubrieron armas de destrucción masiva en Iraq, nos convencieron de que para quitar el burka a las afganas había que facilitar a USA la intervención, justificaron el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia, el asesinato de Gadafi, el golpe de Estado del 2002 en Venezuela, han apoyado a la más que moderada, moderadísima oposición siria, en fin, una probada fidelidad a las Agencias de información y a las orientaciones imperiales. Lástima que según un informe de la Universidad de Oxford de 2015, de los 11 países consultados en Europa, los medios de comunicación españoles son los menos creíbles y los segundos menos creíbles de los 12 países estudiados a nivel mundial.

Sin embargo, hay quienes no temen a la Constituyente venezolana, es más, hay quienes la defienden incluso a riesgo de su vida. Es el pueblo venezolano, son las clases populares que no se han dejado engañar ni amedrentar. Es el pueblo que rinde homenaje a la memoria de su comandante que les colocó en la historia. Son los que recibieron educación, libros gratis, vivienda, salud,… No temen a la constituyente los líderes barriales, los obreros, los dirigentes, miles de venezolanos que se postulan para servir a su pueblo.

Nadie que conozca la historia reciente de Venezuela, nadie que conozca los planes imperiales, nadie que haya soñado alguna vez con que en su país le hubieran dejado participar en un proceso constituyente, puede temer a la Constituyente venezolana.


* Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

Notas:


1 Gargarela R., El nuevo constitucionalismo latinoamericano: Promesas e interrogantes; CONICET/CMI

2 Composición de la Oposición Venezolana, MUD, compuesta por 19 partidos, originariamente por 31

3 CIA, Colombia y México quieren derrocar a Maduro: canciller de Venezuela, http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/cia-colombia-y-mexico-quieren-derrocar-maduro-canciller-de-venezuela-articulo-704678.

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¿Quién teme a la Constituyente venezolana?

Por Ángeles Diez*, enviado por Foro contra la Guerra.

Mariano Rajoy teme a la Constituyente venezolana. Felipe González y Jose María Aznar, Albert Rivera y Pedro Sánchez, hasta el calculador Pablo Iglesias teme a la Constituyente. La oposición golpista venezolana y Donald Trump temen a la constituyente. Los empresarios venezolanos que especulan con la comida del pueblo, las hordas de jóvenes desclasados y bien pertrechados que queman a chavistas, los intelectuales orgánicos, los que callan, los que otorgan, los paraperiodistas que no paran de disparar a las audiencias europeas. Todos sienten que se les acaba el tiempo para torcer el brazo a la revolución bolivariana.

Hay muchos y distintos tipos de miedos que atraviesan el ámbito de la política. El miedo a un proceso constituyente es parecido al miedo que históricamente ha aterrorizado a las oligarquías cuando avizoran una posibilidad revolucionaria por pequeña que esta sea. A veces, es un miedo irracional pues hay pueblos sumisos y doblados por el talón de hierro capitalista que no guardan rescoldo alguno de rebelión. Pero eso no importa ni al orondo y clásico burgués, ni al joven tiburón especulador. Si hay una remota posibilidad de que ese pueblo despierte ahí estarán, la amenaza terrorista, las leyes mordaza, el caos tercermundista y la crisis económica que todo lo explica. El miedo de las élites europeas a los procesos constituyentes tiene mucho de terapia preventiva, es un “por si acaso mejor prevenir que curar”.

El miedo del imperialismo estadounidense es otro tipo de miedo. Es el histórico miedo del esclavista a que los esclavos dejen de cultivar la tierra y se liberen, es el miedo del colono a un ataque de los indios sobrevivientes. Es el miedo a que los asesinados, los desaparecidos, los torturados y los saqueados latinoamericanos reclamen justicia. A que el retrato del imperialista salga a la luz y se vea nítidamente y sin máscara su democracia realmente existente. Donal Trump y antes Barak Obama temen que América Latina deje de ser un patio trasero donde hacer ricos negocios que oxigenen la economía estadounidense. 

El miedo español es un miedo neofranquista y tiene su origen en una Constitución sin Asamblea Constituyente. La historia de nuestra Constitución es la historia de un apaño, de una componenda entre las élites franquistas y las nuevas élites socialistas y nacionalistas, ambas conectadas por finos hilos geoestratégicos a los intereses estadounidenses.

No hubo pueblo español, ni vasco, ni catalán, ni siquiera franquista que participara en la elaboración de la Constitución española de 1978. Las elecciones del 15 de abril de 1977 no fueron para elegir a una cámara constituyente que elaborara ninguna constitución. Fue la Ley de Reforma Política (15 diciembre de 1976), aprobada por las Cortes Franquistas la que sentaba las bases para elegir a unos parlamentarios que a su vez designaran una Comisión de Asuntos Constitucionales compuesta por sólo 7 miembros repartidos entre comisionados de probado curriculum franquista como el ministro de Información y turismo Manuel Fraga Iribarne o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, letrado del Consejo de Estado y Secretario General técnico del ministerio de Justicia; y comisionados vinculados al emergente y ambicioso PSOE como el abogado Gregorio Peces-Barba o Jordi Solé Turá. Después, sólo después de que la lápida del consenso enterrara la esperanza de recuperar la democracia republicana se hizo un referéndum legitimador.

Para la reforma constitucional del 2011 tampoco hubo necesidad de preguntar al pueblo, y eso que el artículo a reformar, el 135, era nada menos que aquel que obliga a cualquier gobierno, sea del signo que sea, a priorizar el pago de la deuda antes que cualquier otro gasto del Estado, primero la bolsa y luego la vida. Quince días para maniatar al próximo gobierno y ni siquiera un referéndum de ratificación ¿Por qué había de opinar el pueblo si ya opinan sus representantes? ¿Por qué preguntar si las respuestas venían dadas desde la troika europea

¿A qué se debe que las Constituciones den tanto miedo y los procesos constituyentes mucho más?

La Constitución es la regla básica que fundamenta y ampara el sistema jurídico de un país así como el funcionamiento de las instituciones y poderes de un Estado. Se suele decir que es la ley de leyes. Las constituciones establecen los marcos jurídicos pero a su vez éstos implican una redefinición del Estado y de la fuente de la soberanía. Cuando son el resultado de procesos constituyentes suponen la incorporación de los ciudadanos a la discusión, elaboración y ratificación de la constitución, caso que se dio en Venezuela en 1999; estamos hablando de procesos en los que hay una ratificación popular del contrato social en la que los ciudadanos establecen y aprueban los instrumentos concretos para el ejercicio del poder del Estado y sus instituciones. Es algo así como si los ciudadanos participaran en la elaboración de los instrumentos que puede utilizar el Estado para gobernar y al mismo tiempo dijeran qué herramientas no pueden ser utilizadas. 

Las constituciones otorgan poder al Estado pero también limitan el ejercicio de ese poder.

Las clases populares, siendo la fuente de poder en el proceso Venezolano, se convirtieron también en 1999 en fuente de derecho pues no se limitaron solo a votar una constitución previamente elaborada por juristas o comisionados no electos, sino que participaron activamente en la elección de los encargados de elaborar el articulado de la Constitución y también en discutir y debatir sobre las propuestas que éstos realizaban.

Cada Constitución, dice el constitucionalista Roberto Gargarella, trata de responder a uno o varios problemas, o lo que es igual, trata de remediar algún mal; nos dice: “las Constituciones nacen habitualmente en momentos de crisis, con el objeto de resolver algún drama político-social fundamental”1
 

La Constitución de 1999 en Venezuela vino a resolver tres problemas básicos: la incorporación de los sectores populares a las tareas de gobierno, es decir, convertir a estos sectores en sujetos políticos protagónicos, en segundo lugar, recuperar la soberanía sobre los recursos naturales (especialmente el petróleo), y en tercer lugar, resolver el drama de la desigualdad social.

La movilización social, el cambio de correlación de fuerzas y la acumulación de poder social fueron el punto de partida de las nuevas Constituciones latinoamericanas tanto en Venezuela como en Ecuador o en Bolivia; y también la crisis del modelo de acumulación capitalista en estos paises.

Pero esa recuperación de la soberanía popular que significó la Constitución de 1999 sólo podía estabilizarse con la mejora de las condiciones de vida al tiempo que se desarrollaba una cultura política de participación real y efectiva. Ambos procesos, mejora económica y participación política, son los que han dado y dan legitimidad al gobierno bolivariano. Son las bases del poder popular que derrocó al golpe contra el gobierno bolivariano en el 2002.

Dieciocho años después de esa Constitución, ha habido 24 procesos electorales, se ha avanzado en casi todos los indicadores sociales (educación, desarrollo, vivienda, salud…), como demuestran los datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas. Pero el contexto nacional e internacional han cambiado. A pesar del avance en cultura democrática y participación –o precisamente por ello-, el gobierno de Nicolás Maduro perdió la mayoría de la Asamblea Nacional que ahora se encuentra en manos de la llamada “oposición venezolana” –un conglomerado de más de 20 partidos unidos sólo por el odio al gobierno bolivariano2, una Asamblea que además sesiona en desacato. La llamada oposición y las oligarquías empresariales han emprendido una hoja de ruta que, como en la Chile de Allende, trata de reventar la economía (inflación inducida, embargo comercial encubierto, bloqueo financiero internacional), someter por hambre a las clases populares (boicot en el suministro de bienes de primera necesidad, desabastecimiento programado), bloquear las instituciones, tomar las calles con la violencia extrema, crear un gobierno paralelo y finalmente, si no se derroca al gobierno bolivariano ni se quiebra al ejército bolivariano, habrá creado las mejores condiciones para una intervención humanitariamente armada. 

Tal vez no a través de la IV Flota estadounidense próxima a las costas venezolanas, pero como declaró hace apenas unos días Michael Richard Pompeo, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), se trabaja con los gobiernos de Colombia y México para evaluar las maniobras necesarias para lograr un cambio de gobierno en Venezuela3

Internacionalmente la región latinoamericana ha sufrido un retroceso provocado por la derrota del gobierno progresista de Cristina Kirstchner, los golpes parlamentarios en Brasil (2016) y Paraguay (2012), precedidos por los Golpes de Estado de Haití (2004) y Honduras (2009). La integración regional se ha ralentizado por los Estados más afines a Estados Unidos, como Colombia o México. La OEA (Organización de Estados Americanos) vuelve a ser esa organización internacional instrumentalizada por el imperio contra los gobiernos latinoamericanos díscolos. 

También a escala global el imperio estadounidense y sus aliados tienen sobre sus cabezas la espada de Damocles de una crisis económica que sólo resuelven aumentando la presión y la desposesión de sus poblaciones (saqueo de lo público, austeridad, recortes, precarización…). Llevar la guerra a cualquier parte del mundo donde haya algo que saquear, recuperar cuotas de influencia frente a Rusia o China y disciplinar a sus propias poblaciones, se hace urgente y necesario. Así, apoyar a las llamadas oposiciones, moderadas, armadas o de colores es la única política internacional realista para las necesidades imperiales.

Ante este nuevo contexto nacional e internacional, el Poder electoral venezolano, a propuesta del Presidente (de acuerdo con el artículo 348 de la Constitución) ha convocado elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio. No hay constitución que aguante tamaña embestida.

Cada venezolano podrá votar una vez territorialmente y una vez por el sector y subsector que le corresponda. Los comisionados electos tendrán que reformar la Constitución de 1999 para tratar de resolver esta vez los siguientes graves y nuevos problemas que se resumen en 9 temas propuestos para la reforma: 1) Constitucionalizar las Misiones (salud, vivienda, educación…) creando un sistema público que garantice por ley los avances sociales, 2) dotar de instrumentos más eficaces para defender la soberanía nacional y el rechazo al intervencionismo, 3) constitucionalizar las comunas y consejos comunales para hacer de la participación un requisito democrático, 4) crear instrumentos jurídicos y penitenciarios para luchar contra la impunidad, el terrorismo y el narcotráfico, 5) caminar hacia un sistema económico menos dependiente del petróleo, 6) luchar contra el cambio climático y el calentamiento global, 7) favorecer los procesos de paz, reafirmar la justicia y aislamiento de los violentos, 8) Desarrollar los derechos y deberes sociales, 9) una nueva espiritualidad cultural y venezolanidad, garantizar el carácter pluricultural y la identidad cultural.

El miedo a la constituyente venezolana se ha convertido en pánico en las pantallas. Los paraperiodistas dan diariamente el parte de guerra: 80, 90, 100 muertos, 20,30, 40 heridos. ¿Quiénes eran, a manos de quién, estaban en la manifestación?,-detalles irrelevantes-; huelga general, 70%, 90% de seguimiento –¿quién da esas cifras, están comprobadas? –detalle irrelevante-; nueva manifestación que es reprimida violentamente; ¿por qué es reprimida, en qué consiste la represión de la policía si solo vemos manifestantes tapados que arrojan cócteles y disparan morteros? – detalles irrelevantes. Qué extraña “dictadura” la venezolana donde los periodistas nacionales e internacionales campan a sus anchas por las calles grabando la “represión policial”. Paraperiodistas que solo beben de las fuentes de la oposición, que no desaprovechan la oportunidad de disfrazarse de reporteros de guerra, que nunca entrevistan al pueblo bolivariano, que repiten cual papagayos las consignas de la llamada “oposición”.

Todo vale en la propaganda de guerra, quien paga manda. El paraperiodista está siempre del lado correcto, el del empresario, el del gobierno si es un medio nacional, como televisión española, y si el gobierno español se ha pronunciado declarando enemigo al gobierno venezolano, pues ellos están ahí sirviendo a la patria.

Los paraperiodistas españoles tienen un serio entrenamiento: descubrieron armas de destrucción masiva en Iraq, nos convencieron de que para quitar el burka a las afganas había que facilitar a USA la intervención, justificaron el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia, el asesinato de Gadafi, el golpe de Estado del 2002 en Venezuela, han apoyado a la más que moderada, moderadísima oposición siria, en fin, una probada fidelidad a las Agencias de información y a las orientaciones imperiales. Lástima que según un informe de la Universidad de Oxford de 2015, de los 11 países consultados en Europa, los medios de comunicación españoles son los menos creíbles y los segundos menos creíbles de los 12 países estudiados a nivel mundial.

Sin embargo, hay quienes no temen a la Constituyente venezolana, es más, hay quienes la defienden incluso a riesgo de su vida. Es el pueblo venezolano, son las clases populares que no se han dejado engañar ni amedrentar. Es el pueblo que rinde homenaje a la memoria de su comandante que les colocó en la historia. Son los que recibieron educación, libros gratis, vivienda, salud,… No temen a la constituyente los líderes barriales, los obreros, los dirigentes, miles de venezolanos que se postulan para servir a su pueblo.

Nadie que conozca la historia reciente de Venezuela, nadie que conozca los planes imperiales, nadie que haya soñado alguna vez con que en su país le hubieran dejado participar en un proceso constituyente, puede temer a la Constituyente venezolana.


* Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

Notas:


1 Gargarela R., El nuevo constitucionalismo latinoamericano: Promesas e interrogantes; CONICET/CMI

2 Composición de la Oposición Venezolana, MUD, compuesta por 19 partidos, originariamente por 31

3 CIA, Colombia y México quieren derrocar a Maduro: canciller de Venezuela, http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/cia-colombia-y-mexico-quieren-derrocar-maduro-canciller-de-venezuela-articulo-704678.

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Polonia da un paso más en apoyo del fascismo: se prohiben los símbolos de los que lo derrotaron en la SGM, los comunistas

La Unión Europea sigue apoyando y fomentando las políticas profascistas en sus países miembros; el nuevo paso ha sido la prohibición de posesión, venta y exhibición pública de los símbolos de los que derrotaron al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Aquella derrota, que doliera tanto a los explotadores de todo el mundo, en especial a los de los países liberados, como Polonia, sigue torturando y provocando pesadillas a los que saquearon a la clase trabajadora después de la restauración capitalista.

Bajo iniciativa del ultraderechista gobierno polaco, comandado por su presidente Lech Kaczynski, se

pretende borrar todo lo que recuerde a los parásitos polacos los tiempos en que fueron despojados del poder o, al menos, en los que tuvieron que fingir ser comunistas para disfrutar de algunos privilegios. Por eso, la hoz y el martillo, la bandera roja, incluso la imagen del Ché, se intentarán invisibilizar para borrar el pasado, que tanto atormenta a las sanguijuelas capitalistas y a sus abducidos.

La ley permite el uso de estos símbolos con fines artísticos, educativos o de investigación, también los coleccionistas están exentos de la normativa. Bruselas, !cómo no!, no ha abierto la boca ante semejante decisión antidemocrática, pues a Europa le interesa la democracia solamente cuando beneficia a los bolsillos y los intereses de los fascistas que la gobiernan (política y económicamente).

Los defensores de la ley afirman que también los símbolos fascistas están prohibidos, aunque, igualar al engendro surgido del capitalismo, enemigo de los valores humanos, con su verdugo, el socialismo, cuyo objetivo es acabar con toda explotación (más allá de los errores de aplicación), es solo una estrategia para descriminalizar al fascismo, criminalizando a su antítesis.

Como afirmaba el escritor alemán Thomas Mann: «Colocar en el mismo plano moral el comunismo ruso y el nazifascismo, en la medida en que ambos serían totalitarios, en el mejor de los casos es una superficialidad; en el peor es fascismo. Quien insiste en esta equiparación puede considerarse un demócrata, pero en verdad y en el fondo de su corazón es en realidad ya un fascista, y desde luego sólo combatirá el fascismo de manera aparente e hipócrita, mientras deja todo su odio para el comunismo».

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Polonia da un paso más en apoyo del fascismo: se prohiben los símbolos de los que lo derrotaron en la SGM, los comunistas

La Unión Europea sigue apoyando y fomentando las políticas profascistas en sus países miembros; el nuevo paso ha sido la prohibición de posesión, venta y exhibición pública de los símbolos de los que derrotaron al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Aquella derrota, que doliera tanto a los explotadores de todo el mundo, en especial a los de los países liberados, como Polonia, sigue torturando y provocando pesadillas a los que saquearon a la clase trabajadora después de la restauración capitalista.

Bajo iniciativa del ultraderechista gobierno polaco, comandado por su presidente Lech Kaczynski, se

pretende borrar todo lo que recuerde a los parásitos polacos los tiempos en que fueron despojados del poder o, al menos, en los que tuvieron que fingir ser comunistas para disfrutar de algunos privilegios. Por eso, la hoz y el martillo, la bandera roja, incluso la imagen del Ché, se intentarán invisibilizar para borrar el pasado, que tanto atormenta a las sanguijuelas capitalistas y a sus abducidos.

La ley permite el uso de estos símbolos con fines artísticos, educativos o de investigación, también los coleccionistas están exentos de la normativa. Bruselas, !cómo no!, no ha abierto la boca ante semejante decisión antidemocrática, pues a Europa le interesa la democracia solamente cuando beneficia a los bolsillos y los intereses de los fascistas que la gobiernan (política y económicamente).

Los defensores de la ley afirman que también los símbolos fascistas están prohibidos, aunque, igualar al engendro surgido del capitalismo, enemigo de los valores humanos, con su verdugo, el socialismo, cuyo objetivo es acabar con toda explotación (más allá de los errores de aplicación), es solo una estrategia para descriminalizar al fascismo, criminalizando a su antítesis.

Como afirmaba el escritor alemán Thomas Mann: «Colocar en el mismo plano moral el comunismo ruso y el nazifascismo, en la medida en que ambos serían totalitarios, en el mejor de los casos es una superficialidad; en el peor es fascismo. Quien insiste en esta equiparación puede considerarse un demócrata, pero en verdad y en el fondo de su corazón es en realidad ya un fascista, y desde luego sólo combatirá el fascismo de manera aparente e hipócrita, mientras deja todo su odio para el comunismo».

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Rumania y Hungría prohiben repostar a un avión civil ruso porque uno de los pasajeros era el viceprimer ministro Dimitri Rogozin

El gobierno rumano ha prohibido aterrizar para repostar combustible a un avión civil ruso que se dirigía a Chisinau (República Moldova) porque entre los pasajeros se encontraba el viceprimer ministro Dimitri Rogozin, que se encuentra en la lista de autoridades rusas sancionadas por la Unión Europea.

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Rogozin, viceprimer ministro ruso, y Dodon, presidente de República Moldova
El avión realizaba el trayecto Moscú-Chisinau, y había sobrevolado Bielorrusia y Polonia porque el fascismo ucraniano ha amenazado a todas las autoridades rusas si “osan” sobrevolar su territorio. El pasaje era de 165 personas y, ante la falta de combustible, el piloto pidió permiso para aterrizar en territorio rumano con el fin de repostar.

El Ministerio de Exteriores rumano negó el permiso al avión ruso, recordándole la restricción de sobrevolar sobre su territorio (lo que es una mentira descarada, porque no existe la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo de la U.E. para los sancionados, y mucho menos a un avión civil y todos sus pasajeros porque entre ellos se haye un miembro de la lista de sancionados, y en todo caso se trata de negar que este desembarque en un país de la Unión). En todo caso, la arbitraria negativa de las autoridades rumanas obligó al avión a dar la vuelta y aterrizar en el aeropuerto bielorruso de Minsk, puesto que Hungría tampoco le dio el permiso para repostar combustible.

El viceministro ruso declaró que “Las autoridades rumanas han puesto en peligro la vida de los pasajeros hallados a bordo del vuelo S7, mujeres y niños. El combustible ha sido escasamente suficiente hasta Minsk. Esperad una respuesta, desgraciados ”.

Rogozin, vetado por la UE por motivos relacionados con el apoyo de Bruselas al gobierno fascista ucraniano, se dirigía a Moldavia para reunirse con el presidente de República Moldova, Igor Dodon, país sobre el que Rumania todavía tiene aspiraciones de anexión (en base a la ideología de tinte fascistoide fomentada por las autoridades rumanas  tras el golpe de estado capitalista de 1989 y que pretende recuperar la Gran Rumania que se creara entre las dos guerras mundiales, incluyendo a la Moldavia independiente).

En la capital moldava, Rogozin tenía previsto participar en los actos que conmemoran el 25 aniversario de la misión de paz rusa en Transnistria, región de mayoría rusa que declaró su independencia en 1992 ante los planes  de Washington y Bucarest de unir la antigua República Soviética a Rumania. Los transnistrios vencieron al ejército norteamericano, moldavo y rumano en una rápida guerra (1992-1993) con el apoyo del 14º Ejército Ruso (que aún se mantenía en toda la República Socialista de Moldavia), a pesar de la negativa de Yeltsin, presidente de Rusia entonces, a intervenir. Desde entonces, el 14º Ejército Ruso permanece en Transnistria como fuerza de Paz, en realidad para evitar cualquier intento de volver a atacar el país por parte del gobierno moldavo, la U.E. o Estados Unidos.

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Fuerzas de interposición rusas en Bender, Transnistria
El viceministro ruso de Exteriores, Grigori Karasin, ha declarado que Rusia espera que Rumanía “explique detalladamente (lo sucedido) y los culpables sean castigados”. Karasin expresó su indignación por la situación en la que “primero aprueban el vuelo y luego exigen que el avión con unos 160 pasajeros a bordo dé  la vuelta y cierran el espacio aéreo”. “Calificamos esta acción, ni más ni menos, como un gesto antirruso”, expresó. Por otro lado, Dimitri Rogozin ha exigido al gobierno ruso represalias diplomáticas.
Igor Dodon, presidente de República Moldova, ha lamentado la actitud de Rumania y el haber puesto en peligro a los ciudadanos rusos y moldavos que viajaban en el avión. Después de arrasar en las últimas elecciones presidenciales, el presidente moldavo tiene un enfrentamiento continuo con el gobierno de Chisinau, de mayoría proeuropea, que ha intentado también obstaculizar que las delegaciones rusas en visita a Tiraspol, capital de Transnistria, aterrizaran en el aeropuerto de la ciudad.
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Rumania y Hungría prohiben repostar a un avión civil ruso porque uno de los pasajeros era el viceprimer ministro Dimitri Rogozin

El gobierno rumano ha prohibido aterrizar para repostar combustible a un avión civil ruso que se dirigía a Chisinau (República Moldova) porque entre los pasajeros se encontraba el viceprimer ministro Dimitri Rogozin, que se encuentra en la lista de autoridades rusas sancionadas por la Unión Europea.

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Rogozin, viceprimer ministro ruso, y Dodon, presidente de República Moldova
El avión realizaba el trayecto Moscú-Chisinau, y había sobrevolado Bielorrusia y Polonia porque el fascismo ucraniano ha amenazado a todas las autoridades rusas si “osan” sobrevolar su territorio. El pasaje era de 165 personas y, ante la falta de combustible, el piloto pidió permiso para aterrizar en territorio rumano con el fin de repostar.

El Ministerio de Exteriores rumano negó el permiso al avión ruso, recordándole la restricción de sobrevolar sobre su territorio (lo que es una mentira descarada, porque no existe la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo de la U.E. para los sancionados, y mucho menos a un avión civil y todos sus pasajeros porque entre ellos se haye un miembro de la lista de sancionados, y en todo caso se trata de negar que este desembarque en un país de la Unión). En todo caso, la arbitraria negativa de las autoridades rumanas obligó al avión a dar la vuelta y aterrizar en el aeropuerto bielorruso de Minsk, puesto que Hungría tampoco le dio el permiso para repostar combustible.

El viceministro ruso declaró que “Las autoridades rumanas han puesto en peligro la vida de los pasajeros hallados a bordo del vuelo S7, mujeres y niños. El combustible ha sido escasamente suficiente hasta Minsk. Esperad una respuesta, desgraciados ”.

Rogozin, vetado por la UE por motivos relacionados con el apoyo de Bruselas al gobierno fascista ucraniano, se dirigía a Moldavia para reunirse con el presidente de República Moldova, Igor Dodon, país sobre el que Rumania todavía tiene aspiraciones de anexión (en base a la ideología de tinte fascistoide fomentada por las autoridades rumanas  tras el golpe de estado capitalista de 1989 y que pretende recuperar la Gran Rumania que se creara entre las dos guerras mundiales, incluyendo a la Moldavia independiente).

En la capital moldava, Rogozin tenía previsto participar en los actos que conmemoran el 25 aniversario de la misión de paz rusa en Transnistria, región de mayoría rusa que declaró su independencia en 1992 ante los planes  de Washington y Bucarest de unir la antigua República Soviética a Rumania. Los transnistrios vencieron al ejército norteamericano, moldavo y rumano en una rápida guerra (1992-1993) con el apoyo del 14º Ejército Ruso (que aún se mantenía en toda la República Socialista de Moldavia), a pesar de la negativa de Yeltsin, presidente de Rusia entonces, a intervenir. Desde entonces, el 14º Ejército Ruso permanece en Transnistria como fuerza de Paz, en realidad para evitar cualquier intento de volver a atacar el país por parte del gobierno moldavo, la U.E. o Estados Unidos.

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Fuerzas de interposición rusas en Bender, Transnistria
El viceministro ruso de Exteriores, Grigori Karasin, ha declarado que Rusia espera que Rumanía “explique detalladamente (lo sucedido) y los culpables sean castigados”. Karasin expresó su indignación por la situación en la que “primero aprueban el vuelo y luego exigen que el avión con unos 160 pasajeros a bordo dé  la vuelta y cierran el espacio aéreo”. “Calificamos esta acción, ni más ni menos, como un gesto antirruso”, expresó. Por otro lado, Dimitri Rogozin ha exigido al gobierno ruso represalias diplomáticas.
Igor Dodon, presidente de República Moldova, ha lamentado la actitud de Rumania y el haber puesto en peligro a los ciudadanos rusos y moldavos que viajaban en el avión. Después de arrasar en las últimas elecciones presidenciales, el presidente moldavo tiene un enfrentamiento continuo con el gobierno de Chisinau, de mayoría proeuropea, que ha intentado también obstaculizar que las delegaciones rusas en visita a Tiraspol, capital de Transnistria, aterrizaran en el aeropuerto de la ciudad.
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